El
Gobierno argentino y las patronales agrarias hicieron hoy una demostración
de fuerza en multitudinarias movilizaciones paralelas en Buenos Aires,
convertidas en un reflejo de la grave división que sufre el país
desde que estalló el conflicto hace más de cuatro meses.
Lejos
de acercar posiciones, el oficialismo y los líderes de las entidades
agrarias endurecieron sus críticas y se reafirmaron en sus posiciones,
en vísperas de que se debata en el Senado el polémico decreto
de subida de los impuestos a la exportación de granos que fue el
detonante de la crisis.
Los
partidarios del Gobierno abarrotaron la plaza del Congreso para escuchar
al ex presidente Néstor Kirchner, líder del Partido Justicialista
(peronista) y, según analistas locales, la persona que concentra
el poder en Argentina.
Ante
más de 300.000 personas según los organizadores, cifra reducida
a unas 95.000 por fuentes extraoficiales citadas por medios locales, Kichner
cargó de nuevo contra los productores agrarios, a los que acusó
de apoyar a la dictadura militar y tratar de desestabilizar a su esposa,
la presidenta Cristina Fernández.
"Acá
quisieron destituir al Gobierno y desestabilizar a la patria", sostuvo
el ex gobernante, que reiteró que el Gobierno acatará "sea
cual fuere" la decisión del Parlamento sobre el polémico
proyecto tributario que lo mantiene enfrentado con el sector rural desde
hace 126 días.
Dirigentes
sindicales, gobernadores, ministros y altos funcionarios del Gobierno
arroparon a Kirchner durante su intervención, su última
baza antes del debate del decreto.
Poco
después, y a apenas unos kilómetros al norte del Congreso,
unas 225.000 personas, según fuentes extraoficiales, se concentraron
en el barrio de Palermo para expresar su rechazo a la política
de los Kirchner y acompañar a los productores agropecuarios.
Uno
por uno, los principales líderes de las organizaciones agrarias,
acompañados de dirigentes de la oposición y de reconocidos
peronistas críticos con el Gobierno, denunciaron la estrategia
del Ejecutivo, rechazaron las acusaciones de Kirchner y pidieron a los
senadores que voten en contra de la reforma tributaria.
"¿Es
tan débil un presidente para que una resolución lo voltee?",
se preguntó el titular de la Federación Agraria de la provincia
de Entre Ríos, Alfredo de Angeli, convertido en un símbolo
del llamado "sector duro" de la protesta rural.
"El
ex presidente quiere manejar el barco desde la sala de máquinas
y lo va a estrellar el barco que es el país y no se lo vamos a
permitir", insistió De Angeli.
"No
vinimos acá a presionar a nadie. No queremos condicionar la voluntad
de ningún legislador. Simplemente solicitamos a los senadores que
voten a conciencia. Un conflicto de esta magnitud no puede dirimirse en
el estrecho marco de las fidelidades partidarias", dijo el presidente
de la Sociedad Rural, Luciano Miguens.
El
presidente de las Confederaciones Rurales Argentinas, Mario Llambías,
apuntó que "hay senadores que se van a jugar por el país,
otros que están dudando, y quienes por una mal llamada disciplina
partidaria juegan en contra los intereses del pueblo, pero lo peor es
que hay legisladores que están siendo presionados por el gobierno
para que cambien su voto".
"A
los que están indecisos, les digo que acá está el
pueblo apoyándolos y pidiéndoles que voten por nosotros",
apuntó por su parte De Angeli.
Unos
y otros coincidieron en que la lucha rural no concluirá mañana,
independientemente del resultado de la votación en el Senado, y
reclamaron un plan agropecuario nacional.
"Esto
va a seguir. Ganemos o perdamos mañana, esta medida (de las retenciones)
no va a poder continuar", concluyó el presidente de la Federación
Agraria Argentina, Eduardo Buzzi.
El
conflicto del campo se ha convertido en la más grave crisis que
enfrenta Cristina Fernández en sus seis meses de mandato.
Las
huelgas comerciales agrarias y los cortes en las rutas convocados por
las patronales agropecuarias durante los 126 días de conflicto
han supuesto pérdidas millonarias para el país, han agudizado
la división interna y han precipitado una caída en picado
de la imagen de la presidenta.
Fuente:
La Vanguardia (Barcelona) |