Kirchner
intenta un discurso abarcativo y democrático. Pocos pueden creerle
su magnanimidad a cuatro años de la diktacracia. Conjuga el verbo
“concertar” como sinónimo de concordancia hacia el
régimen. Pluralismo sólo para quienes piensan como él;
al enemigo ni justicia.
El
"Judas mendocino", actual gobernador
de la rica y hermosa provincia, Julio Cobos,
quien llegó al poder de la mano de la excelente gestión
de Roberto Iglesias quien no modificó la constitución
provincial para ser reelecto y del ex Intendente de San Rafael y actual
presidente del bloque de senadores nacionales de la U.C.R. Ernesto
Sanz, habrán mirado perplejos por televisión el
“circo romano” de la traición
a la enésima potencia.
Julio
Cobos, dicen los malintencionados, que lastimó sus palmas envueltas
en sangre de tanto aplaudir. Estaba sentado junto a la Reina, eventual
candidata a la continuidad de la fórmula consorte, y no cejó
en malversar fondos públicos, - conforme la denuncia formulada
por el senador provincial del partido demócrata Carlos
Aguinaga –para “poner toda la carne en el asador
y rendir pleitesías ante lo que imagina como un salto (mortal)
hacia la vicepresidencia de la Nación el 28 de octubre.
Lo
que parece no haber aprendido el mediocre “Judas mendocino”
es que él mismo al vender su alma al diablo entrará en la
jaula de los leones a tratar de compartir la comida diaria de las bestias
sin temer ni siquiera un rasguño.
A
no dudarlo que será presa de “la máquina
de picar boludos” (Tato Bores dixit) y ante
un final incierto de la eventual presidencia de la reina, saldrá
de la jaula de las bestias con los pies para adelante (políticamente
hablando).
Kirchner
nos deja un gran legado en sus cuatro años de ejercicio hegemónico
del poder:
“Traidores
hay, lo que hace falta es el capital”. Tanto en la
política, como en la mayoría de los medios de difusión,
como en las corporaciones industriales, este lema revolucionario le ha
surtido efecto.
Desnaturalizó
por completo el sentido republicano de la oposición que, muchas
veces dominada por la egolatría más que por los principios
abarcativos que conformen una abroquelada unidad ejecutora de propuestas
superadoras al continuismo del régimen, recién parece despertar
al llamado desesperado de la mayoría de los argentinos que sólo
pedimos respeto a la división de poderes; inexistencia de la “justicia
del mantel” (la servilleta de Corach quedó
corta); seguridad ciudadana; garantismo para la mayoría silenciosa
y no para los delincuentes; salud y educación pública que
devuelvan la dignidad a quienes menos tienen; derogación de la
ley de emergencia económica, de los D.N.U. y de las facultades
extraordinarias conferidas en la persona de Alberto “Rasputín”
Fernández, etc, etc, etc,…
Nada
es imposible en una nación que dejó de ser República
el 20 de diciembre de 2001 con el golpe institucional encabezado por el
ex-bañero autopresidente, Eduardo Alberto Duhalde.
Sólo
la historia reconocerá como tal ese triste hecho cuando nuestra
generación lo observe desde el más allá y otra vez
más la justicia de los tiempos supere a la de los mortales.
Sólo
el tiempo, la educación, las libertades personales como pilar de
la convivencia social y el crecimiento patriótico de nuestra clase
dirigente harán realidad nuestra constante prédica democrática.
Mientras
les sirva a nuestros hijos y a nuestros nietos, valdrá la pena
seguir luchando.
Nunca
existirá la democracia plena sin libertad para su ejercicio.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Mayo 27 de 2007
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