Editorial
 
-Culpas concurrentes
Por Humberto Bonanata

 


En la madrugada del jueves pasado una asociación ilícita conducida por su jefe indiscutido consumó un flagrante delito de violación. No estamos frente a un título de la sección policiales de cualquier diario.

Sólo reflejamos la gravedad de la expresa violación a la Constitución Nacional en su artículo 29 que prohíbe taxativamente la “suma del poder público” por empleados nuestros que ocupan transitoriamente una banca en el Congreso de la Nación.

También violaron nuestro mandato soberano de cumplir y hacer cumplir las leyes en concordancia a los preceptos constitucionales. Pasaron a la historia como “infames traidores a la Patria”, al margen de lo que dictamine el poder judicial complaciente al régimen. Confiamos que la Corte Suprema de Justicia demuestre su independencia de criterio por encima de los factores ideológicos que la conformaron.

Pero no nos cansaremos de insistir desde esta columna que Kirchner no es el único responsable de la degradación institucional de lo que fuera una República. El potencial dictador abarca con prisa y sin pausa hacia la eliminación paulatina -aunque sistemática- de todo elemento discordante con su proyecto hegemónico.

En vista las elecciones del 27 de octubre de 2007 coopta y prostituye voluntades y conciencias débiles de espíritu. Es parte activa del cohecho político, mas requiere para su consumación de los vendedores de almas. Y ellos sobran en el realismo político.

Bajo otro tipo cuasidelictual, no legislado por el Código Penal, los actores de marco opositor resultan mecanismos funcionales al afianzamiento del régimen. Sus miserias y banalidades sirven al plan del resentimiento del autoritarismo kirchnerista. El potencial tirano ha conformado una maquinaria destructiva frente a cualquier atisbo de resistencia que huela a republicana.

Por ello, como en sus momentos históricos fuera la “Asamblea de la Civilidad”, “La Hora del Pueblo” o “La Multipartidaria”, todas ellas conformadas por los partidos políticos al finalizar gobiernos militares, hoy –más que nunca- si sus miserias no les permiten vislumbrar un horizonte oscuro en libertades públicas, sin imaginar el triste imaginario reeleccionista, la dirigencia opositora en su conjunto será partícipe necesaria, junto a Kirchner, de que la democracia y la libertad como forma de vida se acerquen al precipicio de la disgregación social.

Y no sólo no representarán a nadie sino que padecerán el repudio del conjunto frente a su inacción y falta de altruismo republicano.

Sólo puede enfrentar un poder en vías de absolutismo una convergencia carente de egoísmos estériles que los conducirá –inexorablemente- al rechazo de un pueblo que algún día retomará los valores cívicos perdidos hace más de sesenta años.

Que nunca deba correr sangre de argentinos para extirpar el tumor fascistoide que nos carcome.

Que seamos capaces de defender la libertad en forma pacífica y exigir a nuestros dirigentes ejerzan sus responsabilidades. Caso contrario, la responsabilidad será nuestra y deberemos movilizarnos por nosotros mismos.

Si no, seremos tan cobardes como ellos.

Lamentablemente en el 2001 no se fueron todos. Quedaron bastantes y la mayoría nos gobernó y nos gobierna desde entonces.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Agosto 06 de 2006

 
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