Niños
de hasta 2 años, mayores de 65 y convivientes hacinados, los más
vulnerables.
La meningitis -inflamación de las meninges, membranas que recubren
el sistema nervioso central producida por bacterias- presenta síntomas
muy parecidos a los de una gripe, pero representa siempre una emergencia
infectológica. Sin embargo hay indicios que permiten distinguirla,
y formas de prevenirla.
Cuando
se habla del gran peligro de la meningitis, se habla de meningitis bacterianas,
que pueden ser causadas por neumococo o por meningococo. Ambas tienen
más de un serotipo. Contra ellas hay vacunas que, según
explica el infectólogo Eduardo López, jefe del departamento
de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos
Aires, alcanzan "entre un 50 y un 90 por ciento de efectividad según
la vacuna". Lo que no hay es una vacuna que sirva para prevenir todas
las meningitis bacterianas. Y las existentes no están contempladas
tampoco en el Calendario Nacional de Vacunación.
Meningitis
por neumococo
Según
López, se producen en el país alrededor de 400 casos anuales,
y se supone que existe un 30% más que no son reportados. Con tales
cifras, dice, "se puede hablar de brote, pero no de epidemia".
La
infección por neumococo, bacteria que vive prácticamente
en todo el mundo, con preferencia por los climas templados como el nuestro
o fríos, es más frecuente en invierno, indica la doctora
Noemí Rivas, jefa de la unidad de Enfermedades Infecciosas del
Hospital Gutiérrez y miembro de la Comisión Directiva de
la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
Hay
vacunas antineumocóccicas para grandes y para chicos, explica.
Para los chicos son las vacunas conjugadas: una provee defensa contra
5 serotipos y otra contra 7, y se aplican en 3 dosis a partir de los 2
meses de edad. Las vacunas para adultos, de costo menor, proveen defensa
contra 23 serotipos y se dan en una dosis. Se la aconseja a los mayores
de 65 años.
Por
meningococo y otras
La
meningitis por meningococo "es una enfermedad con una alta tasa de
mortalidad, que oscila entre el 20 y el 30%", remarca el doctor López.
La
doctora Rivas señala que contra el meningococo, que genera casos
aislados pero "no brotes, en la Argentina, al menos desde hace unos
5 años", existen varias vacunas. Todas para diferentes serotipos
bacterianos, explica, pero "ninguna se aplica de manera universal,
ni se recomienda rutinariamente, salvo en casos particulares de personas
con inmunodepresiones".
¿Cómo
es el contagio, si son casos tan aislados? Simplemente, la bacteria puede
habitar en las fauces o en las vías respiratorias de una persona
sin que esté enferma, y luego pasar a otra persona que sí
se enferma, explicó la infectóloga.
Otra
de las causas de meningitis bacteriana es la bacteria Haemophillus influenzae
tipo B. La vacuna que previene la infección por ella sí
está incluida en el Calendario Nacional, dentro de la llamada Cuádruple,
que se da a los bebés a los 2, 4 y 8 meses de edad y al año
y medio de vida.
Los
más vulnerables a las meningitis bacterianas, señala la
doctora Rivas, son los niños hasta los 4 años de vida, las
personas que viven en lugares hacinados (cuarteles, hogares geriátricos,
cárceles), los mayores de 65 años y las personas con alguna
enfermedad de base que afecte al sistema inmunológico.
Meningoencefalitis
viral
Los
cuadros más frecuentes de infección meníngea en chicos,
sin embargo -y afortunadamente, podría decirse, dado que son de
pronóstico mucho más favorable- son las meningoencefalitis
que, a diferencia de las infecciones antes vistas, son causadas por virus.
Contra este problema no existen vacunas de ningún tipo.
Los
enterovirus, que circulan fundamentalmente en primavera y verano, son
causantes del 90% de las meningoencefalitis virales, al igual que el llamado
virus de San Luis. "Las paperas pueden desencadenar una meningitis
en algunos casos, que se pueden prevenir dando la vacuna para las paperas",
señala el doctor López.
Cómo
reconocerla
La
meningitis se presenta con fiebre muy alta, dolor de cabeza, irritabilidad,
convulsiones, fotofobia (dificultad para soportar la luz) y vómitos.
"En algunos casos suelen provocar en los niños unas lesiones
en la piel, de color entre rosado y rojo vinoso", agrega López.
Esas manchas cuando son pequeñas parecen ronchas o picaduras, pero
pueden agrandarse y tomar la apariencia de moretones. "Es signo de
un cuadro muy grave", advierte Rivas.
Parace
una gripe pero no duelen las articulaciones ni los músculos.
Otra
particularidad son los vómitos "en chorro", sin arcada.
Y el cambio repentino de estado de ánimo: soñolientos o
muy excitables.
En
el bebé, explica Rivas, "la mamá lo siente diferente,
no es como las otras veces que se resfrió". Llora ininterrumpidamente
y no se alimenta.
Cuanto
antes se diagnostique y se trate, mejor se pueden prevenir las complicaciones
y, evitar un desenlace fatal.
Lo
que no debe hacerse nunca es automedicar con antibióticos: en caso
de que el cuadro sea viral no servirán de nada, y si es bacteriano
puede afectar el diagnóstico y el tratamiento.
Para
el diagnóstico se hace una punción lumbar para examinar
el líquido cefalorraquídeo que está en contacto con
las meninges.
Fuente: Rio Negro.com.ar |