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Alberto
Fernández, un miembro cercano del círculo de la Presidenta
y su esposo, renunció como jefe del Gabinete de ministros tras
más cinco años en un puesto clave del Gobierno.
La
mandataria se vio obligada ayer a iniciar la remodelación de su
castigado Gobierno. La renuncia de Fernández, que ya había
ofrecido el pasado fin de semana, abrió las puertas a la esperada
renovación de un Gobierno que parecía no reaccionar ante
los devastadores efectos de la derrota que registró hace unos días
en el Senado, que rechazó el aumento de las retenciones a las exportaciones
de granos.
Fernández
era un hombre clave en el tramado político de los Kirchner, toda
vez que ejercía ese cargo desde mayo del 2003, cuando había
asumido la Presidencia Néstor Kirchner.
En
la primera etapa de ese Gobierno, acumuló tal cantidad de responsabilidades
que se convirtió en uno de los funcionarios más poderosos
del Ejecutivo.
Tanto,
que en el 2006 la mayoría oficialista del Parlamento convirtió
en ley un proyecto que le otorgó 'superpoderes' para la reasignación
de partidas presupuestarias.
Fernández
le envió tres cartas a la presidenta Cristina. Una, con la renuncia
formal al cargo; otra, con críticas a algunas políticas
de Gobierno de los últimos meses, como el manejo de la crisis con
los productores agropecuarios y el proyecto de la construcción
de un tren bala, lo que representó una caída en las encuestas;
y otra de tono personal.
La
idea de Fernández era ayudar con su dimisión a "oxigenar"
el gabinete y "dejarle las manos libres a la mandataria" para
que estampe su impronta a la renovación del Gobierno.
Pero
la designación en su reemplazo de Sergio Massa, intendente del
distrito de Tigre (conurbano bonaerense) de 36 años, parece ir
en otra dirección.
Si
bien le da un nuevo aire al gabinete, se trata también de un hombre
cercano al ex presidente Néstor Kirchner, con lo cual, aquellos
que se esperanzaron con que el ex mandatario tomara distancia de la gestión
de su esposa, deberán esperar.
Es
justamente eso lo que le piden la oposición y algunos sectores
internos del peronismo, que ya comenzaron el éxodo del kirchnerismo.
En
ese sentido, la designación de Massa, un ex duhaldista que adscribió
al kirchnerismo desde su cargo al frente de la Seguridad Social, es un
intento para evitar la estampida interna de alcaldes, gobernadores y otros
dirigentes peronistas y aliados que ya comenzaron a tomar distancia del
Gobierno.
"La
Presidenta me pidió que sea abierto con los intendentes y con los
gobernadores", dijo Massa en sus primeras declaraciones como funcionario
designado.
No
obstante, y a pesar de los rumores, ni el ministro de Planificación,
Julio De Vido, ni el cuestionadísimo secretario de Comercio Interior,
Guillermo Moreno, fueron separados de sus cargos. Al menos por ahora.
"Cuanto
más lo pida la oposición o alguien como Fernández
pretenda marcarles la agenda a la Presidenta y a su esposo, ellos más
se empecinarán y no reemplazarán a nadie", admitía
ayer un allegado a la pareja presidencial.
Golpeado
políticamente, desde hace varios meses -cuando el propio Néstor
Kirchner lo desautorizó en una negociación con los productores
con los que había alcanzado un acuerdo-, Fernández fue,
junto con el ex secretario de Agricultura, Javier de Urquiza (reemplazado
ayer por Carlos Cheppi), la primer víctima de la crisis originada
en el conflicto con el campo.
La
tarea que tienen por delante la Presidenta y Massa no es sencilla. Tendrán
que retomar la iniciativa política con medidas que busquen cubrir
el déficit público y reconciliarse con las franjas medias
de la población, que le dan la espalda al Gobierno en las encuestas,
como lo hicieron hace algunas semanas en las calles a cacerolazo limpio.
El
déficit, el pago de los compromisos externos, la inflación
y el propio estilo de gestión de los Kirchner aparecen como nubarrones
oscuros en el futuro inmediato de un Gobierno que luce debilitado y lento
de reflejos para reaccionar en las derrotas.
Recién
hoy, cuando se posesione Massa, se podrá observar con qué
estilo y qué tiempo los Kirchner pueden completar las tareas de
reciclado de un Gobierno que por momentos parece en ruinas.
JOSÉ
VALES
Fuente:
El Tiempo (Colombia)
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