Pocos
se darán cuenta cómo “el sapo de la cacerola”
nos destruye a fuego lento como pilar sustancial de la revolución
en marcha iniciada el 25 de mayo de 2003.
Nada
ocurre por casualidad en la Argentina de nuestros días;
los hechos son causales de la laxitud, letanía y relativismo de
los valores mínimos que debemos observar para considerarnos como
integrantes de un cuerpo social sano. No nos damos cuenta
que nos están enfermando día a día con misérrimas
partículas de disolución social.
La
violación de los postulados de la reforma universitaria de 1918
y la participación por parte del gobierno para incumplir con la
autonomía universitaria, tantas veces pregonada y poco practicada,
puede demostrar que la fiebre que parte del termómetro es sólo
una parte de la infección valoraticia que nos carcome como cuerpo
social. No importa que la víctima se llame Atilio Aníbal
Alterini, quien como integrante de los mortales algún día
formará parte de una triste historia. de violación al derecho
humano a ser elegido por sus legítimos electores a ocupar el máximo
cargo del claustro universitario porteño.
La
intromisión de Kirchner y su banda gobernante en la política
universitaria demuestra que en la guerra no declarada por el pueblo todo
espacio de poder debe ser ocupado cueste lo que cueste. El pusilánime
Jaim Etcheverry deja hacer para no hacer nada, para que la sangre llegue
al río y la eventual intervención a la U.B.A. abra la puerta
a la “noche de los piquetes largos”
bajo el manto formal de una diktacracia decadente.
Otro
síntoma de la toma del poder por revolucionarios irrepresentativos
es la caducidad decretada judicialmente al “partido de la revolución
democrática” del ex asesino y terrorista Miguel Bonasso,
quien con sólo 145 afiliados y una banca preferencial hasta ahora
puede más que 400.000 electores bonaerenses que desean que Luis
Abelardo Patti ocupe legítimamente su banca en el Congreso de la
Nación. Han conformado una comisión investigadora con resolución
preestablecida: “Patti no debe ser diputado porque lo vota la
gente que a nosotros no nos gusta porque piensa distinto”.
Como
si poco le faltara a esta sociedad golpeada por la “soberbia
no ilustrada” gobernante, desde las altas cúpulas
han decidido iniciar una campaña de destrucción sistemática
del Sr. Marcelo Bragagnolo a través de los organismos paraoficiales
como Página 12 y Radio 10, entre otros propaladores de la infamia
oficial. Parece que dolieron las verdades del padre de Matías
quien, si fuera por el montonerismo reinante, terminaría suicidado
por culpa de su exclusión social. Por culpa de formar parte de
una familia sana y con expectativas de crecimiento, estudio y progreso.
A
nadie que precie su sanidad mental puede importarle el pasado del padre
de la víctima; es de cobardes pagos ensuciar a quien con estoicismo
defiende la memoria de un hijo muerto y hace temblar las endebles estructuras
de una ciudad y de un país todo, dominado por la inseguridad que
tangencialmente atraviesa clases sociales.
Sólo
una mente enferma, o muchas mentes enfermas por dinero, pueden atacar
a un hombre destruido en lo más íntimo de su alma, para
deslindar responsabilidades intrínsecas de un Estado ausente.
Esto
que parece demostrar que el gobierno abarca todo y puede contra todos
en inversamente proporcional a sus objetivos. No abarca nada ni puede
contra nadie, sigue mintiendo como principio de sustentación
con el único fin de llegar a elecciones anticipadas en 2007 antes
que le estalle en su cara la “marmicoc inflacionaria” por
ellos creada.
Serán
víctimas de su propia criatura.
Sólo
depende que la oposición deponga sus miserias humanas y se encolumne
para liberarnos de quienes, día a día, nos conducen al enfrentamiento
y al principio del fin de la democracia.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Abril 23 de 2006
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