Hay
una mujer que tiene algo de DIOS por la inmensidad de su amor, y mucho
del ANGEL por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que siendo
joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez trabaja
con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los
secretos de la vida con más aciertos que un sabio y si es instruida
se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo
pobre se satisface con la felicidad de los que ama y siendo rica daría
con gusto su tesoro por no sufrir en su corazón la herida de la
ingratitud; una mujer que siendo vigorosa se estremece con el vagido de
un niño y siendo débil se reviste a veces con la bravura
del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque
a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta,
daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de
nuevo un solo instante; por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar
un solo acento de sus labios…
De
esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape
de lágrimas vuestro álbum, por que ya la ví pasar
en mi camino.´
Cuando
crezcan vuestros hijos leedles esta página, y ello, cubriendo de
besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero en pago del
suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para vos y para ellos,
un boceto del retrato de su MADRE.
Monseñor
Ramón Ángel Jara. Obispo chileno.
Buenos
Aires, Octubre 15 de 2006
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