| Economia |
| -La nueva crisis del petróleo |
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Hace 10 años el precio del barril de petróleo era de $ 12 dólares; hoy ha llegado a $145 dólares. Este aumento extraordinario arrastra el precio de los alimentos y genera problemas distributivos en todo el planeta; crea condiciones que incentivan el proteccionismo comercial y el intervencionismo estatal; y puede abortar el crecimiento mundial. También tiene consecuencias geopolíticas, ya que el aumento beneficia a países que pretenden desestabilizar el orden capitalista democrático (Irán, Venezuela). ¿Por qué el precio ha aumentado tanto? ¿Puede seguir subiendo? ¿Se trata de un problema transitorio o permanente? ¿Qué se puede hacer para solucionar el problema? Los problemas que genera el aumento de precios El primer problema de este aumento extraordinario es que exacerba los desequilibrios internacionales, pues la producción de petróleo está muy concentrada en algunos países. Produce una transferencia extraordinaria de los países que son consumidores netos (EUA, Japón, Europa, China, India) hacia los países que son productores netos (Rusia, los países árabes, Noruega, Nigeria, Venezuela, Méjico). Aumentan los desequilibrios internacionales de cuenta corriente y se fortalecen las reacciones proteccionistas. El segundo problema es que el aumento de precios provoca fuertes transferencias de ingresos desde miles de millones de consumidores hacia unos pocos miles de productores concentrados. El efecto potencialmente regresivo existe aún dentro de países que se autoabastecen, como Argentina. En este caso el impacto regresivo potencial ocurre entre consumidores y productores locales, que son frecuentemente empresas multinacionales. Para evitar este problema, los gobiernos se han inclinado a intervenir en los mercados, estableciendo impuestos extraordinarios a la producción y subsidios al consumo de hidrocarburos. ¿Cuál es el problema de intervenir por razones distributivas y aislar los precios internos de los internacionales? Además de los potenciales problemas fiscales, el problema es que se destruyen los incentivos para que la demanda de energía disminuya y su oferta aumente. El tercer problema es que el precio del petróleo arrastra el precio de los alimentos y de otros recursos naturales. El impacto sobre los alimentos se produce por una doble vía: por un aumento de los costos energéticos en la producción y porque se reduce la producción de alimentos al desviarse parte de la tierra cultivable a producir biocombustibles. El impacto distributivo del precio de los alimentos es aún más importante que el del precio de la energía. El cuarto problema es que la transferencia de recursos de los consumidores a los productores concentrados puede desacelerar de una manera importante el crecimiento mundial, si es que la caída del consumo en los países importadores no se ve compensada rápidamente por un aumento del gasto de los países petroleros. El quinto problema son las consecuencias geopolíticas. La principal de ellas es que el aumento del petróleo sostiene el régimen teocrático Iraní y financia su desarrollo nuclear, que pretende desequilibrar el medio Oriente. También financia la aventura socialista de Chávez en Latinoamérica. En definitiva, los problemas que produce el aumento de precios del petróleo están provocando problemas distributivos que llevan a retrocesos proteccionistas e intervencionistas, pueden provocar una desaceleración del crecimiento mundial y consecuencias geopolíticas de graves consecuencias económicas. Las causas del aumento de precios ¿Por qué los precios han aumentado de una manera tan extraordinaria? Porque la demanda de energía ha crecido como mínimo al ritmo del crecimiento mundial (4% anual); mientras la producción mundial sólo lo ha hecho al 1.1% promedio anual en la última década. La única manera que la demanda finalmente se ajustara a un crecimiento tan bajo de la oferta ha sido a través de un aumento extraordinario de precios. La demanda de energía ha aumentado particularmente con el crecimiento acelerado de China, India y otros países en desarrollo. Pero al crecimiento económico se han sumado los subsidios al consumo en países como Argentina, en donde los precios de la energía se han retrasado con respecto a los salarios. El hecho es entonces que la intervención estatal en países en desarrollo ha impedido que los aumentos de precios frenaran la demanda. Frente a una producción mundial casi estancada y al aumento de la demanda en los países en desarrollo, el ajuste lo han