El
Senado argentino rechazó en la madrugada de este jueves el polémico
esquema de impuestos a las exportaciones de granos que enfrentó
durante más de cuatro meses al campo con el gobierno.
Tras una prolongada y reñida
sesión, el vicepresidente de la nación y titular de la Cámara
alta, Julio Cobos, se vio obligado a desempatar la votación, en
la que 36 legisladores se pronunciaron a favor de los tributos y 36 en
contra, y causó sorpresa al desestimar el proyecto oficial.
"Hoy
es el día más difícil de mi vida. El país
está partido en dos. Se debe buscar el consenso, que no está
presente aquí", explicó Cobos.
"No
puedo acompañarlos y esto no significa una traición. Estoy
actuando según mis convicciones. Le pido a la presidenta (Cristina
Fernández) que envíe un nuevo proyecto de ley que contemple
las distintas propuestas. Que la historia me juzgue y pido perdón
si me equivoco", completó.
Su voto puso fin a unas 18 horas
de debate y frenéticas gestiones del oficialismo y la oposición
para conseguir el apoyo de varios legisladores indecisos.
El sistema impositivo rechazado
por el Senado, que se conoce como "retenciones móviles",
establece que las alícuotas a la soja, el girasol, el maíz
y el trigo aumentan si se registran alzas en los precios internacionales
de esos granos.
El gobierno afirma que la medida
tiene como objetivo redistribuir la riqueza, pero los agricultores opinan
que los gravámenes, que pueden superar el 40%, son "confiscatorios".
Las "retenciones móviles"
habían sido aprobadas por la Cámara de Diputados hacía
diez días.
Reacciones
La actitud de Cobos, un político
de la opositora Unión Cívica Radical (UCR) que se sumó
al oficialismo, causó sorpresa en la Casa Rosada, donde esperaban
que su voto fuera favorable.
Según
los analistas, con su decisión el vicepresidente profundizó
las diferencias que ya tenía con la presidenta Fernández
en torno del conflicto con el campo.
Cobos buscaba un proyecto de ley
más consensuado sobre el esquema tributario en disputa, mientras
que el gobierno insistía en que se aprobara su medida original.
El voto negativo del vicepresidente
ha generado especulaciones sobre su continuidad en la administración
de Cristina Fernández.
Mientras tanto, los dirigentes
del campo festejaron con euforia lo que consideraron un "triunfo"
en el Senado.
"Esto lo hicieron ustedes,
que pelearon por un país federal, contra una forma de gobernar
autoritaria, que no da lugar a la discusión", dijo el presidente
de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, ante centenares
de agricultores que celebraban en el barrio porteño de Palermo.
"Agradezco a los legisladores
que nos apoyaron y especialmente al vicepresidente de la nación",
añadió.
Lo cierto es que la disputa por
las 'retenciones móviles' no termina aquí. Ahora el gobierno
tiene que enviar su proyecto nuevamente a la Cámara baja, donde
debe conseguir dos tercios de los votos, o bien debe elaborar otra propuesta
para que la discuta el Congreso.
La votación en el Senado
se produjo luego de que el martes centenares de miles de argentinos participaran
en dos actos convocados, uno, por el gobierno y, otro, por los dirigentes
del campo para medir sus fuerzas.
El sector agrario reunió
a unas 220.000 personas frente al Monumento a los Españoles, en
el barrio porteño de Palermo, mientras que el oficialismo congregó
90.000 simpatizantes frente al Congreso.
El
conflicto
El
sistema impositivo en discordia entró en vigencia el 11 de marzo.
La disconformidad del agro desencadenó cuatro paros en más
de 100 días, que consistieron en bloqueos de carreteras y la suspensión
de la comercialización de granos.
El país estuvo al borde
de una crisis de desabastecimiento, la economía -que crecía
a un ritmo anual de un 8%- comenzó a frenarse, la inflación
se disparó y el consumo y las inversiones cayeron.
En el plano externo, el conflicto
en Argentina -el tercer productor mundial de soja- ha empujado hacia arriba
los precios internacionales de los granos.
La presidenta Fernández
decidió someter las retenciones a debate en el Congreso en junio,
cuando el enfrentamiento entre el gobierno y los líderes rurales
llegó a su mayor grado de hostilidad, los "cacerolazos"
volvieron a las principales ciudades del país y surgieron voces
disidentes dentro del oficialismo.
Fuente:
BBCMundo.com
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