Editorial
 
-Las aguas bajan turbias
Por Humberto Bonanata

 

El hombre puede creer en lo imposible,mas nó en lo improbable
Oscar Wilde

Caeríamos en la repetición constante de incumplimientos internacionales por parte de nuestro país si sólo destacáramos –por su constancia y camino a la derrota diplomática- el conflicto que el kirchnerato mantiene con el gobierno uruguayo por el tema de las pasteras a construirse en Gualeguaychú.

No sería bueno recordar las palabras del poeta oriental sobre las causas de instalación de las plantas procesadoras de papel en el hermano país ni tampoco posible imaginar si los inversores hubieran decidido levantarlas en nuestra margen del río Uruguay y posibilitado 3.100 nuevos puestos de trabajo para argentinos.

Ello sólo lo logra un país confiable que por encima de la partidocracia se encuentran la República y la democracia unida en pos de un proyecto nacional.

El manotazo de ahogado de convocar al Reino de España como “facilitador” de las cuestiones irresueltas ha encontrado en las propias palabras de Juan Yánez su desilusión ante el inminente fracaso de las tratativas encargadas por Don Juan Carlos I.

Todo indica que en el verano que se avecina Kirchner no podrá controlar a los entrerrianos ni evitar los cortes de rutas con el inminente perjuicio y lucro cesante para el turismo argentino en las playas esteñas.

El conflicto irrita los intestinos presidenciales habida cuenta que si cumple con la ley y ordena liberar los caminos sería catalogado de traidor por las víctimas de su engaño en potenciar a la fuerza como el derecho de las bestias; de garantías constitucionales que garantizan la libertad de circulación…ni hablar. Además con octubre de 2007 en la mira, Kirchner no podrá seguir mintiendo varias veces a mucha gente como lo ha hecho.

Y hablar de elecciones presidenciales en la Argentina de hoy preocupa más por la pretendida y heterogénea oposición que por el fórceps inflacionario que deberán controlar para evitar la implosión del corset y de conflictos gremiales de base que superen la típica burocracia sindical, siempre funcional a los gobiernos justicialistas, y desate una puja distributiva del ingreso que se torne incontrolable.

Por ello “inventaron” en el presupuesto sólo manejable por Alberto “Rasputín” Fernández un crecimiento del 4% del P.B.I. para 2007. Si nada explota ni sale de sus cauces, el solo arrastre del 9% de 2006 ya garantiza un mínimo del 6% para 2007, lo que dejaría para “la caja política" como mínimo 2 puntos del P.B.I.

Al hablar de la oposición no podemos soslayar los mesianismos empíricos de quienes creen ser dueños de la “bolilla negra” para conformar un frente cívico único, con una plataforma programática abarcativa que nos permita recuperar la República perdida.

Los aires nuevos que despierta el joven futuro jefe del radicalismo, Senador Gerardo Morales, su compromiso en la lucha de aunar criterios hoy divergentes en miras de un objetivo común, no dejan de encontrar escollos, aún en el anciano de 79 años que supo ser electo el 30 de octubre de 1983 y recomenzar un camino del que nunca debiéramos habernos apartado.

Raúl Alfonsín pone los límites “en la derecha” dirigiéndose a Mauricio Macri. Elisa Carrió, por su parte, bajo la luz del verbo divino que ilumina sus actos diarios, también cree ser dueña de la “máquina de picar boletos” (no confundirse con la máquina de picar boludos del siempre recordado Tato Bores).

Entre estos personajes creídos de ser preceptores de la moralidad republicana, la oposición cuenta con un alfil que puede destrabar este conflicto de intereses ególatras y mesiánicos.

Se trata de Ricardo Hipólito López Murphy, radical de cuna, con excelente relación personal con Carrió, Gerardo Morales, Ernesto Sanz y predicamento en muchos afiliados radicales que lo votaron para presidente en 2003 y lo llevaron a ganar la Capital Federal el 27 de abril de ese año. López Murphy quizás no comprenda cuánto este armado exponencial necesita de su equilibrio para convertirlo en componedor.

No tiene quizás los mejores “embajadores de buena voluntad” para hacer armados políticos (no por mala fé sino por absoluto desconocimiento del arte de la real politik y creer que el animal político se recibe en la facultad y no en el empedrado o en la tierra) y ello quedó demostrado en la elección a jefe de Gobierno el mismo 2003 y de su candidatura a senador nacional por la provincia de Buenos Aires el año pasado. Pero tiene cuna, sabe escuchar, meditar y reconocer errores, algo impensado en la mayoría de nuestra dirigencia política.

Sabe también de los desesperados intentos de Macri por “primerear en la partida”, hecho que hasta el momento sólo ha causado opiniones en contra del presidente de Boca hoy mas preocupado por la venta del volante Gago al Real Madrid que por esmerilar las piedras de la política, tarea que Lavagna junto a su alter-ego Alberto Coto han realizado sigilosamente para lanzar una candidatura contenedora y no expulsiva.

Si el líder del casi extinto Recrear y socio del casi extinto PRO sabe interpretar el mensaje de la historia y logra contribuir al constante tejido político, se sentirá satisfecho en emular las virtudes “gaullistas” que tanto valora y acompañar en el fino trazado de la letra chica del entendimiento de esa “gigantesca convergencia” –como suele decir- indispensable para derrotar al kirchnerato en caída libre.

Un frente cívico unido podrá triunfar y retornarnos al Estado de derecho.

Dos o más frentes cívicos, serán absolutamente funcionales al matrimonio presidencial y su poder hegemónico.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Noviembre 26 de 2006

 
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