Editorial
 
-Liberando la plaza para el 23
Por Humberto Bonanata

 

Las idas y vueltas gubernamentales en razón de la permisividad de marchas de piqueteros y cualquiera que deleite su accionar con burlar la libre transitabilidad en la ciudad de Buenos Aires se ha tornado en un nuevo punto de inflexión en las entrañas del poder.

Con la tranquilidad de la encuestomanía que parece favorecer holgadamente a la senadora por Santa Cruz sobre su rival partidaria Hilda González para resolver la interna abierta del peronismo dentro de 42 días en las elecciones parlamentarias, Kirchner cambia de actitud sobre las movilizaciones piqueteras, aún en desmedro del caudal electoral de Rafael Bielsa en la Capital Federal. Conoce el rechazo de los porteños frente a los piquetes pero parece admitir tácitamente que las posibilidades de triunfar su candidato frente a Macri y/o Carrió son cada día más escasas.

Los objetivos se logran paso a paso. El desinterés ciudadano por las elecciones del 23 de octubre favorece al aparato gubernamental, quien logró al habilitar más de 500 partidos en todo el país atomizar la oposición y complicar sus alianzas.

Sólo en Capital Federal competiran 56 listas y en La Rioja el justicialismo concurrirá a la elección con 14 sublemas. Atomizar para dominar.

"Billetera mata unidad" diría Jacobo Winograd y el manejo discrecional de la ejecución presupuestaria en manos de Alberto Fernández fue el artífice de adquirir conciencias cívicas en miras del mentado proyecto hegemónico.

Pero también sabe Kirchner que "el padrino electoral traicionado" no ofrendará a los santos inocentes la eventual derrota de su esposa. Lo que aún no sabe cómo hará valer sus soldados bonaerenses para hacerle tronar el escarmiento a su ahijado traidor.

Por ello la liberación de la Plaza de Mayo para las manifestaciones piqueteras surge como ensayo represivo ante eventuales descontroles de las tropas duhaldistas, como sucediera hace 45 meses con el derrocamiento de De la Rúa.

Imagina el gobierno la noche del 23 con un presidente exhultante convocando a su masas a la histórica Plaza para celebrar el "aval de gestión". Y también imagina enfrentamientos internos en tono de vendetta, sin lograr preveer las consecuencias. Caldo de cultivo para medir fuerzas piqueteras unidas sólo en la voluntad del desorden.

Mientras tanto la atomizada mayoría silenciosa contempla cómo la democracia autoritaria avanza a pasos agigantados hacia la diktacracia. Todos sabemos qué sucederá ante un Kirchner soberbio y victorioso para quienes cometemos el delito de pensar distinto y defender la libertad y la democracia como forma de vida de los argentinos.

Hoy más que nunca, en el país de los ciegos el tuerto es rey.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Septiembre 18 de 2005

 
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