Editorial
 
-Darse cuenta cómo somos los argentinos
Por Humberto Bonanata

 

Merced a la gran cantidad de prestigiosos amigos que han escrito artículos de opinión, publicados en este diario digital, y el excelente trabajo de Juán Bautista “Tata” Yofre publicado por Ámbito Financiero sobre el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 han abundado en consideraciones por lo que estimo sería una falta de respeto sobreabundar en ellas, conforme a los diversos vértices analizados que convergieron en un final inevitable de un gobierno anárquico.

Pretendo dedicarme a que juntos hagamos una autocrítica de las consecuencias sobre las inestabilidades políticas que constantemente –y muy especialmente en la actualidad kirchneriana- padecemos los argentinos.

Fuimos a fines del siglo XIX cultores de la inmigración productiva que hizo de nuestra Nación el granero del mundo y su quinta potencia. Las influencias fascistoides cortaron de cuajo la institucionalidad democrática el 6 de septiembre de 1930, con la complicidad de la acordada de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que a mi criterio nos sumergió hasta el presente en la constante violación de los derechos humanos de los sucesivos adversarios políticos.

Como continuidad a esa política nefasta e intervencionista, nos cerramos al mundo y comenzó a gobernarnos la democracia formal que hoy más que nunca es fomentada por amor al odio.

El resentimiento como estigma y motorizador de la política de gobierno ha logrado reabrir una herida que los demócratas considerábamos cerrada con el juicio a las Juntas Militares, La Ley de Obediencia y la Ley de Punto Final, inexplicablemente anuladas por el Congreso de la Nación que las aprobó por mayoría especial en 1987, y la orden tangencial de Kirchner a “su” justicia para que decida sobre la inconstitucionalidad de los indultos dictados por Menem, cuando Kirchner era menemista como tantos otros traidores del riojano.

Nosotros como pueblo somos la causa. Contemplativos, cómodos e inconformistas de lo que permitimos hacer. Es mentira que las mayorías nunca se equivocan y para ello sólo basta remitirse a la imagen de un presidente que para bajar el precio de la carne, además de hacernos perder más de U$S 700 millones en 2006 y el tercer puesto en el mercado mundial, ordenó enviar mails masivos a los funcionarios de gobierno para que éstos los reenvíen y aconsejen el no consumir carnes rojas. Si le hicieran caso, el pollo y el pescado estallarán en las góndolas de los supermercados, como lo harán los precios bajo fórceps a pesar del deseo maternal de “gioconda” Micheli.

Pero retornando a la historia todos nuestros antepasados políticos, nadie queda fuera de su responsabilidad. El peronismo en grado de suma disgregación y enfrentamiento constante no fue capaz de acompañar el juicio político de la viuda de Perón para que Luder, apoyado por la totalidad del arco opositor accediera a la primera magistratura hasta el 17 de octubre de 1976, fecha convocada para las elecciones presidenciales que hubieran llevado a Don Ricardo Balbín a un seguro triunfo, acompañado por el voto peronista genuino.

Pero la miopía, caos y vacío de poder pudo más que la institucionalidad que acompañara el famoso decreto 1072/75 firmado por el gabinete en pleno que autorizaba el aniquilamiento del accionar subversivo.

No existe responsabilidad sin causa. Y la mayoritaria sociedad argentina de entonces respiró con alivio aquella madrugada de hace 30 años al sentirse liberada de la mediocridad sin límites de la clase dirigente en su conjunto, incluida la impericia y desprolijidad de quienes condujeron el proceso y, especialmente Massera, soñaron en ser los herederos de Perón.

Hoy nos gobiernan los vencidos de aquella guerra fratricida, quienes al pretender arrodillar a las Fuerzas Armadas nunca consolidarán la paz interior, ni afianzarán la justicia ni promoverán el bienestar general...

No habrá unión entre los argentinos de hoy si Kirchner sigue pregonando el resentimiento de un solo lado como si la sangre derramada de quienes padecieron y lucharon contra la subversión secara más rápido que la de los criminales que la promovieron.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Marzo 26 de 2006

 
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