Editorial
 
-Seis meses
Por Humberto Bonanata

 


Hace seis meses desaparecía misteriosamente de su casa Jorge Julio López, testigo en la causa Etchecolatz, a menos de veinte días de realizarse un acto en Plaza San Martín en conmemoración de los muertos –civiles y militares- por la subversión setentista.

Más de un funcionario que hoy le pide a Dios y a la Virgen que nos ayuden a encontrar al anciano de 77 años endilgó eventuales responsabilidades del secuestro a resabios de grupos militares y policiales con el sólo hecho de ensuciar una convocatoria cívica en homenaje a víctimas de una guerra civil que padeció la sociedad argentina.

Fue un periodista, de sólo 32 años de edad, Christian Sanz, quien decidió investigar hasta el hueso, a colectar pruebas harto evidentes y a reunirse con el testigo Jorge Scanio quien vio por última vez al albañil con vida. Scanio de buena fe se presentó ante la Procuración General de la Nación sin exigir recompensa alguna y con el solo hecho de aportar indicios para lograr el hallazgo de la víctima, vivo o muerto.

La respuesta no se hizo esperar. Desde la Procuración se comunicaron con el Ministerio del Interior y le aconsejaron que regrese a su casa, que nunca había estado allí, que gente de la S.I.D.E. se comunicaría a la noche con él. Muchas cosas habrán corrido por la mente de Scanio para enviar a su familia a un lejano lugar del país y pensar en huir al exterior para proteger su vida.

Christian Sanz, a pesar de las publicaciones en su portal “Tribuna de Periodistas” y reproducidas por Notiar nunca fue citado como testigo.

Sólo Malú Kikuchi lo recuerda todas las mañanas desde su “Caja de Pandora” y cuenta los días del hecho, junto con el crimen irresuelto del policía santacruceño Sayago.

El “caso López” es un reflejo del letargo y adormecimiento institucional que sufre la sociedad argentina. Parece que no nos hubiera ocurrido a nosotros como pueblo, a 23 años de reiniciada la democracia.

También parece, y eso es más grave, que a nuestra dirigencia política no le reditúe investigar e interpelar a los funcionarios responsables de la seguridad en nuestro país sobre la eventual muerte del anciano testigo.

Sólo la diputada Nora Ginzburg, de Recrear presentó un proyecto de resolución para crear una comisión investigadora sobre los casos López y el reaparecido mágicamente Luis Gerez. Su moción fue votada en la Cámara de Diputados y perdió por 118 votos kirchneristas contra sólo 47 de la oposición.

Éste es el mayor reflejo del grado de descomposición de valores que predominan en la sociedad argentina.

Dejar hacer…dejar pasar los hechos cotidianos que mañana serán historia. Importa más a la clase media pancista el aumento del precio de la carne que la toma de un edificio o el robo en un country.

“Mientras a mi no me toque…voto a Kirchner”: ése podría ser el lema de campaña para que el matrimonio reinante inicie un segundo período de aislamiento internacional, afiance su revanchismo hacia los opositores y continúe comprando o amordazando a la prensa libre.

Una sociedad civilizada debería haberse movilizado espontáneamente hoy en nombre de la aparición con vida de Jorge Julio López.

Una Cámara de Diputados civilizada hubiera aprobado por unanimidad el proyecto de la diputada Nora Ginzburg.

Una oposición civilizada depondría sus ambiciones y rencillas personales en miras del interés general, unificaría criterios y encolumnaría a una mayoría silenciosa que sólo desea paz y seguridad.

Pero vivimos en la Argentina de Kirchner, en aquella en que el presidente ejerce verdaderos actos posesorios lindantes al despotismo no ilustrado.

Y seguirá siendo de él mientras nosotros no cambiemos.

Todos somos culpables que hoy Jorge Julio López ya sea cenizas.

Todos somos culpables que algún Kirchner sea electo/a presidente el 28 de octubre de 2007.

Duhalde nos “condenó al éxito” con la hiperdevaluación y pesificación asimétrica. Lo hizo a Kirchner candidato y luego presidente.

Kirchner nos condena al ostracismo internacional de la mano de Chávez y su “madre putativa” Hebe de Bonafini.

Sólo la autocrítica da derecho a la queja.

Somos un conglomerado de pusilánimes.

La política no es un partido de fútbol que se mira por televisión; o se es parte o no se es nada.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Marzo 18 de 2007

 
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