Editorial
 
-Una granada de gas para la oposición
Por Humberto Bonanata

 

El asesinato de Carlos Fuentealba en manos del policía neuquino José Poblete causó hondo estupor social en la Argentina. La persecución que sufriera el Fiat 147 en el que viajaba el maestro al retirarse de una justa manifestación por reclamos salariales y la animadversión del asesinato al dispararle una granada de gas en la nuca, cayó como un rayo en la persona del caudillejo gobernador Jorge Sobisch.

Queda clara nuestra posición y consideración personal hacia el mandatario patagónico. Los medios oficialistas trataron de macularlo como responsable directo del crimen, especialmente en el reportaje televisivo del programa de cable “A dos voces”, donde Marcelo Bonelli atacaba sibilinamente al gobernador con el único fin de lograr quebrarlo. A pesar de la responsabilidad política que Sobisch nunca negó, pareció sobrevolar el horizonte las causalidad del por qué Carlos Fuentealba o cualquier otro manifestante, debía morir en Neuquén.

En un país donde reina la impunidad de los actos de gobierno; la soberbia ante denuncias opositoras y el mercantilismo periodístico hacia los medios prebendarios del poder, cualquier ciudadano independiente que haya presenciado el ataque a Sobisch, en momentos de tono irrespetuoso, acalorado y de mal gusto, puede pensar bajo su libre albedrío que el mensaje “maten a Sobisch” será repetitivo en los seis meses que restan a la elección presidencial. Que ningún candidato opositor, por mínimas que fueran sus posibilidades de triunfo, dejará de caer en manos de operaciones de prensa de los medios afines al kirchnerato.

Porque el 28 de octubre, de no mediar “los imponderables de Malú Kikuchi”, de no descubrirse el verdadero paradero de Jorge Julio López; de no avanzar hasta las vísceras del poder el pretenso pago indebido en la quiebra fraudulenta del “grupo Greco”; la verdad sobre las “valijas voladoras” de Southern Winds o los recipiendarios de las coimas de la empresa Skanska, todo indica que “el amo del feudo” resultará electo y la Argentina caerá en el pozo sudamericano donde sus gobiernos afines hacen agua en materia de gobernabilidad y actos de corrupción.

“Enterrar muertos vivos” (caso Sobisch) demuestra la irascibilidad de Kirchner y el tembladeral que comienza a afirmarse en nuestra sociedad –hasta ahora aletargada- en materia de seguridad e inflación desbordada con final incierto.

Bien es sabido que de ser reelecto Kirchner la política de subsidios a los servicios públicos pasará a mejor vida desde el 1 de enero de 2008 y los argentinos deberemos de pagar tarifas acordes al 3 a 1 y no al 1 a 1 que hoy abonamos.

La distorsión en los términos macro que han producido las retenciones a las exportaciones agropecuarias frente a los subsidios que perciben las empresas de servicios en algún momento deberá ser blanqueada. Nada mejor que hacerlo al iniciar un eventual segundo mandato para emplear el poder de los votos con destinatario directo: la civilidad que será afectada en el “órgano más sensible” de los argentinos: el bolsillo.

Pero nadie podrá prever las consecuencias de un virtual estallido inflacionario al blanquear una economía meramente recaudatoria de impuestos y divisas externas.

Cuando una propiedad en pleno Barrio Norte costaba en junio de 2004 U$S 100.000 y la semana pasada fuera tasada en U$S 160.000, resulta inexplicable su amento del 60% en dólares mantenidos bajo la nueva convertibilidad de 3 a 1.

Como menciona Roberto Cachanosky, la economía argentina es cíclica y su período dura cinco años calendario. Y a eso vamos de continuar “el corset de la gorda”, aunque el salario real de los trabajadores haya retrocedido un 7% respecto de 1980…27 años atrás.

Pero volvamos a la política como ciencia que determina la conducta de los hombres dentro del marco social. Santa Cruz se encuentra “militarizada” por gendarmería; sus medios de prensa censurados y los docentes en pie de lucha. Difícilmente algún loco criminalice la protesta docente y consagre otro mártir.

Kirchner no podría soportarlo y Marcelo Bonelli no sabría qué preguntarle al gobernador Sancho ante un eventual exceso represivo. Como nunca investigaron sobre el asesinato de Jorge Sayago, un honorable policía que sólo cumplió con su deber.

Cada vez más nos acercamos al mar, al sur y al frío…

La democracia republicana, hace rato que fue congelada.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Abril 15 de 2007

 
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