Editorial
 
-La parábola de la reina y el traidor
Por Humberto Bonanata

 


Mendoza: 25 de mayo de 2007. Festival demagogo aprovechando nuestra fiesta patria. Estadio mundialista colmado por 25.000 personas llevadas por el aparato clientelista del despotismo no ilustrado.

Kirchner intenta un discurso abarcativo y democrático. Pocos pueden creerle su magnanimidad a cuatro años de la diktacracia. Conjuga el verbo “concertar” como sinónimo de concordancia hacia el régimen. Pluralismo sólo para quienes piensan como él; al enemigo ni justicia.

El "Judas mendocino", actual gobernador de la rica y hermosa provincia, Julio Cobos, quien llegó al poder de la mano de la excelente gestión de Roberto Iglesias quien no modificó la constitución provincial para ser reelecto y del ex Intendente de San Rafael y actual presidente del bloque de senadores nacionales de la U.C.R. Ernesto Sanz, habrán mirado perplejos por televisión el “circo romano” de la traición a la enésima potencia.

Julio Cobos, dicen los malintencionados, que lastimó sus palmas envueltas en sangre de tanto aplaudir. Estaba sentado junto a la Reina, eventual candidata a la continuidad de la fórmula consorte, y no cejó en malversar fondos públicos, - conforme la denuncia formulada por el senador provincial del partido demócrata Carlos Aguinaga –para “poner toda la carne en el asador y rendir pleitesías ante lo que imagina como un salto (mortal) hacia la vicepresidencia de la Nación el 28 de octubre.

Lo que parece no haber aprendido el mediocre “Judas mendocino” es que él mismo al vender su alma al diablo entrará en la jaula de los leones a tratar de compartir la comida diaria de las bestias sin temer ni siquiera un rasguño.

A no dudarlo que será presa de “la máquina de picar boludos” (Tato Bores dixit) y ante un final incierto de la eventual presidencia de la reina, saldrá de la jaula de las bestias con los pies para adelante (políticamente hablando).

Kirchner nos deja un gran legado en sus cuatro años de ejercicio hegemónico del poder:

“Traidores hay, lo que hace falta es el capital”. Tanto en la política, como en la mayoría de los medios de difusión, como en las corporaciones industriales, este lema revolucionario le ha surtido efecto.

Desnaturalizó por completo el sentido republicano de la oposición que, muchas veces dominada por la egolatría más que por los principios abarcativos que conformen una abroquelada unidad ejecutora de propuestas superadoras al continuismo del régimen, recién parece despertar al llamado desesperado de la mayoría de los argentinos que sólo pedimos respeto a la división de poderes; inexistencia de la “justicia del mantel” (la servilleta de Corach quedó corta); seguridad ciudadana; garantismo para la mayoría silenciosa y no para los delincuentes; salud y educación pública que devuelvan la dignidad a quienes menos tienen; derogación de la ley de emergencia económica, de los D.N.U. y de las facultades extraordinarias conferidas en la persona de Alberto “Rasputín” Fernández, etc, etc, etc,…

Nada es imposible en una nación que dejó de ser República el 20 de diciembre de 2001 con el golpe institucional encabezado por el ex-bañero autopresidente, Eduardo Alberto Duhalde.

Sólo la historia reconocerá como tal ese triste hecho cuando nuestra generación lo observe desde el más allá y otra vez más la justicia de los tiempos supere a la de los mortales.

Sólo el tiempo, la educación, las libertades personales como pilar de la convivencia social y el crecimiento patriótico de nuestra clase dirigente harán realidad nuestra constante prédica democrática.

Mientras les sirva a nuestros hijos y a nuestros nietos, valdrá la pena seguir luchando.

Nunca existirá la democracia plena sin libertad para su ejercicio.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Mayo 27 de 2007

 
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