hecho solamente aquellos países industriales que permiten que los precios al consumidor reflejen los precios internacionales. Pero claro, se trata de países de alto ingreso per cápita y con pautas de consumo rígidas en el corto plazo, por lo que han sido necesarios aumentos de precios extraordinarios para motivar la necesaria declinación de su consumo. ¿Aumento transitorio o permanente? Las condiciones actuales indican que no habrá a corto plazo ningún aumento importante de la oferta. A diferencia de los 70, no hay a la vista ningún área petrolera significativa que pueda sumarse a la oferta y al mismo tiempo hay varias áreas en declinación (Méjico, Mar del Norte, Rusia). El petróleo es un recurso escaso cada vez más costoso de hallar y explotar. Los descubrimientos de Brasil pueden durar una década en madurar. Aumentos en la oferta de Arabia Saudita e Irak pueden compensar la declinación de otras áreas pero difícilmente impliquen aumentos netos significativos. Por el contrario, los riesgos de corto plazo están por el lado de que la oferta se reduzca como consecuencia de un eventual conflicto armado con Irán. En el mediano plazo, los precios actuales del petróleo han de incentivar el aumento de la producción de petróleo, gas y carbón; en EUA se está proponiendo abrir las cuencas marinas a la explotación petrolera, retenidas hasta ahora por razones conservacionistas y ecológicas. Desde una explotación más intensiva del carbón hasta la explotación de las arenas petrolificadas de Canadá, hay alternativas hidrocarburíferas que podrían substituir parcialmente una insuficiente producción de petróleo. Pero el desarrollo de estas alternativas requiere años de inversión y mientras tanto el mundo seguirá creciendo y con ello la demanda de energía… Estos precios extraordinarios también han de incentivar ajustes adicionales de la demanda y una mayor oferta de fuentes alternativas de energía. Parte del ajuste puede provenir de los países en desarrollo, que de a poco aumenten los precios internos y reduzcan su demanda de energía. También es posible que otros países liciten áreas reservadas, remuevan los impuestos a la producción e incentiven una mayor oferta. Aún en los países desarrollados en los que los precios internos ya reflejan los precios internacionales, la demanda irá cayendo como consecuencia de un cambio en los hábitos de consumo –por ejemplo, cambios en el stock automotor hacia autos de menor cilindrada-. Estos ajustes de la oferta y la demanda, ¿serán apenas suficientes para evitar nuevos aumentos? ¿O podrán incluso retrotraer los precios a niveles anteriores? Hoy existen opiniones calificadas que justifican desde un retorno del precio del petróleo a los $75 dólares el barril hasta quienes pronostican una tendencia de crecimiento hasta valores de $250 dólares el barril. La diversidad de pronósticos calificados se produce porque son muchas las variables en juego, incluyendo dudas sobre el nivel de crecimiento mundial, sobre el progreso tecnológico potencial en fuentes alternativas de energía y sobre la incierta aceptabilidad política de un nuevo impulso a la energía nuclear. Pero la opinión predominante es que la etapa de petróleo barato ya pasó y como aún no existen fuentes alternativas baratas, esto significa que los precios altos están para quedarse. El factor ecológico El G-8 acaba de acordar la conveniencia de reducir a la mitad las emisiones de dióxido de carbono para el 2050, aunque todavía parece lejano un compromiso concreto mientras China e India no participen del acuerdo. Pero el mundo está marchando hacia la imposición de impuestos o cupos transferibles a las emisiones contaminantes, que implicarán impuestos crecientes al consumo de energía proveniente de combustibles fósiles. El precio del petróleo ha meramente anticipado un aumento del precio de la energía que ya era considerado como necesario por razones ecológicas. Este aumento de precios tendrá las mismas consecuencias conservacionistas –reducción del consumo y desarrollo de fuentes no contaminantes de energía- que hubieran tenido los impuestos al consumo. Pero la gran diferencia es que la recaudación se la llevan los países productores en vez de los fiscos de los países consumidores. La principal conclusión entonces es que el aumento del precio de la energía está para quedarse, ya sea porque se agrava la escasez de petróleo o porque los gobiernos aprovechan bajas futuras del petróleo para imponer “impuestos verdes” al consumo. La política interna frente a la crisis El gobierno argentino decidió desde el inicio de esta crisis