Queda
clara nuestra posición y consideración personal hacia el
mandatario patagónico. Los medios oficialistas trataron de macularlo
como responsable directo del crimen, especialmente en el reportaje televisivo
del programa de cable “A dos voces”, donde
Marcelo Bonelli atacaba sibilinamente al gobernador con el único
fin de lograr quebrarlo. A pesar de la responsabilidad política
que Sobisch nunca negó, pareció sobrevolar el horizonte
las causalidad del por qué Carlos Fuentealba o cualquier otro manifestante,
debía morir en Neuquén.
En
un país donde reina la impunidad de los actos de gobierno; la soberbia
ante denuncias opositoras y el mercantilismo periodístico hacia
los medios prebendarios del poder, cualquier ciudadano independiente que
haya presenciado el ataque a Sobisch, en momentos de tono irrespetuoso,
acalorado y de mal gusto, puede pensar bajo su libre albedrío que
el mensaje “maten a Sobisch” será
repetitivo en los seis meses que restan a la elección presidencial.
Que ningún candidato opositor, por mínimas que fueran sus
posibilidades de triunfo, dejará de caer en manos de operaciones
de prensa de los medios afines al kirchnerato.
Porque
el 28 de octubre, de no mediar “los imponderables de
Malú Kikuchi”, de no descubrirse el verdadero
paradero de Jorge Julio López; de no avanzar hasta las vísceras
del poder el pretenso pago indebido en la quiebra fraudulenta del “grupo
Greco”; la verdad sobre las “valijas voladoras” de Southern
Winds o los recipiendarios de las coimas de la empresa Skanska, todo indica
que “el amo del feudo” resultará electo y la Argentina
caerá en el pozo sudamericano donde sus gobiernos afines hacen
agua en materia de gobernabilidad y actos de corrupción.
“Enterrar
muertos vivos” (caso Sobisch) demuestra la irascibilidad de Kirchner
y el tembladeral que comienza a afirmarse en nuestra sociedad –hasta
ahora aletargada- en materia de seguridad e inflación desbordada
con final incierto.
Bien
es sabido que de ser reelecto Kirchner la política de subsidios
a los servicios públicos pasará a mejor vida desde el 1
de enero de 2008 y los argentinos deberemos de pagar tarifas acordes al
3 a 1 y no al 1 a 1 que hoy abonamos.
La
distorsión en los términos macro que han producido las retenciones
a las exportaciones agropecuarias frente a los subsidios que perciben
las empresas de servicios en algún momento deberá ser blanqueada.
Nada mejor que hacerlo al iniciar un eventual segundo mandato para emplear
el poder de los votos con destinatario directo: la civilidad que será
afectada en el “órgano más sensible” de los
argentinos: el bolsillo.
Pero
nadie podrá prever las consecuencias de un virtual estallido inflacionario
al blanquear una economía meramente recaudatoria de impuestos y
divisas externas.
Cuando
una propiedad en pleno Barrio Norte costaba en junio de 2004 U$S 100.000
y la semana pasada fuera tasada en U$S 160.000, resulta inexplicable su
amento del 60% en dólares mantenidos bajo la nueva convertibilidad
de 3 a 1.
Como
menciona Roberto Cachanosky, la economía argentina es cíclica
y su período dura cinco años calendario. Y a eso vamos de
continuar “el corset de la gorda”, aunque el salario real
de los trabajadores haya retrocedido un 7% respecto de 1980…27 años
atrás.
Pero
volvamos a la política como ciencia que determina la conducta de
los hombres dentro del marco social. Santa Cruz se encuentra
“militarizada” por gendarmería; sus medios
de prensa censurados y los docentes en pie de lucha. Difícilmente
algún loco criminalice la protesta docente y consagre otro mártir.
Kirchner
no podría soportarlo y Marcelo Bonelli no sabría qué
preguntarle al gobernador Sancho ante un eventual exceso represivo. Como
nunca investigaron sobre el asesinato de Jorge Sayago, un honorable policía
que sólo cumplió con su deber.
Cada
vez más nos acercamos al mar, al sur y al frío…
La
democracia republicana, hace rato que fue congelada.
Humberto Bonanata
Buenos
Aires, Abril 15 de 2007
|