Editorial
 
-Violencia social incontenible
Por Humberto Bonanata

 

El recordado relator de fútbol José María Muñoz lo bautizó como “pasión de multitudes”. Recuerdo con melancolía mi adolescencia cuando un frío jueves 14 de agosto de 1975 en cancha de Vélez Sarsfield, tras 17 años de agonía, mi River se consagraba Campeón Metropolitano. Luego vendría el campeonato nacional que lo haría bicampeón.

Un año atrás “los leprosos” de Newells Old Boys de Rosario consagraban su escuela de fútbol por excelencia con el título argentino.

Al año siguiente, le tocaría el turno a los “primos hermanos” xeneizes de la mano del “Toto” Juan Carlos Lorenzo.

Quienes amamos al fútbol sabemos que se puede cambiar de partido político, de pareja, de sexo (aunque sea anormal) pero nunca de pasión por la camiseta. Ir a la cancha era una alegría; compartir con amigos alegrías y derrotas con el único objetivo de triunfar. Cuando tocaba perder –fiel reflejo de la vida- había que “tragar la bronca” porque el domingo habría revancha.

Hoy con 48 años de edad y con el honor de ser el vitalicio mas joven de River Plate –lamentablemente- elijo ver los partidos por televisión y no concurrir con mi familia a ver un espectáculo deportivo al que debería ser uno de los estadios más seguros de la Argentina, hoy clausurado por la irascible violencia de barrabravas en el quincho del club, con un presidente como Aguilar ausente y protector de la barbarie frente a la inmensa mayoría que junto a sus familias quería disfrutar una tarde de sol en el Monumental.

La posible renuncia de Aguilar como Presidente de River Plate no lavará sus culpas ante la justicia, no sólo por los hechos de violencia, sino por el sombrío panorama de su procesamiento por violar la ley penal tributaria que impone penas de prisión efectivas a quienes evadan por más de $100.000 las declaraciones de bienes bajo su administración.

Volvamos a la realidad que nos carcome. Durante la semana, una verdadera batalla campal se desató en Lanús, feudo del anciano “Manolo” Quindimil, quien niega frente a todos su responsabilidad de la muerte de su yerno por un ajuste de cuentas en el tráfico de drogas en su municipio, muy cercano a Quilmes que –durante la época duhaldista- fuera gobernado por el actual Ministro del Interior, Aníbal “Todólogo” Fernández. La droga…siempre la droga como destrucción social.

Ayer por la tarde en Rosario, faltando cuatro minutos para que finalizara el encuentro entre el local Newell`s y River, se desató una violencia inusual contra simpatizantes visitantes que terminó con la suspensión del partido. Newell`s no sólo perdió 2 a 1, sino que su pacífica parcialidad ajena a los incidentes padecerá la clausura del estadio.

¿Por qué la violencia en el fútbol es reflejo de la violencia social contenida? La primera respuesta sería que este deporte refleja al pueblo en su conjunto, que se encuentra marginado frente al excedente en los valores macroeconómicos que no les llega por el “efecto derrame”

Que el único “derrame” que produce el gobierno de Kirchner es para subsidiar tarifas de servicios ineficientes (elija el que quiera porque acierta), y controles de precios que más temprano que tarde conducirán al estallido social por el aumento geométrico de los valores de la canasta alimentaria y escolar que ya ha comenzado a rodar.

Que esa acumulación subsidiada especialmente por las retenciones agropecuarias durará mientras el “viento de cola” favorezca a nuestros “commodities”, sin perjuicio que la desprolija política oficial en materia de subsidios mantiene intactos los índices de pobreza e indigencia.

¿Qué sucedería si el gobierno -con nuestros dineros- propusiera erradicar las villas de emergencia –violatorias de los derechos humanos de sus habitantes-, subsidiara la formación de minifundios en el interior del país, enseñara a su futuros habitantes a construir sus viviendas y a producir de la tierra sus propios alimentos?

Seguramente esta utopía de pretender que la gente se realice en la tierra que los viera nacer atomizaría el “coto de caza” del “voto zapatilla” (una antes y otra después de encadenar el sufragio). Perdería la corrupción política de los punteros y su “ mordida” en los planes trabajar otorgados a sus “puntos”.

La gente pensaría por sí misma y conocería el fruto del trabajo como única forma de progreso. Se construirían escuelas, establecimientos sanitarios y culturales.

Se regionalizaría la Argentina ,conforme exponemos en el libro cuya impresión gratuita se encuentra a disposición en la tapa de nuestro diario.

¿Pero saben qué sucede? Se acabaría el populismo y el caudillismo barato en la Argentina.

Se acabaría la decadencia cultural y la cultura de la droga como único escape de los marginados.

Se acabarían los Kirchner y los “pseudo opositores” a los Kirchner.

Se acabaría el pescado y se darían cañas para pescarlo.

Se acabarían los “dictadores de precios” y los pistoleros para perseguir su alza.

Viviríamos en una República que, creo, por años no podremos ver.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Febrero 18 de 2007

 
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