Más
de un funcionario que hoy le pide a Dios y a la Virgen que nos ayuden
a encontrar al anciano de 77 años endilgó eventuales responsabilidades
del secuestro a resabios de grupos militares y policiales con el sólo
hecho de ensuciar una convocatoria cívica en homenaje a víctimas
de una guerra civil que padeció la sociedad argentina.
Fue
un periodista, de sólo 32 años de edad, Christian
Sanz, quien decidió investigar hasta el hueso, a
colectar pruebas harto evidentes y a reunirse con el testigo Jorge
Scanio quien vio por última vez al albañil
con vida. Scanio de buena fe se presentó ante la Procuración
General de la Nación sin exigir recompensa alguna y con el solo
hecho de aportar indicios para lograr el hallazgo de la víctima,
vivo o muerto.
La
respuesta no se hizo esperar. Desde la Procuración se comunicaron
con el Ministerio del Interior y le aconsejaron que regrese a su casa,
que nunca había estado allí, que gente de la S.I.D.E. se
comunicaría a la noche con él. Muchas cosas habrán
corrido por la mente de Scanio para enviar a su familia a un lejano lugar
del país y pensar en huir al exterior para proteger su vida.
Christian
Sanz, a pesar de las publicaciones en su portal “Tribuna de
Periodistas” y reproducidas por Notiar nunca fue citado
como testigo.
Sólo
Malú Kikuchi lo recuerda todas las mañanas
desde su “Caja de Pandora” y cuenta los días
del hecho, junto con el crimen irresuelto del policía santacruceño
Sayago.
El
“caso López” es un reflejo del letargo y adormecimiento
institucional que sufre la sociedad argentina. Parece que no nos hubiera
ocurrido a nosotros como pueblo, a 23 años de reiniciada la democracia.
También
parece, y eso es más grave, que a nuestra dirigencia política
no le reditúe investigar e interpelar a los funcionarios responsables
de la seguridad en nuestro país sobre la eventual muerte del anciano
testigo.
Sólo
la diputada Nora Ginzburg, de Recrear presentó un proyecto de resolución
para crear una comisión investigadora sobre los casos López
y el reaparecido mágicamente Luis Gerez. Su moción fue votada
en la Cámara de Diputados y perdió por 118 votos kirchneristas
contra sólo 47 de la oposición.
Éste
es el mayor reflejo del grado de descomposición de valores que
predominan en la sociedad argentina.
Dejar
hacer…dejar pasar los hechos cotidianos que mañana serán
historia. Importa más a la clase media pancista el aumento del
precio de la carne que la toma de un edificio o el robo en un country.
“Mientras
a mi no me toque…voto a Kirchner”: ése
podría ser el lema de campaña para que el matrimonio reinante
inicie un segundo período de aislamiento internacional, afiance
su revanchismo hacia los opositores y continúe comprando o amordazando
a la prensa libre.
Una
sociedad civilizada debería haberse movilizado espontáneamente
hoy en nombre de la aparición con vida de Jorge Julio López.
Una
Cámara de Diputados civilizada hubiera aprobado por unanimidad
el proyecto de la diputada Nora Ginzburg.
Una
oposición civilizada depondría sus ambiciones y rencillas
personales en miras del interés general, unificaría criterios
y encolumnaría a una mayoría silenciosa que sólo
desea paz y seguridad.
Pero
vivimos en la Argentina de Kirchner, en aquella en que el presidente ejerce
verdaderos actos posesorios lindantes al despotismo no ilustrado.
Y
seguirá siendo de él mientras nosotros no cambiemos.
Todos
somos culpables que hoy Jorge Julio López ya sea cenizas.
Todos
somos culpables que algún Kirchner sea electo/a presidente el 28
de octubre de 2007.
Duhalde
nos “condenó al éxito” con
la hiperdevaluación y pesificación asimétrica.
Lo hizo a Kirchner candidato y luego presidente.
Kirchner
nos condena al ostracismo internacional de la mano de Chávez
y su “madre putativa” Hebe de Bonafini.
Sólo
la autocrítica da derecho a la queja.
Somos
un conglomerado de pusilánimes.
La
política no es un partido de fútbol que se mira por televisión;
o se es parte o no se es nada.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Marzo 18 de 2007
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