Editorial
 
-La psicosis de la autodestrucción
Por Humberto Bonanata

 

Dentro de nueve meses, el 28 de octubre, probablemente Kirchner será reelecto más que por sus virtudes por los defectos de las miserias humanas que predominan en la oposición abyecta y atomizada por sus propios deseos de convertirse en la primera minoría del segundo despotismo no ilustrado que contará los días de su segundo gobierno cual se fueran lustros en la Antigua Roma.

¿Por qué hablamos de Roma? Porque esta semana conversando con un amigo de viejas luchas, el ex Senador Nacional (U.C.R.) José María García Arecha, hablamos de los tiempos de la historia frente a la urgencia de los mortales. Y coincidimos en que la actitud de Kirchner en el peronismo es una conducta psicótica similar a la de “matar al padre” para crecer sin pasado.

Asimilamos la resurrección judicial de la abominable “Triple AAA” con la necesidad de culminar su proceso revolucionario enterrando al creador de esa logia (recuerde el lector quién condecoró a Licio Gelli) y al de su propio movimiento político cuando no era nadie o cuando como futuro Intendente de Río Gallegos recibía en 1983 al candidato a presidente Italo Luder bajo una extensa bandera que marcaba “Isabel Conducción contra toda la traición”.

(También recuerde el lector que aún no se había producido la “renovación peronista”- especie de gatopardismo infernal que nos tendrá a los argentinos como presas de su reparto de poder).

Charlar con otro “animal político” con quince años más de edad cronológica y muchos más de experiencia en la ciencia política que nace del barro y del empedrado porteño mas nunca de las alfombras del poder, ayuda a aprobar otra materia de la Universidad de la Calle que nunca será igualada por una Licenciatura.

Y tratar de entender la paranoia –para quienes no somos psiquiatras- puede convertirnos en paranoicos a la enésima potencia. Por eso sólo nos quedamos en la psicosis de poder que padece Kirchner.

Desde hace 44 meses y 3 días sólo se dedicó a destruir los pilares de la sociedad argentina, que si bien admitamos sus gravísimos errores históricos, sólo puede curarse mirando al futuro.

Que pretender revivir las atrocidades del pasado –del que el presidente fue militante inmobiliario durante el Proceso-sólo terminará en un futuro –mediato para los mortales, inmediato para la historia- como propio cadalso juzgador de sus anomalías.

Que no les exigió a Bonasso y a Kunkel que renuncien a sus bancas por inhabilidad moral al haber formado parte de la organización terrorista montoneros, asesinos confesos de otro peronista como José Ignacio Rucci.

Que nunca será un estadista sino un mero cotizador de soja y que aquellos que votaron a Menem y a De la Rúa lo negarán más veces que Pedro a Jesucristo y nunca le construirán un templo.

Esos mismos fariseos del poder –nacidos de la extorsiva cultura yabranesca- que hacen negocios millonarios vendiendo canales televisivos a oscuros personajes y que mañana subastarán cual obra de arte la cabeza de Kirchner.

Porque cuando Roma vuelva a caer y pregunten por Alberto “Rasputín” Fernández una voz sepultural responderá que no se encuentra en los lugares que solía frecuentar.

Sólo resta esperar.

Quizás nosotros no lo veamos por acompañar el crecimiento natural de las margaritas y no por volar como cenizas al viento como Jorge Julio López.

Quizás nuestros hijos o nietos se enorgullezcan porque luchamos por el honor futuro de ser argentino.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Enero 28 de 2007

 
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