Hablemos de Historia
 
- Artigas y los argentinos - XXX
Por Omar López Mato

El 9 de Julio de 1814, Posadas firmó con los diputados artiguistas una declaración donde se restablecía el honor y buena reputación del ciudadano José Artigas “infamado por el decreto de Febrero del mismo año”.

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Artigas volvía a ser, de aquí en más, el comandante general de la campaña y recuperaba el mando de su regimiento de Blandengues. Posadas prometía llamar a una nueva elección de diputados para la Asamblea General Constituyente, y la Banda Oriental sería reconocida como parte integrante de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Una vez más Artigas reafirmaba su intención de conformar un proyecto de país más grande que el terruño por el que peleaba.

Alvear regresó a Buenos Aires convencido que “la fortuna me ha favorecido en todas mis empresas admirablemente”, y lo decía, dejando en claro que la humildad no era su fuerte. Se felicitaba de haber evitado una guerra prolongada y fastidiosa. Se despidió de sus soldados diciéndoles que además de “conquistadores” habían sido reconciliadores.

El 17 de agosto, Posadas le restituyó a Artigas el cargo de coronel de Blandengues, lo declaró buen servidor de la patria y lo puso al mando de la campaña oriental. El 25 del mismo mes, Artigas acusó recibo de los nombramientos, pero devolvió el cargo que lo ponía al frente de la campaña: “Jamás pensé ni quise ambicionar ni obtener rango alguno”. No necesitaba que Buenos Aires le concediera lo que él había ganado por mérito propio.

Todo parecía haber vuelto a la normalidad.

Sin embargo, no fue en la Banda Oriental donde se rompió el delicado equilibrio que mantenían las partes. Buenos Aires pretendió la devolución de los territorios mesopotámicos ocupados por Artigas y los suyos, a los que el Protector respondió que “no estaba autorizado a disponer de la suerte de un pueblo al cual yo no hecho más que favorecer con mi protección”. El clima se enrareció. Tropas porteñas tuvieron enfrentamientos con fuerzas artiguistas en zonas vecinas a Gualeguaychú. Estas dominaban la campaña, controlando el tránsito en las zonas bajo su dominio.

Artigas volvía a ser un problema para el proyecto centralista de los directoriales que no cejaban en su intento monárquico.

Antes de la caída de Montevideo, es decir el 25 de Mayo de 1814, Manuel Sarratea le envió a Fernando VII una carta. Este había entrado de incógnito a la península el 22 de marzo de ese año, favorecido por la capitulación de Napoleón en Fontainebleau. “El deseado” ni bien llegó a España rechazó la Constitución de 1812 a fin de reinstaurar una administración centralizada y jerárquica. La carta de marras era obsecuente y servil, en ella Sarratea se declaraba: “Vasallo de su Majestad y diputado de gobierno de Buenos Aires para la conciliación… imbuido de sentimientos de amor a su real persona”.

Continuaba esta melosa misiva con alguna otra frase rastrera como ser: “Si el cielo no hubiera permitido la ausencia de vuestra majestad, jamás se hubiera oído ni el eco de la insubordinación en aquellos países…” “No es extraño que aquellos pueblos, al verse acometidos cruelmente y sin oírlos, al nombre del Rey más amado y benigno que ha subido al trono de España de Vuestra Majestad a los que tan mal imitaban su paternal carácter y no lo es que, cuando se protegían en la Península doctrinas preñadas de anarquía, hallasen ocasión algunos espíritus turbulentos para hacerlas resonar en América”.

Según la perspectiva del ex triunviro, los revolucionarios de 1810 pasaban a ser victimas de la “gran confusión” sembrada por las Cortes españolas de ideología liberal, recientemente disueltas. Según Sarratea, los pobres criollos nunca habían tenido intención de abandonar a su amado Fernando, y si lo habían hecho era por torpeza ajena.

Si bien la justificación de la actitud revolucionaria fue ardua, más difícil (por no decir imposible) le resultó a Sarratea poder explicar ante la corte española la falta de honorabilidad en la actitud de Alvear, que Vigodet denunciaba a los cuatro vientos desde Río de Janeiro. El joven brigadier, después de dar largos circunloquios, justificaba su actitud diciendo que la capitulación no se había firmado y que Vigodet solo había presentado un borrador…

 
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Gentileza de www.olmoediciones.com para NOTIAR
 
 
 
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