Editorial
 
-Sociedad adormecida, decadente y en estado de disgregación
Por Humberto Bonanata

 

Cuando los pueblos dejan de ser sagrados para los pueblos y los hombres sagrados para los hombres y la anomia fermenta la putrefacción de las escalas de valores mínimos para la convivencia civilizada, comienzan a manifestarse los síntomas de disgregación social que, tarde o temprano, abren las puertas de la revolución y el enfrentamiento fratricida.

Pocos se darán cuenta cómo “el sapo de la cacerola” nos destruye a fuego lento como pilar sustancial de la revolución en marcha iniciada el 25 de mayo de 2003.

Nada ocurre por casualidad en la Argentina de nuestros días; los hechos son causales de la laxitud, letanía y relativismo de los valores mínimos que debemos observar para considerarnos como integrantes de un cuerpo social sano. No nos damos cuenta que nos están enfermando día a día con misérrimas partículas de disolución social.

La violación de los postulados de la reforma universitaria de 1918 y la participación por parte del gobierno para incumplir con la autonomía universitaria, tantas veces pregonada y poco practicada, puede demostrar que la fiebre que parte del termómetro es sólo una parte de la infección valoraticia que nos carcome como cuerpo social. No importa que la víctima se llame Atilio Aníbal Alterini, quien como integrante de los mortales algún día formará parte de una triste historia. de violación al derecho humano a ser elegido por sus legítimos electores a ocupar el máximo cargo del claustro universitario porteño.

La intromisión de Kirchner y su banda gobernante en la política universitaria demuestra que en la guerra no declarada por el pueblo todo espacio de poder debe ser ocupado cueste lo que cueste. El pusilánime Jaim Etcheverry deja hacer para no hacer nada, para que la sangre llegue al río y la eventual intervención a la U.B.A. abra la puerta a la “noche de los piquetes largos” bajo el manto formal de una diktacracia decadente.

Otro síntoma de la toma del poder por revolucionarios irrepresentativos es la caducidad decretada judicialmente al “partido de la revolución democrática” del ex asesino y terrorista Miguel Bonasso, quien con sólo 145 afiliados y una banca preferencial hasta ahora puede más que 400.000 electores bonaerenses que desean que Luis Abelardo Patti ocupe legítimamente su banca en el Congreso de la Nación. Han conformado una comisión investigadora con resolución preestablecida: “Patti no debe ser diputado porque lo vota la gente que a nosotros no nos gusta porque piensa distinto”.

Como si poco le faltara a esta sociedad golpeada por la “soberbia no ilustrada” gobernante, desde las altas cúpulas han decidido iniciar una campaña de destrucción sistemática del Sr. Marcelo Bragagnolo a través de los organismos paraoficiales como Página 12 y Radio 10, entre otros propaladores de la infamia oficial. Parece que dolieron las verdades del padre de Matías quien, si fuera por el montonerismo reinante, terminaría suicidado por culpa de su exclusión social. Por culpa de formar parte de una familia sana y con expectativas de crecimiento, estudio y progreso.

A nadie que precie su sanidad mental puede importarle el pasado del padre de la víctima; es de cobardes pagos ensuciar a quien con estoicismo defiende la memoria de un hijo muerto y hace temblar las endebles estructuras de una ciudad y de un país todo, dominado por la inseguridad que tangencialmente atraviesa clases sociales.

Sólo una mente enferma, o muchas mentes enfermas por dinero, pueden atacar a un hombre destruido en lo más íntimo de su alma, para deslindar responsabilidades intrínsecas de un Estado ausente.

Esto que parece demostrar que el gobierno abarca todo y puede contra todos en inversamente proporcional a sus objetivos. No abarca nada ni puede contra nadie, sigue mintiendo como principio de sustentación con el único fin de llegar a elecciones anticipadas en 2007 antes que le estalle en su cara la “marmicoc inflacionaria” por ellos creada.

Serán víctimas de su propia criatura.

Sólo depende que la oposición deponga sus miserias humanas y se encolumne para liberarnos de quienes, día a día, nos conducen al enfrentamiento y al principio del fin de la democracia.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Abril 23 de 2006

 
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