La
estabilidad institucional argentina reposa en ciertos valores volcánicos
–adormecidos a simple vista- aunque con fecha incierta de estallido.
Las elecciones en Córdoba y el Chaco; las falaces mediciones del
INDEK y la traición del matrimonio presidencial frente al pueblo
de Gualegauychú en el tema de las pasteras se convierten emblemáticas
sobre la decadencia de un régimen que lleva consigo su propia autodestrucción.
“Traidor”
palabra empleada hacia Kirchner por los gualeguaychenses puede ser la
mecha que enciende la pólvora en estas cuatro semanas que nos separan
entre el despotismo consorte y la democracia liberal. Junto con el ex
montonero gobernador Jorge Busti, que en 1996 hablaba en “La Nación”
de las ventajas de la instalación de una papelera no contaminante
en nuestro margen del Río Uruguay.
“Fraude”
es la palabra que mas circula en Córdoba ante el reconteo de votos
de las elecciones celebradas el 2 de septiembre. Sabemos que los cordobeses
no son de callarse ni fáciles de manejar; aunque Luís Juez
por la cercanía de las elecciones presidenciales –ante el
pedido de Alberto Fernández- baje su tono crítico, a un
pueblo de pie y en lucha cívica no lo acallarán los mentideros
ni contubernios de cúpulas.
“Falacia
filibustera” sería la definición econométrica
de las mediciones del INDEK entre la inflación oficial y el 14%
de aumento en los precios de los supermercados. Quienes menos tienen fueron
los más perjudicados; ellos carecen de propensión marginal
al ahorro y deben gastar sus alicaídos ingresos en la canasta básica
alimentaria.
El impuesto inflacionario doblegó –y lo seguirá haciendo
cada vez más- al “gobierno revolucionario”.
En
materia internacional la visita del matrimonio a la “capital del
mundo occidental” – a pesar de los cambios de discursos de
quienes organizaron la “contra – cumbre” de noviembre
de 2005 en Mar del Plata – fue recepcionada por los dueños
de casa como una visita de campaña electoral de “la reina”
con resultados no esperados por el consorcio hegemónico. Bill Clinton
los recibió para “la foto”,
previa donación del gobierno argentino a la Fundación que
él preside de una importante suma en dólares. Pero la foto
tan deseada no fue lograda, Hillary Clinton y Condoleezza
Rice evitaron quedar pegadas ante la candidata oficial de “Kirchnerlandia”
como gesto de buena voluntad a la democracia argentina.
Ni
que hablar del discurso de Kirchner ante la ONU para congraciarse con
la comunidad judía al culpar a Irán de no facilitar pruebas
que esclarezcan la autoría criminal del atentado en la AMIA. No
logró ni lo uno ni lo otro: su propio ex funcionario y vocero inoficioso
Luís D’Elia calificó tal discurso como dirigido “a
la gilada”. Laura Ginsberg viuda de una de las victimas descalificó
las palabras del “amo del feudo” como oportunistas y ambivalentes.
Lo
más destacado de la frustrada gira internacional de campaña
fue la actitud de nuestro canciller Jorge Taiana: durante toda la
estadía de la comitiva no colocó ningún artefacto
explosivo bajo la mesa de un bar newyorkino. No reincidió en su
crimen avieso en los años de plomo como lo hiciera en un bar ubicado
en la esquina de Uruguay y Córdoba – junto a su ex esposa
(a) Inés - y por el que murieran un mozo y una dama que salía
del toillette.
Los
argentinos comenzamos a alumbrar un parto doloroso. Aunque parto al fin
luego del sufrimiento renacerá en el cuerpo social una República
que nos quitaron con la mentira oficial. Escribirá la historia
que nos suceda que el gobierno de Kirchner nos aisló del mundo
civilizado durante un ciclo económico creciente como hacía
más de cinco décadas no sucedía.
Que
privilegiaron la concentración del poder por el poder mismo y carecieron
de proyecto nacional.
Que
hicieron del resentimiento una bandera de lucha que en algún momento
–no lejano- se les echará en su contra.
Todavía
restan veintiocho días.
O
despertamos de este letargo o tendremos el mismo destino que el pueblo
judío camino a las duchas de los campos de concentración.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Septiembre 30 de 2007
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