Miceli,
Picolotti y Garré no conforman un conjunto musical. Como funcionarias
del gobierno de Kirchner son las columnas de barro en las que se asienta
el régimen. Traslucen la estructura política resquebrajada
del kirchnerato gobernante que, gatopardismo mediante, buscará
en octubre una victoria a lo pirro que más temprano que tarde lo
conducirá al colapso final.
El
jueves pasado, el teatro Argentino de La Plata sirvió de marco
para un lanzamiento frío y artero como la candidata. El telemarketing
debía travestirse intelectualoide como la imagen que debía
mostrar la candidata a heredar el feudo. El lumpenaje traído por
sus punteros se apaleaba en las afueras por un espacio de figuración.
La mona vestida de seda, mona quedaba.
La
realidad, que es la única verdad según Perón estaba
fuera del escenario. La enmascarada institucionalista discurseaba durante
45 minutos sobre todo lo bueno que proponía sobre todo lo malo
que el marido hizo.
Un
discurso estructurado, sin altisonancias a las que tiene acostumbrados
a sus colegas senadores nacionales. Sin gritos histéricos en defensa
de los superpoderes, de la ampliación del Consejo de la Magistratura
y de todo acto hegemónico que defendió con casi la misma
fuerza que en los noventa, cuando era menemista por conveniencia.
Ahí
estaba ella. Era el atardecer de un día lluvioso en la Argentina
de la plena división de poderes y respeto por las libertades públicas.
Es la continuidad del despotismo revanchista que instauró su marido
hace 50 meses, traiciones de por medio.
La
preocupación no era el maquillaje ante el conjunto de alcahuetes
afín a seguir siendo algo. Desde el poder conocen cómo aprieta
su propia serpiente ante el desmanejo económico de todo el mandato.
La
desinversión en materia energética que hoy les pasa facturas.
La falta de planificación ante un crecimiento sostenido de la economía
sostenido por varios factores: la subvaluación de la moneda nacional;
las retenciones a las exportaciones; la sustitución de exportaciones
por el tipo de cambio cada vez menos alto como consecuencia de la inflación
real y el atraso tarifario emparchado por subsidios directos.
A
ella y su entorno de amanuenses les preocupa la eventualidad de un enero
de 2008 en el poder. ¿Por qué enero?
Simple, porque como prevé López Murphy aprovecharán
el mes de vacaciones de la gente para sincerar de un saque las variables
alteradas a lo largo de más de cuatro años. Nada mejor que
los grandes centros urbanos estén despoblados para evitar cacerolazos
y males mayores.
Lo
que no podrán evitar es que en febrero la gente estará de
vuelta, con mayores gastos, iguales ingresos nominales más no reales,
comenzando a preparar la canasta escolar de marzo para sus hijos.
El
gobierno ya no tiene tiempo para garantizar inversiones genuinas que amortigüen
el impacto inflacionario en los hogares medios. Julio De Vido habrá
hecho grandes negocios para el bien público (y privado) pero su
cabeza rodará el 10 de diciembre en caso de asumir la reina. Será
ofrecida en el “circo romano” como culpable del aumento del
200% en las tarifas públicas. Como en ministro que no planificó
en el gobierno en que ella no participó.
“Lo
que no hagamos en los primeros noventa días no lo podremos hacer
más” se le escuchó aseverar a uno de
“los pensadores del kirchnerato” mientras esperaba el show
mediático de la heredera al feudo.
Por
el lado de la oposición algunos comienzan a moverse de sus letargos
–tal el caso de Lavagna- motivados más por la intención
de voto que por el sentir nacional. El ex ministro de Duhalde y Kirchner
ve con agrado que sus compañeros peronistas “anti K”
traten de incorporarlo al tropel opositor, aunque siempre dentro del partido
gobernante.
El
28 de octubre en la Argentina no habrá sólo elecciones presidenciales;
se desatará una interna abierta dentro del peronismo y sus diversos
matices.Como en 2003.
“Es
cierto que Lavagna se siente más cómodo entre los suyos
que en coalición con nosotros, los radicales, expresaba un convencional
nacional porteño electo en las desahuciadas internas del domingo
pasado. Pero que tampoco crea que nos usará como una O.N.G. fiscalizadora
del comicio. Si quiere volver a su redil que avise con tiempo; estamos
cansados de traidores” remarcó el convencional
radical.
“Después
de todo Ricardo (López Murphy) y Lilita (Carrió) son de
propia cuna y sabemos que juntos podemos conjugar el verbo ins-ti-tu-cio-na-li-zar,
palabra a las que muchos por esencia siempre le huyeron”.
La
sombra de Eduardo Duhalde comienza a perfilarse tras las figuras de los
congresales de "Potrero de Funes”. Es el gran armador
del frente “anti K” paradójicamente junto a Carlos
Menem. El ex autopresidente sueña con la vendetta frente a su ahijado
traidor y con quitarle votos del suburbano bonaerense. “Si
deponemos miserias frente al objetivo común estaremos en la segunda
vuelta y la ganaremos” no se cansa de repetir Hilda
“Chiche” Duhalde.
Por
eso para el peronismo opositor al peronismo gobernante le resulta indispensable
la imagen de Lavagna. Además saben que el perfil del ex ministro
no soportaría un papelón en las urnas y que como está
va camino al fracaso.
Los
peronistas siempre siguen al líder…no importa quién
éste sea.
Por
el lado del PRO, Ricardo Hipólito López Murphy se ha lanzado
al ruedo con los mismos bríos que en 2003 cuando logró el
16% de los votos presidenciales, sólo 6% menos que Kirchner.
Pero con más experiencia y un mensaje más llano, apasionado
y convincente hacia los sectores medios.
Sabe
que cada día que pase Mauricio Macri se abocará mas a los
problemas que deberá enfrentar en la ciudad y consolidará
sus fuerzas en mantener el territorio ganado, sin balbucear candidaturas
presidenciales.
A
sólo catorce semanas de un final incierto para el futuro de la
Argentina y quienes nacimos en ella y sufrimos nuestros propios errores
como sociedad, el gobierno nos recuerda –día a día-
a un animal característico de nuestra fauna: el pato
criollo.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Julio 22 de 2007
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