Debe
alimentar su maquinaria expansionista en los mercados a través
del dumping que significa esclavizar a 1.300 millones de personas.
Sale a competir al mundo civilizado con productos de inferior calidad
que deterioran los términos del intercambio de sus socios comerciales.
Ésta
es la única manera de mantener el Imperio y la Argentina le sirve
como colocador de sus productos tecnológicos, textiles y agroindustriales.
Necesitan importar productos sin valor agregado que no contengan el supremo
y digno valor que consiste en el trabajo de los argentinos.
Invertirán
en infraestructura con garantías superiores a los bonos defaulteados
que estafaron a los ahorristas, de ellos el 38% argentinos. ¿Cuál
es la garantía? De ello nada se sabe ya que el tratado suscripto
por ambos presidentes contiene cláusulas secretas
que lo harían caer en un país con justicia independiente
o con parlamento existente como jurídicamente inconstitucional.
No
faltarán seguramente, las voces de constitucionalistas y legisladores
que exijan al P.E.N. la íntegra publicación de los acuerdos.
La falta de respuesta oficial abrirá el camino a cualquier ciudadano
que se precie de tal de ejercitar el derecho que le confiere la Ley 48,
es decir un recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia de
la Nación.
Ante
esa eventualidad, difícil tarea les acarreará a los nuevos
cortesanos para evitar conceder el recurso. De ser así, la Corte
de La Haya sería el tribunal competente para entender en un planteo
de tal magnitud.
Si
de maniobras oscuras se trata, ya en el límite de nuestras fronteras,
circula en el Senado de la Nación un anteproyecto de ley para
desguazar al cuarto presupuesto nacional: el Plan de Asistencia
Médica Integral (P.A.M.I.), creado
por el recordado “Paco” Manrique en 1971 por ley 19.052. La
maniobra del Ejecutivo, fogoneada por la “Reina Cristina”
consiste en limitar a un solo miembro en el directorio en representación
de los jubilados, en lugar de cuatro como hasta el presente.
Pero
la aberración sustancial radica en crear un “P.A.M.I. residual”
con manejo directo y discrecional por parte del P.E.N. que cuente con
un fondo de 700 millones de pesos anuales. Ello significaría la
estatización del P.A.M.I. y la pérdida absoluta de su autarquía
como persona de derecho público no estatal.
La
maniobra fue descubierta por el senador radical Carlos Prades, el mismo
que juró no cejar hasta dilucidar por los desaparecidos fondos
de Santa Cruz y en la reunión de bloque en que fueron anoticiados
sus correligionarios surgió la oposición unánime
a la concreción de esta malversación de caudales públicos
deseada por el Ejecutivo.
Se
descuenta que los radicales tendrán el apoyo de todos los legisladores
de la oposición para evitar el vaciamiento de la castigada obra
social de los jubilados y pensionados, al igual que de gran mayoría
de los justicialistas no desean morir incinerados en su propia hoguera.
¿Cómo
justificará la “hormiguita traicionera”
Graciela Ocaña, kirchnerizada para frenar la investigación
del asesinato de “Cacho” Espinosa, ex miembro de CONARPESA,
el desguace del último reducto que tienen cuatro millones de jubilados
y pensionados para recibir la pobre atención médica y farmacológica
que el gobierno “nacional y popular” les brinda a los aportantes
de toda una vida?
¿Qué
significará ser progresista para quienes tratarán manejar
a su antojo los aportes mensuales de los millones de jubilados, de los
cuales más de la mitad percibe el mísero haber de $ 200
por mes?
Paso
a paso se afianza la “ideología de la autodestrucción
revolucionaria” del stalinismo gobernante. Las pautas
publicitarias silencian a la mayoría de los medios y los estoicos
defensores de la verdad y la libertad deben solventar sus programas, cada
vez más aislados, de su propio peculio.
Destruir,
disociar y atomizar a la castigada sociedad argentina es el mecanismo
de la autorrevolución en la que somos sujetos pasivos.
El
camino hacia la feudalización de la Argentina está en marcha.
La suma del poder público es el objetivo final por medio de billetes
en lugar de la mazorca rosista.
Sólo
nos resta conocerlo y actuar en consecuencia conforme a la sagrada carta
alberdiana.
Callar
y contemplar los acontecimientos se asemejará a la calificación
del art+iculo 29 de la Constitución Nacional: infames traidores
a la Patria.
Humberto
Bonanata
Buenos Aires, Noviembre 21 de 2004
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