Con
la tranquilidad de la encuestomanía que parece favorecer holgadamente
a la senadora por Santa Cruz sobre su rival partidaria Hilda González
para resolver la interna abierta del peronismo dentro de 42
días en las elecciones parlamentarias, Kirchner cambia
de actitud sobre las movilizaciones piqueteras, aún en desmedro
del caudal electoral de Rafael Bielsa en la Capital Federal. Conoce el
rechazo de los porteños frente a los piquetes pero parece admitir
tácitamente que las posibilidades de triunfar su candidato frente
a Macri y/o Carrió son cada día más escasas.
Los
objetivos se logran paso a paso. El desinterés ciudadano por las
elecciones del 23 de octubre favorece al aparato gubernamental, quien
logró al habilitar más de 500 partidos en todo el país
atomizar la oposición y complicar sus alianzas.
Sólo
en Capital Federal competiran 56 listas y en La Rioja el justicialismo
concurrirá a la elección con 14 sublemas. Atomizar para
dominar.
"Billetera
mata unidad" diría Jacobo Winograd y el manejo
discrecional de la ejecución presupuestaria en manos de Alberto
Fernández fue el artífice de adquirir conciencias cívicas
en miras del mentado proyecto hegemónico.
Pero
también sabe Kirchner que "el padrino electoral
traicionado" no ofrendará a los santos inocentes
la eventual derrota de su esposa. Lo que aún no sabe cómo
hará valer sus soldados bonaerenses para hacerle tronar el escarmiento
a su ahijado traidor.
Por
ello la liberación de la Plaza de Mayo para las manifestaciones
piqueteras surge como ensayo represivo ante eventuales descontroles de
las tropas duhaldistas, como sucediera hace 45 meses con el derrocamiento
de De la Rúa.
Imagina
el gobierno la noche del 23 con un presidente exhultante convocando a
su masas a la histórica Plaza para celebrar el "aval de
gestión". Y también imagina enfrentamientos internos
en tono de vendetta, sin lograr preveer las consecuencias. Caldo de
cultivo para medir fuerzas piqueteras unidas sólo en la voluntad
del desorden.
Mientras
tanto la atomizada mayoría silenciosa
contempla cómo la democracia autoritaria avanza a pasos agigantados
hacia la diktacracia. Todos sabemos qué sucederá ante un
Kirchner soberbio y victorioso para quienes cometemos el delito
de pensar distinto y defender la libertad y la democracia
como forma de vida de los argentinos.
Hoy
más que nunca, en el país de los ciegos el tuerto es rey.
Humberto Bonanata
Buenos
Aires, Septiembre 18 de 2005
|