Sólo
reflejamos la gravedad de la expresa violación a la Constitución
Nacional en su artículo 29 que prohíbe taxativamente la
“suma del poder público” por empleados nuestros que
ocupan transitoriamente una banca en el Congreso de la Nación.
También
violaron nuestro mandato soberano de cumplir y hacer cumplir las leyes
en concordancia a los preceptos constitucionales. Pasaron a la historia
como “infames traidores a la Patria”, al margen de lo que
dictamine el poder judicial complaciente al régimen. Confiamos
que la Corte Suprema de Justicia demuestre su independencia de criterio
por encima de los factores ideológicos que la conformaron.
Pero
no nos cansaremos de insistir desde esta columna que Kirchner no es el
único responsable de la degradación institucional de lo
que fuera una República. El potencial dictador abarca con prisa
y sin pausa hacia la eliminación paulatina -aunque sistemática-
de todo elemento discordante con su proyecto hegemónico.
En
vista las elecciones del 27 de octubre de 2007 coopta y prostituye voluntades
y conciencias débiles de espíritu. Es parte activa del cohecho
político, mas requiere para su consumación de los vendedores
de almas. Y ellos sobran en el realismo político.
Bajo
otro tipo cuasidelictual, no legislado por el Código Penal, los
actores de marco opositor resultan mecanismos funcionales al afianzamiento
del régimen. Sus miserias y banalidades sirven al plan del resentimiento
del autoritarismo kirchnerista. El potencial tirano ha conformado una
maquinaria destructiva frente a cualquier atisbo de resistencia que huela
a republicana.
Por
ello, como en sus momentos históricos fuera la “Asamblea
de la Civilidad”, “La Hora del Pueblo” o “La Multipartidaria”,
todas ellas conformadas por los partidos políticos al finalizar
gobiernos militares, hoy –más que nunca- si sus miserias
no les permiten vislumbrar un horizonte oscuro en libertades públicas,
sin imaginar el triste imaginario reeleccionista, la dirigencia opositora
en su conjunto será partícipe necesaria, junto a Kirchner,
de que la democracia y la libertad como forma de vida se acerquen al precipicio
de la disgregación social.
Y
no sólo no representarán a nadie sino que padecerán
el repudio del conjunto frente a su inacción y falta de altruismo
republicano.
Sólo
puede enfrentar un poder en vías de absolutismo una convergencia
carente de egoísmos estériles que los conducirá –inexorablemente-
al rechazo de un pueblo que algún día retomará los
valores cívicos perdidos hace más de sesenta años.
Que
nunca deba correr sangre de argentinos para extirpar el tumor fascistoide
que nos carcome.
Que
seamos capaces de defender la libertad en forma pacífica y exigir
a nuestros dirigentes ejerzan sus responsabilidades. Caso contrario, la
responsabilidad será nuestra y deberemos movilizarnos por nosotros
mismos.
Si
no, seremos tan cobardes como ellos.
Lamentablemente
en el 2001 no se fueron todos. Quedaron bastantes y la mayoría
nos gobernó y nos gobierna desde entonces.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Agosto 06 de 2006
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