Hito. La derrota en el Congreso impone cambios al Gobierno argentino
Tras
sufrir un duro revés parlamentario, tuvo que ceder en su plan de
gravar las exportaciones de soya. El Gobierno argentino prefirió
frenar el rumbo del conflicto con el agro y, aún sin admitir la
derrota, fluir con la corriente hacia una situación en la que podrá
negociar con las entidades agropecuarias. Se alejó de una vía
que los expertos veían como la más perniciosa para la estabilidad
institucional.
El viernes decidió derogar la resolución de marzo, que implantó
un régimen de impuestos a las oleaginosas, que causó una
revuelta en el agro y cohesionó a la oposición. Era el efecto
de su derrota en la dramática votación en la que, con el
voto del vicepresidente, Julio Cobos, su plan fue rechazado el jueves
en el Senado.
Cobos es un dirigente del sector disidente de la opositora Unión
Cívica Radical, que se alió al centroizquierdista Frente
para la Victoria (FPV), el sector mayoritario del Partido Justicialista
(peronista), y como tal conformó la fórmula presidencial
de Cristina Fernández.
El oficialismo ganó la votación en Diputados hace dos semanas
y confiaba en repetir la dosis en el Senado, donde su banca sumaba
47 de los 72 legisladores.
Más allá de las actitudes conciliadoras y las valoraciones
positivas de la situación de equilibrio que emergió del
Senado, lo cierto es que el peso de la actividad agropecuaria en las provincias
fracturó la lealtad de los senadores afines al Ejecutivo. Doce
de ellos atendieron los reclamos de ese sector.
“El Gobierno habla de una redistribución social de la elevada
renta del campo, pero ignora que hay un conflicto por la distribución
geográfica de la renta”, explicó el politólogo
Marcelo Escolar, experto de la Escuela de Política de la Universidad
Nacional de San Martín.
En el momento de desempatar la situación en el Senado, y contra
toda lógica política, Cobos señaló ante un
auditorio tenso: “Dicen que tengo que acompañar (el texto
oficialista), pero mi corazón dice otra cosa (...). La Presidenta
me va a entender, no creo que sirva una ley que no soluciona el conflicto”.
“Que me juzgue la historia. Perdón si me equivoco, pero mi
voto no es positivo, es en contra”, disparó Cobos, tras tomarse
un buen tiempo para pronunciarse.
El jefe del bloque de legisladores del oficialismo, Miguel Pichetto, le
había advertido que votar en contra dejaría al Gobierno
‘herido de muerte’. Pero Cobos, que ya había mostrado
autonomía al pedir en público al Gobierno que diera espacio
al Congreso en este conflicto, rechazó la iniciativa.
Tras la derogación del decreto de impuestos, el viernes, los productores
agropecuarios dieron por cerrado el conflicto de cuatro meses.
Pero el pleito permite más reflexiones. La politóloga Liliana
de Riz, de la Universidad de Buenos Aires, dijo: “La sociedad reclamaba
consenso y el Gobierno se acostumbró a imponer”.
“El ‘campo’, aún con una distribución
desigual, es una categoría que se expande a un sector vasto de
pueblos y oficios diversos que viven de esa prosperidad”, sintetizó.
Para la directora de la ONG Poder Ciudadano, Laura Alonso, el caso, e
incluso el voto de Cobos, “no debe derivar en una crisis política;
es una oportunidad para fortalecer las instituciones democráticas”.
Lo
que faltó fue diálogo
11/03. El Gobierno lanza un plan
de impuestos a las exportaciones de granos, que varía según
su precio internacional.
13/03. El agro inicia una huelga con bloqueos.
02/04. Tras dos intentos fallidos, el agro suspende la huelga para intentar
nuevas tratativas.
17/05. Empresarios y banqueros piden que se reanude el diálogo
ante el hastío social.
26/05. El Gobierno rompe las negociaciones por el ‘tono opositor’
de un multitudinario acto del agro en Rosario.
17/06. El Gobierno envió el decreto de subida tributaria al Congreso
para su discusión.
Fuente:
El Deber (Bolivia) |