Allí
estaban Don Ricardo Balbín, Don Álvaro Alzogaray, Don Oscar
Alende, Don Américo Ghioldi, Don Carlos Contín y el representante
directo del Grl. Juán Perón, Jorge Daniel Paladino.
Cada
uno de ellos desde sus ideologías, no cejó en aunar la voluntad
nacional por encima de sus ideas con mutuos renunciamientos y zanjar el
camino hacia la libertad en situaciones históricas mucho más
complejas que las actuales.
Era
reencausar la libertad como forma de vida de los argentinos con el sueño
de reconstruir la República, hoy nuevamente perdida.
Porque
no solamente un régimen militar vulnera la división de poderes
y el respeto de las ideas de los políticos liberales. Una “democracia
ficta” -título de un libro que me dedicara mi maestro Horacio
Sanguinetti- como vivimos con el kirchnerato los obliga a movilizarse
en miras del interés común que los supere en sus utopías
personales, tozudeces y miserias humanas.
Hoy
la Argentina es un archipiélago de nimiedades opositoras que sabe,
en particular y en su conjunto, que divididos sólo
serán funcionales al matrimonio reinante y que sus
presentaciones por separado reflejarán actos meramente declarativos
y testimoniales de que no fueron capaces de pensar que la República
podría haberse recuperado y evitada la crisis social galopante
que se avecina ante un eventual segundo mandato de alguno de los Kirchner.
Por
algo Néstor Kirchner trata de posicionar a su esposa para evitar
“poner toda la carne en el asador”
y quedar como reaseguro ante la conflictividad en marcha, con prisa y
sin pausa. Él piensa ser el reaseguro del gobierno de la
Reina para que su ficticio “castillo de naipes” no
caiga sobre sus narices.
Esta
especulación presidencial no conlleva una elección Néstor
Kirchner 2011, ni mucho menos; sólo trata de sopesar su
caudillismo prepago ante caciques de un movimiento que sólo
fue leal a Perón, porque desde el 1 de julio de 1974 la lealtad
sólo se concentró en el líder partidario de turno
sin importar quien fuera.
El
peronismo sólo es leal al poder. Su ideología es la acumulación
de poder hasta que al cacique de turno le entre “la primer picadura
de la piraña” al decir de Jorge Asís. Cuando caiga
la primera gota de sangre del líder los cuervos se abalanzarán
sobre la herida hasta carcomerlo cual molécula cancerígena
destruye la vida humana.
Si
quienes se dicen opositores aceptaran la convocatoria de un referente
social –nunca hombre político- como Juán
Carlos Blumberg, sufrido padre que se encuentra “por
encima del bien y del mal” luego que la inseguridad
manifiestamente probada de León Arslanián le quitara a su
hijo Axel, de quien el viernes se cumplieron tres años de su asesinato.
Blumberg
desconoce el “barro político”.
Sólo
sueña, en su crucifixión en vida, recuperar los valores
perdidos por una sociedad adormecida por una primavera económica,
a la que no le importan los derechos humanos consagrados en la parte dogmática
de nuestra Carta Magna.
Sólo
sueña en mejorar la seguridad y calidad de vida de nuestros hijos,
ya que Axel sólo lo guía desde el cielo. Nunca demostró
resentimientos ni odios y desde su tragedia luchó por el bienestar
general.
Hay
pocos hombres como Blumberg en la Argentina. Luchador, honesto pero hiperinocente
y desconocedor de las miserias humanas del mundo político; ese
mismo mundo que trata de cooptarlo para una candidatura en beneficio meramente
sectorial.
Blumberg
no podría –por desconocer cómo se echa la honra a
los perros, al decir de Don Alfredo Palacios- ni sabría manejarse
políticamente. El es un referente social y desde sus principios
–palabra abrogada por la costumbre argentina- podría aglutinar
a quienes, desde la soberbia personal, se creen los salvadores de la Patria
como la única oposición a Kirchner.
Casi
como un pastor laico dedicará el resto de sus días a bregar
por el interés general.
¿Usted,
amigo lector, conoce a muchos Blumberg?
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Marzo 25 de 2007
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