El
Primer Triunvirato pactó un armisticio con Francisco Javier de
Elío, donde le entregaba todo el territorio oriental, mientras
éste se comprometía a levantar el bloqueo naval a Buenos
Aires.
Juan José Paso, Manuel de Sarratea y otros representantes del gobierno
porteño se reunieron con la Primera Asamblea del Pueblo Oriental,
en la Panadería de Vidal, para explicar o justificar su decisión,
atenuando la estocada con promesas de que no habría represalias
contra los revolucionarios. La propuesta fue rechazada de plano; los orientales
continuarían la lucha por sus medios.
José Julián Pérez, fue quien representó al
Triunvirato en las negociaciones con Francisco Javier de Elio, y quien
se reunió en la chacra “La Paraguaya”, el 10 de Octubre
con la Asamblea oriental para prometerles toda clase de ayuda, sin obtener
el resultado deseado. Los orientales mantendrían el sitio, prescindiendo
del apoyo porteño, siguiendo a Artigas, que para ese entonces fue
nombrado Teniente Gobernador Justicia Mayor y Capitán del Departamento
de Yapeyú.
El 14 de Octubre de 1811 Rondeau levantó el sitio y llevó
sus tropas a Colonia. El 20 del mismo mes, finalmente, se celebró
el armisticio. Artigas anunció su decisión de acatar la
medida, para no romper su promesa de mantenerse leal a Buenos Aires, pero
ese mismo día inició la retirada.
Tres días después, se reunieron los protagonistas del sitio,
y Don Gervasio ratificó su decisión de respetar las órdenes
porteñas.
El pueblo uruguayo, por propia iniciativa decidió seguirlo, consagrado
ya como Jefe de los orientales.
No era idea de Artigas arrastrar una multitud que retrasara su marcha,
ni que entorpeciera su manejo militar de la situación, pero tampoco
podía impedir que esa caravana de renunciantes lo siguieran, dejando
atrás sus casas y tierras. Así comenzó la “Redota”,
vocablo que se refiere a una deformación idiomática de lo
que sería “la derrota”, también puede relacionarse
con el “derrotero” del pueblo uruguayo, buscando su independencia,
que marcó una diferencia moral con sus vecinos platenses.
Lo que comenzó siendo la marcha de 3.000 soldados leales a su Jefe,
se convirtió en una fila interminable de bueyes tirando de carretas,
hombres y mujeres caminando agotadoras jornadas, rodeados de chicos alborotados
y negros esclavos cargando sus enseres. Atrás quedaban los restos
de sus pertenencias para el saqueo portugués.
Ante la abrumadora columna que seguía a los soldados, y que se
perdía en la distancia, Artigas ordenó hacer un censo. En
el mismo se contabilizaron un total de 4.435 personas y 846 carruajes,
pero casi todos los historiadores coinciden que el número real
era mayor, porque esas cifras fueron las del comienzo, sin contar los
“que iban llegando”.
Muy
posiblemente, los integrantes del éxodo oriental hayan sumado más
de 16.000 personas, de todas las clases sociales y condiciones económicas.
Familias de la sociedad, propietarios de campos y esclavos, comerciantes
y desposeídos; indios, negros libertos y criollos, conformaban
la larga caravana que seguía a Artigas, para asentarse a orillas
del Ayuí, en Entre Ríos, esperando el momento de volver
a sus hogares.
La Redota es el momento más dramático de la historia del
vecino país y el nacimiento de la uruguayanidad como sentimiento
nacional, que aún debería esperar 30 años para germinar
como nación independiente.
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