Por
Matt Moffett
Cuando
el activista progobierno Luis D'Elía se cruzó con uno de
los manifestantes agrícolas antigobierno en una protesta en marzo,
tan sólo discutieron de política agraria durante unos segundos.
Entonces, mientras su rival apartaba la mirada, el corpulento D'Elía
le propinó un derechazo en la cabeza.
Ese
golpe a traición, registrado por las cámaras de TV y reproducido
miles de veces en YouTube, envió un mensaje claro: la presidenta
Cristina Kirchner tiene al activista político y peleador callejero
más famoso del país en su esquina.
D'Elía
es el líder de una de las mayores organizaciones de piqueteros
del país, grupos de ciudadanos desempleados que están listos
para unirse a las manifestaciones en el último minuto. Los
piqueteros han sido las fuerzas de choque de la presidenta Kirchner en
contra de los agricultores y sus aliados de clase media en una lucha de
cuatro meses sobre la decisión del gobierno de imponer un impopular
impuesto a la exportación de soya.
D'Elía
volverá a jugar un papel protagonista hoy, día en que Buenos
Aires se convierte en el escenario de manifestaciones por parte de los
agricultores y simpatizantes de Kirchner a favor y en contra del impuesto
a la soya. Las marchas representan un esfuerzo de último minuto
por influenciar la votación de mañana en el Senado, que
según se cree convertirá el impuesto en ley. El grupo de
D'Elía asegura representar a 120.000 personas en todo el país.
El
gobierno Kirchner otorga estipendios en efectivo a las familias de escasos
recursos y muchos piqueteros son beneficiarios. Algunos piqueteros también
se han beneficiado de programas gubernamentales como los de apoyo financiero
para viviendas de interés social.
Activistas
como D'Elía, de 51 años, interpretan un rol importante en
Argentina, donde la política se ha decidido en la calle, a veces
como un deporte de contacto, desde los días de Evita Perón
y sus multitudes de simpatizantes de clase obrera. En medio de una ola
de rabiosas protestas callejeras en 2001, el país tuvo a cinco
presidentes en tan sólo dos semanas. Una de las razones
por las que Kirchner parece mantenerse en el poder, al menos por ahora,
es gracias al apoyo de D'Elía y sus miles de tropas de los barrios
populares.
El
mes pasado D'Elía sugirió que la gente se alistara a defender
al gobierno de Kirchner ejerciendo su derecho constitucional de tomar
las armas. En una desmedida y obscena entrevista emitida por radio, D'Elía
gruñó: "Odio a los blancos… odio a las clases
altas de Argentina, que han hecho tanto daño, que han matado tanta
gente en nombre de una sola bandera, que es la bandera de tu propia ganancia".
Las
manifestaciones del martes representan un intento desesperado por cambiar
el voto de mañana. La legislación cambiaría el impuesto,
que ha estado fijo en 35%, para ajustarse a los precios internacionales,
los cuales han subido en los últimos años. Los activistas
agrícolas dicen que el impuesto, presentado en marzo, impone una
carga demasiado alta sobre ellos. El gobierno argumenta que los agricultores
están bien y que el Estado necesita más ingresos.
Imagen
golpeada
"Podrán
ganar esta batalla, pero los Kirchner están muy heridos",
dice Javier Corrales, politólogo de Amherst College. Él
señala que el gobierno ha perdido el apoyo de la clase media y
está enfrentando una rebelión de los gobernadores de las
provincias. La economía ha sido golpeada por las protestas, afectando
la imagen de Kirchner y su esposo, Néstor, el ex presidente y actual
líder del Partido Peronista. Esto podría hacer que el gobierno
dependa aún más de D'Elía, quien no niega que es
una figura polarizante. "Evita también fue amada y odiada",
dice. "En la parte norte de la ciudad (la más acaudalada),
en donde me odian, pintaban en los muros '¡Viva el Cáncer!'
cuando Evita estaba enferma".
El
sábado, mientras se preparaba para ir al cine con su esposa y su
hijo de 15 años, D'Elía no parecía el hombre duro
y pendenciero cuya sola presencia asusta a los manifestantes. "Es
re-tranquilo… pero los medios lo demonizan", dice su hijo Luis
Ignacio, llamado así en honor al actual presidente de Brasil. Con
respecto al incidente de marzo, D'Elía dice que fue provocado por
insultos del simpatizante de los agricultores, quien niega haber dicho
nada provocador.
El
gobierno Kirchner generalmente ha volteado la mirada frente a los excesos
de D'Elía. El ministro de Justicia, Aníbal Fernández,
dijo que no pensaba que D'Elía debería estar golpeando a
gente, pero agregó que tampoco "le peguen a la gente de D'Elía".
Las
encuestas muestran que cerca de un 80% de los argentinos tienen una visión
negativa de D'Elía. Pero los Kirchner nunca han
roto relaciones con el líder de los piqueteros debido a que lo
necesitan en las calles para situaciones como la crisis agraria actual,
dicen los analistas. El propio D'Elía se jacta de que él
ha "salvado al gobierno en momentos difíciles".
Fuente:
The Wall Street Journal |