aislar los precios internos a través de controles de precios e impuestos a la exportación que subsidian el consumo de combustibles y energía y gravan la producción. El consumo ha aumentado espectacularmente, la producción de petróleo y gas continúa declinando y como consecuencia el saldo exportable de energía se está convirtiendo rápidamente en un déficit. Paralelamente los combustibles importados a precios internacionales deben compensarse con subsidios fiscales que aumentan el gasto y reducen el superávit fiscal. El argumento para intervenir es fundamentalmente distributivo, esto es, evitar que los consumidores paguen el verdadero precio internacional y los productores se beneficien extraordinariamente. Esto es lo que estaría ocurriendo si el gobierno no interviniera en los mercados. Las concesiones y privatizaciones de áreas hidrocarburíferas en los 90’ dejaron los yacimientos en manos privadas –la mayoría extranjeras- a cambio de pagos definitivos que descontaban un precio internacional de alrededor de $20 por barril. Fueron concesiones y privatizaciones que no previeron la posibilidad de una suba extraordinaria de precios. Las concesiones de áreas debieron haberse hecho a condición de un régimen especial del impuesto a las ganancias, que le permitiera al Estado quedarse con un porcentaje elevado de los beneficios, cualquiera fuera el precio internacional que rigiera. De esta manera se hubiera mantenido el incentivo de los concesionarios a aumentar la producción frente a los aumentos de los precios internacionales y el Estado se hubiera hecho de la mayor parte de la renta extraordinaria. Esos recursos fiscales podrían haber retornado a la población a través de menores impuestos al salario o reducciones del IVA o en asistencias varias para atender la pobreza marginal. El tratamiento fiscal que compatibiliza incentivos productivos con equidad distributiva es similar al caso agropecuario. Es necesario eliminar los controles de precios internos e impuestos a la exportación y reemplazarlos por impuestos a las ganancias a tasas normales (sector agropecuario) o a tasas extraordinarias (petróleo y gas).[1] Una renegociación de contratos con cambio de régimen impositivo estaría al alcance del gobierno. Pero difícilmente se produzca, pues la ideología y los intereses políticos del gobierno se oponen a cualquier solución de mercado. Conclusión El aumento de los precios de las commodities está reflejando la limitación de los recursos del planeta frente al excesivo consumo de los países desarrollados y la nueva (explosiva) demanda del tercio de la población mundial que se está incorporando al mercado globalizado. El costo de la incorporación de China, India y otros países a la globalización se estaba pagando en términos de salarios estancados en los países industriales y ahora a través de mayores precios de la energía, alimentos y otros recursos naturales. Los países desarrollados están sin respuesta frente a este aumento de precios. Sus industrias tienen que absorber los mayores costos y sus consumidores deben ajustarse el cinturón y cambiar sus hábitos. Este ajuste es inevitable para racionar recursos planetarios crecientemente escasos y es conveniente en la medida que anticipa un ajuste de todas maneras necesario por razones ecológicas. Pero en el corto plazo deben enfrentar el riesgo recesivo y los problemas geopolíticos derivados del aumento de precios. A diferencia de los países que son consumidores netos de alimentos y energía, Argentina tiene el potencial de beneficiarse extraordinariamente como productor en este contexto mundial. Pero en lugar de aprovechar la oportunidad, el Gobierno nos aísla del mundo para tener una economía dirigida a dedo, decidiendo cuánto tiene que ganar cada sector apoyado en los falsos argumentos de la distribución del ingreso y la reindustrialización. La discriminación contra el campo y los combustibles obedece a esa intención distributiva y de protección de la industria con bajos salarios y costos baratos de la energía. Así continuaremos perdiendo las oportunidades que nos brinda la globalización y aumentando nuestra vulnerabilidad frente a épocas de vacas flacas. [1] Una alternativa similar que podría considerarse es someter la explotación de los recursos naturales al régimen general del Impuesto a las Ganancias al que se le sumaría un canon anual (subastado en licitación caso por caso) indexado por el precio del recurso natural. Mario Teijeiro Presidente del Centro de Estudios Públicos http://www.cep.org.ar Gentileza para NOTIAR del Dr. Enrique Guillermo Avogadro |