Un
año atrás “los leprosos” de Newells Old Boys
de Rosario consagraban su escuela de fútbol por excelencia con
el título argentino.
Al
año siguiente, le tocaría el turno a los “primos hermanos”
xeneizes de la mano del “Toto” Juan Carlos Lorenzo.
Quienes
amamos al fútbol sabemos que se puede cambiar de partido político,
de pareja, de sexo (aunque sea anormal) pero nunca de pasión por
la camiseta. Ir a la cancha era una alegría; compartir con amigos
alegrías y derrotas con el único objetivo de triunfar. Cuando
tocaba perder –fiel reflejo de la vida- había que “tragar
la bronca” porque el domingo habría revancha.
Hoy
con 48 años de edad y con el honor de ser el vitalicio mas joven
de River Plate –lamentablemente- elijo ver los partidos por televisión
y no concurrir con mi familia a ver un espectáculo deportivo al
que debería ser uno de los estadios más seguros de la Argentina,
hoy clausurado por la irascible violencia de barrabravas en el quincho
del club, con un presidente como Aguilar ausente y protector de la barbarie
frente a la inmensa mayoría que junto a sus familias quería
disfrutar una tarde de sol en el Monumental.
La
posible renuncia de Aguilar como Presidente de River Plate no lavará
sus culpas ante la justicia, no sólo por los hechos de violencia,
sino por el sombrío panorama de su procesamiento por violar la
ley penal tributaria que impone penas de prisión efectivas a quienes
evadan por más de $100.000 las declaraciones de bienes bajo su
administración.
Volvamos
a la realidad que nos carcome. Durante la semana, una verdadera batalla
campal se desató en Lanús, feudo del anciano “Manolo”
Quindimil, quien niega frente a todos su responsabilidad de la muerte
de su yerno por un ajuste de cuentas en el tráfico de drogas en
su municipio, muy cercano a Quilmes que –durante la época
duhaldista- fuera gobernado por el actual Ministro del Interior, Aníbal
“Todólogo” Fernández. La droga…siempre
la droga como destrucción social.
Ayer
por la tarde en Rosario, faltando cuatro minutos para que finalizara el
encuentro entre el local Newell`s y River, se desató una violencia
inusual contra simpatizantes visitantes que terminó con la suspensión
del partido. Newell`s no sólo perdió 2 a 1, sino que su
pacífica parcialidad ajena a los incidentes padecerá la
clausura del estadio.
¿Por
qué la violencia en el fútbol es reflejo de la violencia
social contenida? La primera respuesta sería que este deporte
refleja al pueblo en su conjunto, que se encuentra marginado frente al
excedente en los valores macroeconómicos que no les llega por el
“efecto derrame”
Que
el único “derrame” que produce
el gobierno de Kirchner es para subsidiar tarifas de servicios ineficientes
(elija el que quiera porque acierta), y controles de precios que más
temprano que tarde conducirán al estallido social por el aumento
geométrico de los valores de la canasta alimentaria y escolar que
ya ha comenzado a rodar.
Que
esa acumulación subsidiada especialmente por las retenciones agropecuarias
durará mientras el “viento de cola” favorezca
a nuestros “commodities”, sin perjuicio que la desprolija
política oficial en materia de subsidios mantiene intactos los
índices de pobreza e indigencia.
¿Qué
sucedería si el gobierno -con nuestros dineros- propusiera erradicar
las villas de emergencia –violatorias de los derechos humanos de
sus habitantes-, subsidiara la formación de minifundios en el interior
del país, enseñara a su futuros habitantes a construir sus
viviendas y a producir de la tierra sus propios alimentos?
Seguramente
esta utopía de pretender que la gente se realice en la tierra que
los viera nacer atomizaría el “coto de caza”
del “voto zapatilla” (una antes
y otra después de encadenar el sufragio). Perdería la
corrupción política de los punteros y su “ mordida”
en los planes trabajar otorgados a sus “puntos”.
La
gente pensaría por sí misma y conocería el fruto
del trabajo como única forma de progreso. Se construirían
escuelas, establecimientos sanitarios y culturales.
Se
regionalizaría la Argentina ,conforme exponemos en el
libro cuya impresión gratuita se encuentra a disposición
en la tapa de nuestro diario.
¿Pero
saben qué sucede? Se acabaría el populismo y el caudillismo
barato en la Argentina.
Se
acabaría la decadencia cultural y la cultura de la droga como único
escape de los marginados.
Se
acabarían los Kirchner y los “pseudo opositores” a
los Kirchner.
Se
acabaría el pescado y se darían cañas para pescarlo.
Se
acabarían los “dictadores de precios” y los pistoleros
para perseguir su alza.
Viviríamos
en una República que, creo, por años no podremos ver.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Febrero 18 de 2007
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