La
usurpación de títulos y honores en que incurrió Juan
Carlos Blumberg al arrogarse el título de ingeniero marca un antes
y después en la vida pública de este hombre. La peor de
las tragedias que un ser humano puede padecer –la muerte de su único
hijo a manos de delincuentes- lo catapultó como referente social
de una mayoría silenciosa de a diario vive la inseguridad. La mal
llamada “sensación” esbozada por el “todólogo”
Aníbal Fernández cae por su propio peso frente a la
realidad.
Ningún
político profesional pudo manejar convocatorias espontáneas
que tanto han molestado al régimen desde el 1 de abril de 2004,
fecha de su primera marcha frente al Congreso Nacional.
Ninguno
de nosotros fuimos a sus marchas por ser convocadas por un "ingeniero";
sólo lo acompañamos porque su dolor de hoy puede ser el
nuestro de mañana.
Blumberg
hizo de su padecimiento un compromiso de lucha en defensa colectiva como
nadie logró ante una sociedad insípida y contemplativa.
Todos
quienes lo seguimos en esta prédica ciudadana hoy sentimos un profundo
dolor ante un hecho tan ilógico como autodestructivo. Un hecho
que aunque trata de ser impulsado por el gobierno contra Mauricio Macri
y Ricardo López Murphy no les hará mella ya que fueron tan
víctimas en la buena fe como cualquier ciudadano argentino.
Juan
Carlos Blumberg no ha luchado en vano. Fue un referente social mas nunca
un hombre político. Su personalidad directa y confrontativa
le hubiera impedido competir con los códigos de la política,
donde la realidad se encuentra en las zonas grises del consenso pero nunca
en las altisonancias de la razón absoluta.
Otro
tema. A sólo siete días de la consagración
de Mauricio Macri como Jefe de Gobierno porteño sólo resta
saber a cuánto ascenderá la diferencia que lo separará
del delegado presidencial Daniel Filmus. Macri juega una carta fuerte
en su porcentaje de votos si logra superar el 62% batirá el record
que ostenta Juan Domingo Perón al ser reelecto el 23 de septiembre
de 1973 por tercera vez como presidente de la Nación.
Aunque
de lograrlo ratificará su compromiso de administrar la ciudad de
Buenos Aires y levantará la mano como candidato presidencial por
el PRO a Ricardo López Murphy.
La
oposición despierta de su letargo. Kirchner ha avanzado tanto en
la candidatura de su esposa que ya no puede retroceder y autopostularse
a la reelección. Ello significaría una demostración
de la debilidad que domina su gestión a diecinueve semanas de la
elección presidencial.
La
desinversión en materia energética se ha hecho carne en
la población, sin distinción socioeconómica. La inflación
que diluye el poder adquisitivo de los salarios y la inseguridad –que
por repetida- no deja de asombrarnos diariamente pesan en la mochila gubernamental.
Frente
a ello, la propuesta de Gabriela Michetti de realizar una interna abierta
entre los candidatos opositores para conformar una colación natural
elegida por la gente no ha logrado sus frutos en que se realice antes
del 28 de octubre. Ése y no otro será el día en que
la oposición sembrará sus frutos ante un eventual ballotage
en caso que Cristina Fernández no supere el 40% de los votos.
Esa
deformación constitucional de 1994 que nos legaron Menem y Alfonsín
tras el pacto de Olivos. “Si en la Argentina existiera
un verdadero ballotage –como el porteño- la oposición
ya estaría tranquilamente esperando quién ocupará
el segundo puesto, que en una segunda vuelta será el presidente
electo” se escuchó en el comando electoral
del PRO.
Y
es cierto. Algún jurista de nota debería plantear la inconstitucionalidad
de la ley ya que las constituciones provinciales no pueden contradecirse
con la Carta Magna. En este caso sucede lo contrario, la Constitución
Nacional es la que viola el espíritu del ballotage…y algún
día deberá ser reformada y adaptada a la racionalidad jurídica.
Sin
dudas que Kirchner morderá sus labios y evitará confrontar
en la elección porteña. Produjo el “efecto boomerang”:
espantó a la gente con sus golpes bajos y campaña
sucia.
Señal
que estamos creciendo como sociedad. Y eso no es poco.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Junio 17 de 2007
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