Hablemos de Historia
 
- Artigas y los argentinos XVII
Por Omar López Mato

Aún sonaba en el viento el eco del Grito de Asencio, con el que Pedro Viera y Venancio Benavides apoyaron en el arroyo del mismo nombre, al gobierno porteño, cuando Buenos Aires decidió entregar como moneda de cambio la Banda Oriental a los españoles, para poder disponer de milicias y destinarlas a la malograda campaña del Alto Perú.

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El Primer Triunvirato pactó un armisticio con Francisco Javier de Elío, donde le entregaba todo el territorio oriental, mientras éste se comprometía a levantar el bloqueo naval a Buenos Aires.

Juan José Paso, Manuel de Sarratea y otros representantes del gobierno porteño se reunieron con la Primera Asamblea del Pueblo Oriental, en la Panadería de Vidal, para explicar o justificar su decisión, atenuando la estocada con promesas de que no habría represalias contra los revolucionarios. La propuesta fue rechazada de plano; los orientales continuarían la lucha por sus medios.

José Julián Pérez, fue quien representó al Triunvirato en las negociaciones con Francisco Javier de Elio, y quien se reunió en la chacra “La Paraguaya”, el 10 de Octubre con la Asamblea oriental para prometerles toda clase de ayuda, sin obtener el resultado deseado. Los orientales mantendrían el sitio, prescindiendo del apoyo porteño, siguiendo a Artigas, que para ese entonces fue nombrado Teniente Gobernador Justicia Mayor y Capitán del Departamento de Yapeyú.

El 14 de Octubre de 1811 Rondeau levantó el sitio y llevó sus tropas a Colonia. El 20 del mismo mes, finalmente, se celebró el armisticio. Artigas anunció su decisión de acatar la medida, para no romper su promesa de mantenerse leal a Buenos Aires, pero ese mismo día inició la retirada.

Tres días después, se reunieron los protagonistas del sitio, y Don Gervasio ratificó su decisión de respetar las órdenes porteñas.

El pueblo uruguayo, por propia iniciativa decidió seguirlo, consagrado ya como Jefe de los orientales.

No era idea de Artigas arrastrar una multitud que retrasara su marcha, ni que entorpeciera su manejo militar de la situación, pero tampoco podía impedir que esa caravana de renunciantes lo siguieran, dejando atrás sus casas y tierras. Así comenzó la “Redota”, vocablo que se refiere a una deformación idiomática de lo que sería “la derrota”, también puede relacionarse con el “derrotero” del pueblo uruguayo, buscando su independencia, que marcó una diferencia moral con sus vecinos platenses.

Lo que comenzó siendo la marcha de 3.000 soldados leales a su Jefe, se convirtió en una fila interminable de bueyes tirando de carretas, hombres y mujeres caminando agotadoras jornadas, rodeados de chicos alborotados y negros esclavos cargando sus enseres. Atrás quedaban los restos de sus pertenencias para el saqueo portugués.

Ante la abrumadora columna que seguía a los soldados, y que se perdía en la distancia, Artigas ordenó hacer un censo. En el mismo se contabilizaron un total de 4.435 personas y 846 carruajes, pero casi todos los historiadores coinciden que el número real era mayor, porque esas cifras fueron las del comienzo, sin contar los “que iban llegando”.

Muy posiblemente, los integrantes del éxodo oriental hayan sumado más de 16.000 personas, de todas las clases sociales y condiciones económicas. Familias de la sociedad, propietarios de campos y esclavos, comerciantes y desposeídos; indios, negros libertos y criollos, conformaban la larga caravana que seguía a Artigas, para asentarse a orillas del Ayuí, en Entre Ríos, esperando el momento de volver a sus hogares.

La Redota es el momento más dramático de la historia del vecino país y el nacimiento de la uruguayanidad como sentimiento nacional, que aún debería esperar 30 años para germinar como nación independiente.

 
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Gentileza de www.olmoediciones.com para NOTIAR
 
 
 
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