Editorial
 
-La bipolaridad del bi-reinato consorte
Por Humberto Bonanata

 

María Antonieta Fernández de Kirchner patentizó en el exterior su imagen bipolar en caso de continuar la involución instaurada por su marido hace ya 50 meses, donde eligieron a los réprobos y elegidos; compraron a los judas de la política y el periodismo y consolidaron la mayor concentración de poder que recuerde la democracia reinstaurada el 10 de diciembre de 1983.

Mostró sus felinas garras al discriminar en su gira a España a la prensa argentina que no logró realizarle un reportaje. Coronó su mesiánico pensamiento en el diálogo con la CNN y sus ignorantes comparaciones con Hillary Clinton. Era la gota que faltaba para argumentar que sólo le hablará a su pueblo para salvar incómodas preguntas sobre nuestra realidad que pudiera realizar la prensa libre.

¿Qué democracia soporta que un par de autócratas renuncien por propia voluntad a la republicana forma de publicitar los actos de gobierno?

Es tanto el delirio que en el consorcio gubernamental siguen pisando cadáveres que ya no pueden ocultar en el ropero. La prensa, en su gran mayoría complaciente con el poder, comenzó a cansarse. Asume como tal su función de segundo poder tras el ejecutivo, ya que no existe justicia ni democracia parlamentaria.

Perfil más autoritario que el de su esposo; extravagante, rebelde, sinuosa, pérfida, sería la eventual presidente argentina, de no mediar un salvataje patriótico del archipiélago opositor.

Implacable con los enemigos (repúblicos adversarios si fuéramos una República). Directa y decidida para aplicar “el escarmiento” con todo rigor frente a toda manifestación opositora o periodística.

Acorazada “in pectore” ante eventuales estallidos sociales fogoneados por la propia distorsión económica del “cambio revolucionario” nacido de fórceps el 25 de mayo del 2003.

Néstor Kirchner realiza por su parte la tarea sucia de destruir “enemigos” como Sergio Acevedo y allana sibilinamente el camino de la “victoria a lo pirro” de su mujer. Ambos están tan enfermos de poder que sólo luchan por conservarlo sin medir las consecuencias que “2l paso adelante al final del precipicio” conducirá a la mayor tragedia social entre el pueblo argentino.

Los Kirchner han logrado sintetizar su demagogia absolutista empujando la realidad hacia delante.

La distorsión de los precios relativos; la desinversión energética provocada por hipócritas subsidios y retenciones a las exportaciones desde el comienzo del despotismo hace más de cuatro años; la cantidad de casos de corrupción que fueron explotando desde hace un año; el delito de adulteración de documentos públicos cometidos por jerarcas del I.N.D.E.C. que conducirá a Guillermo “Pistola” Moreno y su banda a ser procesados en concurso real por asociación ilícita (con pena de prisión efectiva para el jefe de la banda y los partícipes necesarios); el dinero negro de la Micelli, los 350 nombramientos de Romina Picolotti.

El contrabando de armas realizado desde el Ministerio de defensa en manos de quien –en su juventud - combatió para destruir a las Fuerzas Armadas y que 34 años vista lo logra “pacíficamente” en el desmembramiento etiológico y ante cúpulas entregadas al kirchnerato que no merecerían vestir uniforme (salvo el traje a rayas) y su futuro llamado a indagatoria por la subfacturación de supuestos desechos militares que no eran tales, que sólo defiende su artimaña de fiel discípula Balzista en fomentar - a través de su ex compañera de lucha armada Diana Conti - en acusar para suspender el jueves próximo al juez interviniente Guillermo Tiscornia.

Este juez será suspendido y renunciado no por todo lo que hizo mal sino por lo que hizo bien.

Y como paradoja del régimen, Nilda Garre, titular de dos Registros Automotores de la Capital Federal elige como enemigo contrabandista al nunca bien ponderado Ricardo Echegaray, titular de la Aduana. Ese mismo personaje que se encuentra denunciado en el tráfico de valijas portando clorhidrato de cocaína en estado puro en las “blancas valijas” de Southern Winds descubiertas en el aeropuerto de Barajas destinadas a la Embajada Argentina que fielmente a los postulados setentistas conduce el ex montonero Carlos Bettini, futuro Jefe de Gabinete ante un eventual triunfo de la Reina consorte.

Por el lado de la oposición, Mauricio Macri se mantendrá distante de cualquier “bendición” hacia un candidato definido. Se apoya en su 61% y regulará los tiempos y los números hasta principios de octubre. De existir a esa fecha un candidato que cuente con un 25% de intención de voto, jugaría toda su fuerza en apoyarlo y forzar el ballotaje con la reina consorte. Caso contrario, tratará de mantenerse al margen de una derrota que no le es propia a sólo 40 días de su asunción como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el 10 de diciembre de 2007.

No se jugará por López Murphy ni tampoco por Lavagna. Sabe que el peronismo anti-K antes del lanzamiento oficial de su formula presidencial integrada por Adolfo Rodríguez Saa y Jorge Sobisch, ya cuenta con un 10% de intención de voto, sólo dos puntos menos que el barrilete embolsado y ex ministro de economía durante 31 meses de Kirchner, Roberto Lavagna. Es conocido que la capacidad y humildad de Gerardo Morales suma más puntos que la del candidato a presidente por esa formula.

Si seguimos con Macri, la peor noticia para el gobierno fue su reunión con el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio. El jesuita más que un predicador es un analista social y por ende conoce mucho más de las miserias que padecen millones de argentinos frente a cualquier referente político que se tilde de tal.

Hablar de hambruna en el norte argentino es el mayor de los pecados que la dirigencia política puede cometer. Ellos solo pisan despachos alfombrados con aire acondicionado y de vez en cuando hacen turismo social para conocer qué es un pobre, visita imprescindible en época de campaña.

El temor a “la profecía de Bergoglio” ante una eventual rebelión de las masas carcome las vértebras del régimen.

Ningún argentino de bien desea presenciar un final similar al de Benito Mussolini y Claretta Petacci.

Sólo queremos recuperar la institucionalidad plena de una república perdida y de la reinserción de la Argentina en el concierto civilizado de las naciones.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, agosto 05 de 2007

 
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