Editorial
 
-Luchar contra la propia sombra
Por Humberto Bonanata

 

A veintidós días de consumarse el continuismo kirchnerista en el poder, habita en los despachos oficiales un fantasma que nadie sabe cómo combatir: el arrastre inflacionario; la distorsión macroeconómica; la caída del salario real y la puja distributiva por el diluido ingreso.

La designación del joven Martín Lousteau a cargo de área económica aparece – al menos en lo ideológico- controvertida y condicionada al verdadero decidor oficiar de las políticas gubernamentales: Néstor Carlos Kirchner.

Por un lado continúan expoliando al campo y al sector petrolero –que los acompañaron en gran parte con su voto- a través de las retenciones a las exportaciones. Desconocen la doctrina de la Corte Suprema que dictamina que toda quita impositiva superior al 33% se considera confiscatoria, y por ende inconstitucional.

Por el otro mienten al decir que esta medida netamente fiscalista es con fines de contener los aumentos de precios internos en virtud del crecimiento del valor de los commodities en los mercados internacionales. Tratan de ampliar el colchón que les permita mantener el clientelismo y la prebenda como bandera de adormecimiento ciudadano.

La economía argentina cada vez de cierra más dentro de su autismo y el “neoferrerismo” (Aldo Ferrer) que nos propone morir con lo puesto…perdón “Vivir con lo nuestro”. Éste se ha convertido en el libro de cabecera de los tecnócratas cristinistas, Lousteau a la cabeza, frente a la creciente política aperturista de nuestros vecinos del subcontinente.

Pero el corolario de este enjambre intervencionista iniciado por Duhalde en 2002 se trasluce en el geométrico aumento de precios de los productos que integran la canasta básica alimentaria. Paradojas del montonerismo nacional y popular: cuanto más necesarios para la subsistencia son los productos, más aumentaron.

Hablar de “pacto social gelbardiano” con economía cerrada se asemeja al camino a las duchas que contenían el mortífero Zyklon B; siempre las consecuencias serán mortales.

La convertibilidad encubierta de 3 a 1 instaurada luego del golpe de Estado del 20 de diciembre de 2001 comienza a diluirse al traspolarse a dólares la inflación interna.

Todo conduce a un cuello de botella que ellos mismos crearon merced al viento de cola de la economía internacional.

Pero los asalariados no auscultan diariamente los valores de la Bolsa de Chicago; sólo ven diluir su “papel pintado” y resignan –por ahora- a cargar su changuito del supermercado con menos productos para alimentar a sus hijos.

Una sociedad aletargada, adormecida y contemplativa como la nuestra no implica resignar hasta la eternidad su resignación.

Por ahora…nada cambia.

Por ahora…sólo por ahora.

La historia reciente nos recuerda cómo un pueblo reacciona en las calles para defender el valor supremo de su cultura cívica: el bolsillo.

Que no lleguemos a eso, por el bien de todos.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Noviembre 18 de 2007

 
Ver más noticias II Ir al inicio