Editorial
 
-Sólo la Mesa del Diálogo salvará a la República
Por Humberto Bonanata

 

En situaciones en que la Argentina se encaminaba a salir de un régimen de facto hacia un nuevo intento democrático, la totalidad de los partidos políticos no dudaron en conformar en los sesenta “La Asamblea de la Civilidad”, en los setenta “La Hora del Pueblo” y en los ochenta “La Multipartidaria”.

Allí estaban Don Ricardo Balbín, Don Álvaro Alzogaray, Don Oscar Alende, Don Américo Ghioldi, Don Carlos Contín y el representante directo del Grl. Juán Perón, Jorge Daniel Paladino.

Cada uno de ellos desde sus ideologías, no cejó en aunar la voluntad nacional por encima de sus ideas con mutuos renunciamientos y zanjar el camino hacia la libertad en situaciones históricas mucho más complejas que las actuales.

Era reencausar la libertad como forma de vida de los argentinos con el sueño de reconstruir la República, hoy nuevamente perdida.

Porque no solamente un régimen militar vulnera la división de poderes y el respeto de las ideas de los políticos liberales. Una “democracia ficta” -título de un libro que me dedicara mi maestro Horacio Sanguinetti- como vivimos con el kirchnerato los obliga a movilizarse en miras del interés común que los supere en sus utopías personales, tozudeces y miserias humanas.

Hoy la Argentina es un archipiélago de nimiedades opositoras que sabe, en particular y en su conjunto, que divididos sólo serán funcionales al matrimonio reinante y que sus presentaciones por separado reflejarán actos meramente declarativos y testimoniales de que no fueron capaces de pensar que la República podría haberse recuperado y evitada la crisis social galopante que se avecina ante un eventual segundo mandato de alguno de los Kirchner.

Por algo Néstor Kirchner trata de posicionar a su esposa para evitar “poner toda la carne en el asador” y quedar como reaseguro ante la conflictividad en marcha, con prisa y sin pausa. Él piensa ser el reaseguro del gobierno de la Reina para que su ficticio “castillo de naipes” no caiga sobre sus narices.

Esta especulación presidencial no conlleva una elección Néstor Kirchner 2011, ni mucho menos; sólo trata de sopesar su caudillismo prepago ante caciques de un movimiento que sólo fue leal a Perón, porque desde el 1 de julio de 1974 la lealtad sólo se concentró en el líder partidario de turno sin importar quien fuera.

El peronismo sólo es leal al poder. Su ideología es la acumulación de poder hasta que al cacique de turno le entre “la primer picadura de la piraña” al decir de Jorge Asís. Cuando caiga la primera gota de sangre del líder los cuervos se abalanzarán sobre la herida hasta carcomerlo cual molécula cancerígena destruye la vida humana.

Si quienes se dicen opositores aceptaran la convocatoria de un referente social –nunca hombre político- como Juán Carlos Blumberg, sufrido padre que se encuentra “por encima del bien y del mal” luego que la inseguridad manifiestamente probada de León Arslanián le quitara a su hijo Axel, de quien el viernes se cumplieron tres años de su asesinato.

Blumberg desconoce el “barro político”.

Sólo sueña, en su crucifixión en vida, recuperar los valores perdidos por una sociedad adormecida por una primavera económica, a la que no le importan los derechos humanos consagrados en la parte dogmática de nuestra Carta Magna.

Sólo sueña en mejorar la seguridad y calidad de vida de nuestros hijos, ya que Axel sólo lo guía desde el cielo. Nunca demostró resentimientos ni odios y desde su tragedia luchó por el bienestar general.

Hay pocos hombres como Blumberg en la Argentina. Luchador, honesto pero hiperinocente y desconocedor de las miserias humanas del mundo político; ese mismo mundo que trata de cooptarlo para una candidatura en beneficio meramente sectorial.

Blumberg no podría –por desconocer cómo se echa la honra a los perros, al decir de Don Alfredo Palacios- ni sabría manejarse políticamente. El es un referente social y desde sus principios –palabra abrogada por la costumbre argentina- podría aglutinar a quienes, desde la soberbia personal, se creen los salvadores de la Patria como la única oposición a Kirchner.

Casi como un pastor laico dedicará el resto de sus días a bregar por el interés general.

¿Usted, amigo lector, conoce a muchos Blumberg?

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Marzo 25 de 2007

 
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