Editorial
 
-¡Hipócritas!...Contubernio en marcha
Por Humberto Bonanata

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Hace sólo dos días, el viernes pasado, la legislatura porteña cumplió uno de los pactos no escritos de la democracia autoritaria. Había que defender al inútil y delincuente de Ibarra –delincuente porque al menos incumplió sus deberes de funcionario público- en el estrago de “República de Cromagnón”.

Pero quiénes fueron los culpables de la fallida interpelación del Jefe de Gobierno porteño ante el genocidio... ¡la izquierda…NO?; …¿RECREAR?…NO;… ¿la U.C.R. con su único diputado?…NO; ¿el ibarrismo cómplice?...NO; …¿los kirchneristas…? NO…

El “circo romano” fue bien montado por el “cuñado putativo de Aníbal Fernández: ello hay que reconocerlo. Cientos de miles de razones habrán corrido por los pasillos de Perú 130 para realizar la “mise en scène” de los discursos para la gilada de los que sólo puede justificarse el de Milcíades Peña, ex montonero y familiar de una de las víctimas, quien pudo lucirse con su discurso que hizo lagrimear a más de un gil porque el partido ya estaba arreglado antes de salir a la cancha.

El principal responsable del contubernio tiene nombre y apellido: Mauricio Macri, a quien voté como candidato a Jefe de Gobierno en 2003 en primera vuelta y en el ballotage. El carilindo presidente de Boca Juniors, hombre de plástico para la política, hace tiempo que pactó con Duhalde la división del centroderecha para competir la senaduría bonaerense y así quitarle votos a quien obtuvo el 16% de la voluntad popular en las elecciones presidenciales de 2003 – a sólo 6% del personaje que democráticamente soportamos- Ricardo Hipólito López Murphy.

El cinismo de Ricardo Bussaca, de María Eugenia Estenssoro yHelio Rebot, los tres votos faltantes y ausentes de "Compromiso para el Cambio" en la sesión para lograr la interpelación al stalinista Ibarra, merecen un juicio político que será planteado en la semana que se inicia ante la legislatura porteña.

Ellos no podían faltar…eran la “supuesta oposición”. Sabemos cuál será el resultado… el mismo del Juez Oyarbide sobre el golpe institucional del 20 de diciembre de 2001 contra Fernando De la Rúa. Pero igualmente debemos hacerlo, porque hay que agotar todas las vías republicanas en el marco de la democracia y el supuesto e inexistente estado de derecho. Creen que no los juzgará la historia a través de las elecciones a celebrarse dentro de nueve meses. Pero como traidores serán castigados con el arma más eficaz de la democracia… la voluntad popular.

Macri aseguró con esta jugada hipócrita ser un opositor no oponible a la tercera tiranía. “Nene de papá” juega a la política como a contrabandear automóviles desde Brasil, hecho por el que fuera procesado durante la década infame.

Horas antes de cumplirse el pacto, Luís Abelardo Patti saltó del barco neomenemista, con la justificación de que no le gustaba la compañia de Alberto Kohan con el ex Presidente, como si esa amistad no pudiera continuar, para tratar de arrimarse a las lides de López Murphy. No critiquemos a Kirchner que sabe comprar voluntades y ejercer el poder; critiquemos a quienes le otorgaron los siete votos necesarios para los superpoderes de Alberto Fernández en la Cámara de Diputados, como el actual Diputado Nacional y candidato a Diputado por la ciudad de Buenos Aires, Guillermo Cantini, quien posara hace quince días junto a Patti y el hipócrita de Bussaca en la foto de “la nueva centro-derecha porteña” destruida por sus propios creadores.

Tengamos suficiente memoria para no olvidar esta traición, de la misma forma que Kirchner y sus amigos la tienen para pretender quitar un predio a la Armada Argentina que cuenta con siete institutos de enseñanza para homenajear a subversivos que atentaron contra la constitucionalidad de la República.

Si todos los jueves no marchamos junto a los familiares de las víctimas de la discoteca de Once, esperemos bajo el cómodo aire acondicionado del living el momento en que pisarán nuestras cabezas.

La política en los países desarrollados tiene tonalidades difusas; en kirchnerlandia es blanca o negra.

Humberto Bonanata


Buenos Aires, Enero 09 de 2005

 
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