La
Argentina de entonces era excedentaria y con riqueza no distribuida en
proporción al crecimiento poblacional de las zonas urbanas cercanas
a las grandes ciudades. El campo producía alimentos para nuestro
país y paliaba el hambre de una Europa en llamas. El dictador Francisco
Franco recibía en una España desangrada entre hermanos el
alimento que le permitía racionar el hambre.
Seis
décadas después, los nietos de esos españoles que
prueban suerte de crecer en la madre patria no tuvieron la misma reciprocidad
de trato y son vistos como “sudacas” en un país
que creció un punto por año su producto desde 1977, año
de regreso a la democracia de manos de Adolfo Suárez. Y sus continuadores,
sin importar las ideologías.
Luego
de nueve años de ejercicio pleno y cuasi absoluto del poder, Juan
Perón, quien según Felipe de la Balze había encontrado
al asumir el 4 de junio de 1946 una Argentina con U$S 170.000
millones de reservas monetarias y auríferas (a valores constantes
de la fecha), con energía mussoliniana estatizadora
arremetió contra las empresas extranjeras e hizo que “los
ferrocarriles fueran nuestros” a sólo un año de vencer
la concesión con los ingleses, condonándoles la deuda alimentaria
de nuestras exportaciones durante la segunda guerra mundial.
Ése
fue el “huevo de la serpiente”. Luego vendrían sus
procreaciones…
Como
los movimientos ultranacionalistas de Tacuara de comienzos de los sesenta
en que Mario Firmenich aparecía con capacidad de liderazgo. Acompañados
por el “entrismo” guevarista de los seguidores de Jorge Masetti,
quienes luego serían erpianos.
El
sindicalismo fascista que pactaba con Onganía los veinte años
sin democracia y la Ley de Obras Sociales para una nueva Argentina. Esos
mismos que presenciaron en el Salón Blanco la asunción del
dictador que había derrocado a Don Arturo Umberto Illia.
Aquellos
que el 29 de mayo de 1970 (Día del Ejército) secuestraban
al Grl. Pedro Eugenio Aramburu, quien aparecería muerto en Timote
por los “jóvenes idealistas” felicitados públicamente
por Perón desde su exilio dorado en Puerta de Hierro.
Esos
mismos que lo visitaban y acataban sus órdenes y recibieron bajo
la lluvia del “paraguas de Rucci” al líder
en su regreso al país el 17 de noviembre de 1972. Ese mismo día,
el traidor guardiamarina Julio César Urien
(hoy titular de Astilleros Río Santiago y precandidato a gobernador
po un grupúsculo oficial en la provincia de Buenos Aires) asesinaba
por la espalda al Cabo Principal Contreras para permitir
el copamiento de la E.S.m.A. por parte de montoneros. El hecho fue
repelido por fuerzas leales y Urien detenido y condenado en Villa devoto,
hasta el 25 de mayo de 1973 -ley de amnistía mediante- por la que
fuera liberado.
Quienes
participarían de la matanza de Ezeiza el 20 de junio de 1973 obligando
a Perón a huir de los plomos ardientes y a aterrizar en la Base
Aérea Militar de Morón.
Los
mismos que votaron al “tío” Héctor Cámpora
el 11 de marzo de 1973 para lograr una “patria socialista”
y que se enfrentaban con otros ex compañeros que –siempre
a los tiros- pregonaban por la “patria
peronista”.
Aquellos
que enfrentaron a la Triple AAA creada por Perón
y dirigida por "el brujo" López Rega para combatirlos
cuando ya no le hacían caso al viejo.
Los
que el 1 de mayo de 1974 se retiraron de la Plaza de Mayo cuando Perón
ya no los necesitaba para matar porque había regresado al poder.
Y no pudieron callar sus gritos de “montoneros, fuimos
unos boludos, votamos una muerta, una puta y un cornudo”
Esos
mismos que desataron el derramamiento de sangre más dramático
de la triste historia argentina y que, al decir de Miguel Bonasso, se
equivocaron en matar a Rucci ya que deberían haber asesinado a
López Rega.
Esos
mismos que hoy ocupan ministerios como Jorge Taiana, cargos relevantes
como Carlos Kunkel, Oscar Parrilli, Eduardo Luis Duhalde o se permiten
ser regidores morales sobre otros (Patti) al denunciarlos por inhabilidad
moral para asumir una banca votada por casi 500.000 bonaerenses. (Bonasso,
asesino confeso, Dixit).
Ahora
el kirchnerato pretende abrir un juicio político parcial al propio
peronismo.
Desconoce
las “consecuencias de sus propios actos” con tal de llegar
al 28 de octubre pisando cadáveres. Si la investigación
fuera justa, debería declararse la imputabilidad de Juán
Perón y José López Rega por encontrarse muertos.
Y permitirle a la anciana ex presidente peronista declarar por exhorto
y en caso de ser procesada con prisión preventiva, permitirle su
prisión domiciliaria dado su edad y estado de salud.
Pero
esta patraña del poder sirve para “despistar
a la gilada”, encubrir el autosecuestro de Luis Gerez
(quien ya habría recibido de obsequio una tonelada de algodón
para colocárselo en su boca en caso de aparición de un periodista);
el juicio político a Felipe Solá y a Aníbal Fernández
por la desaparición y probable muerte de Jorge Julio
López (quien habría padecido un infarto durante
su armado cautiverio y hoy sería cenizas para NUNCA ser encontrado).
Pensar
que la miseria humana del poder hizo de este “secuestro” del
anciano albañil de 77 años una causa para “tirárselo”
a quienes organizaron el multitudinario acto del 5 de octubre en Plaza
San Martín, en conmemoración de las víctimas de la
subversión.
Si
este secreto a voces fuera probado, no sólo el juicio político
sino la prisión serian el futuro del “amo del feudo”.
Merced
al despecho de DÈlía, quien habría organizado el
“secuestro” de López, gran parte de la prensa que aún
no se anima a denunciar, conoce este rumor cercano a la verdad.
Si
tuviéramos un legislador nacional con cojones u ovarios bien puestos
que presentara un pedido de informe sobre estas bases aquí escritas
y pidiera una sesión especial al efecto, la historia argentina
purificaría sus eses y encontraría la verdad.
¿Alguno/a
se animará?. Desde nuestro conocimiento estamos dispuestos a colaborar
con los valientes.
A
los cobardes los escupe DIOS.
Humberto
Bonanata
Buenos Aires. Enero 21 de 2007
|