Alberto
Fernández les prometió reunion de despedida, pero ya lo
quieren fuera de PJ local
«Alberto
Fernández conducción», se leyó en una
pancarta, en el último acto de adhesión a Cristina de Kirchner
que portó la tropa porteña del kirchnerismo en la puja contra
el campo, excepto el ala del sindicato de porteros que conduce Víctor
Santa María. Ayer parecía el día de ascenso de ese
sector que en la práctica pasará a conducir el PJ porteño,
un ente casi inexistente en el armado político del oficialismo,
pero con peso hacia adentro de los campamentos.
Con
la renuncia del cacique Alberto Fernández, ayer no sólo
enrollaron la bandera, también vieron destrozadas las boletas electorales
de 2009, un calendario cada vez más lejano para un puñado
de legisladores que soñaban con renovar banca con la bendición
del funcionario renunciado.
Es
que Fernández es el titular del PJ Capital, donde lo sucede Juan
Manuel Olmos, un diputado porteño ligado al sindicato de Santa
María, quien le ha pedido este año públicamente la
renuncia al jefe de Gabinete, le ha reprochado la desatención a
la política del distrito, la poca representación del distrito
que consiguió en el PJ nacional y hasta sus relaciones con la familia
Ibarra ( Vilma y Aníbal), a la que considera enemiga.
Verticalidad
Los
postulados de la verticalidad peronista les dictaban ayer a esos dirigentes
que «si Alberto no es más el jefe de Gabinete, tampoco debe
ser el presidente del PJ Capital». La pérdida de poder parece
licuarle toda acción en su distrito, la Capital, del que ha rescatado
a varios peronistas y no peronistas que ocupan hoy cargos en el gobierno
de Cristina y los ocuparon en el de Néstor Kirchner.
Pero
la ecuación no cierra para muchos. Un delegado del ex jefe de Gabinete,
como el titular de la bancada Frente para la Victoria, Diego Kravetz,
que no tributa en el peronismo, parece quedarse sin mando y se esforzó
ayer en abroquelar a su bancada para no mostrar aún movimientos
de mayor dispersión.
Por
eso ayer, como quien vela por la salud de un enfermo terminal, el bloque
legislativo tragó saliva por unas horas y se mostró compacto.
Pero no lo está. Hace rato que las pujas internas las salvaba la
palabra intermediada de Alberto Fernández.
Convivencia
Conviven
allí representantes de tantas porciones como las que ese ex funcionario
sumó para mostrar que la transversalidad existía. La radical
Ivanna Centanaro, por caso, reporta a Vilma Ibarra, diputada precavida
que se ha concentrado en plena crisis del gobierno en estudiar para ver
si puede abandonar la política y recluirse en el fuero judicial.
Otro de esa línea, Gonzalo Ruanova, al menos se quedó animando
el bloque de Aníbal Ibarra, ya un expatriado del kirchnerismo.
Está
Juan Cabandié, un joven de buena sintonía con Oscar Parrilli
y, entre otros, una media docena de «albertistas puros», además
de Olmos y Silvina Pedreira, que reportan al Suther (porteros) de Santa
María.
Mensajes
Apenas
unos mensajes de texto ayer intercambiaron los más íntimos
con Alberto Fernández, que se queden tranquilos, que la semana
que viene se reúnen. Pocas palabras para atajar la convulsión
interna, al borde de la explosión.
No
son los únicos, otros referentes del distrito, donde cosechó
puros fracasos electorales -desde la destitución de Ibarra hasta
la pérdida de las elecciones a manos de Macri, y la derrota en
las presidenciales-, apuraban ayer una definición: si se va o no
de la política porteña. Como si irse del gobierno no significara
que ya no tiene poder para conducir un armado que en la práctica
no es tal. Héctor Capaccioli, el superintendente de Salud, por
ejemplo, un amigo del colegio de Fernández que reporta a la ministra
Graciela Ocaña, con tan mal destino que esa funcionaria -también
ascendida a la sombra del saliente Fernándezhasta envió
monitorear su gestión. Nilda Garré, Mercedes Marcó
del Pont, Miguel Pesce, Gustavo López tributan a la política
del oficialismo porteño bendecidos por el ex jefe de Gabinete.
Algunos,
más precavidos, ya habían lanzado -meses atrás- el
llamado «posalbertismo», una suerte de movimiento de no pejotistas
que se atribuía suplir la desatención del ahora ex jefe
de Gabinete a las estrategias electorales del distrito.
Animaron
a Daniel Filmus a que fuera una suerte de delegado del jefe de Gabinete
con destino a reemplazarlo en esa conducción que nadie le reconoce
hoy al senador porteño.
Del
ala de Santa María ven ahora, por ejemplo, la oportunidad de rescatar
a un Jorge Telerman que, con Alberto Fernández, mantiene un encono
insalvable desde que los dos participaron en la campaña de Eduardo
Duhalde, que se reeditó tras la salida de Ibarra y la postulación
de su suplente a jefe de Gobierno porteño, el año pasado.
Los
más pejotistas piensan ya en una mesa política partidaria
que le termine dando a Alberto Fernández la salida también
del PJ Capital.
Fuente: Ambitoweb.com |