Editorial
 
-Ante su eventual triunfo, el régimen sabe que envuelve su propia caída
Por Humberto Bonanata

 

Paradojas de un país al que le falta parir. A sólo 28 días del acto eleccionario, el despotismo no ilustrado sabe que aunque triunfe en primera vuelta –hecho aún no comprobado ni consumado- ese éxito lleva consigo la facturación popular de sus mentiras en estos 52 meses de toma del poder: no confundir con gobierno.

La estabilidad institucional argentina reposa en ciertos valores volcánicos –adormecidos a simple vista- aunque con fecha incierta de estallido. Las elecciones en Córdoba y el Chaco; las falaces mediciones del INDEK y la traición del matrimonio presidencial frente al pueblo de Gualegauychú en el tema de las pasteras se convierten emblemáticas sobre la decadencia de un régimen que lleva consigo su propia autodestrucción.

“Traidor” palabra empleada hacia Kirchner por los gualeguaychenses puede ser la mecha que enciende la pólvora en estas cuatro semanas que nos separan entre el despotismo consorte y la democracia liberal. Junto con el ex montonero gobernador Jorge Busti, que en 1996 hablaba en “La Nación” de las ventajas de la instalación de una papelera no contaminante en nuestro margen del Río Uruguay.

“Fraude” es la palabra que mas circula en Córdoba ante el reconteo de votos de las elecciones celebradas el 2 de septiembre. Sabemos que los cordobeses no son de callarse ni fáciles de manejar; aunque Luís Juez por la cercanía de las elecciones presidenciales –ante el pedido de Alberto Fernández- baje su tono crítico, a un pueblo de pie y en lucha cívica no lo acallarán los mentideros ni contubernios de cúpulas.

“Falacia filibustera” sería la definición econométrica de las mediciones del INDEK entre la inflación oficial y el 14% de aumento en los precios de los supermercados. Quienes menos tienen fueron los más perjudicados; ellos carecen de propensión marginal al ahorro y deben gastar sus alicaídos ingresos en la canasta básica alimentaria.
El impuesto inflacionario doblegó –y lo seguirá haciendo cada vez más- al “gobierno revolucionario”.

En materia internacional la visita del matrimonio a la “capital del mundo occidental” – a pesar de los cambios de discursos de quienes organizaron la “contra – cumbre” de noviembre de 2005 en Mar del Plata – fue recepcionada por los dueños de casa como una visita de campaña electoral de “la reina” con resultados no esperados por el consorcio hegemónico. Bill Clinton los recibió para “la foto”, previa donación del gobierno argentino a la Fundación que él preside de una importante suma en dólares. Pero la foto tan deseada no fue lograda, Hillary Clinton y Condoleezza Rice evitaron quedar pegadas ante la candidata oficial de “Kirchnerlandia” como gesto de buena voluntad a la democracia argentina.

Ni que hablar del discurso de Kirchner ante la ONU para congraciarse con la comunidad judía al culpar a Irán de no facilitar pruebas que esclarezcan la autoría criminal del atentado en la AMIA. No logró ni lo uno ni lo otro: su propio ex funcionario y vocero inoficioso Luís D’Elia calificó tal discurso como dirigido “a la gilada”. Laura Ginsberg viuda de una de las victimas descalificó las palabras del “amo del feudo” como oportunistas y ambivalentes.

Lo más destacado de la frustrada gira internacional de campaña fue la actitud de nuestro canciller Jorge Taiana: durante toda la estadía de la comitiva no colocó ningún artefacto explosivo bajo la mesa de un bar newyorkino. No reincidió en su crimen avieso en los años de plomo como lo hiciera en un bar ubicado en la esquina de Uruguay y Córdoba – junto a su ex esposa (a) Inés - y por el que murieran un mozo y una dama que salía del toillette.

Los argentinos comenzamos a alumbrar un parto doloroso. Aunque parto al fin luego del sufrimiento renacerá en el cuerpo social una República que nos quitaron con la mentira oficial. Escribirá la historia que nos suceda que el gobierno de Kirchner nos aisló del mundo civilizado durante un ciclo económico creciente como hacía más de cinco décadas no sucedía.

Que privilegiaron la concentración del poder por el poder mismo y carecieron de proyecto nacional.

Que hicieron del resentimiento una bandera de lucha que en algún momento –no lejano- se les echará en su contra.

Todavía restan veintiocho días.

O despertamos de este letargo o tendremos el mismo destino que el pueblo judío camino a las duchas de los campos de concentración.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Septiembre 30 de 2007

 
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