La
designación del joven Martín Lousteau a cargo de área
económica aparece – al menos en lo ideológico- controvertida
y condicionada al verdadero decidor oficiar de las políticas gubernamentales:
Néstor Carlos Kirchner.
Por
un lado continúan expoliando al campo y al sector petrolero –que
los acompañaron en gran parte con su voto- a través
de las retenciones a las exportaciones. Desconocen la doctrina de la Corte
Suprema que dictamina que toda quita impositiva superior al 33% se considera
confiscatoria, y por ende inconstitucional.
Por
el otro mienten al decir que esta medida netamente fiscalista es con fines
de contener los aumentos de precios internos en virtud del crecimiento
del valor de los commodities en los mercados internacionales. Tratan de
ampliar el colchón que les permita mantener el clientelismo y la
prebenda como bandera de adormecimiento ciudadano.
La
economía argentina cada vez de cierra más dentro de su autismo
y el “neoferrerismo” (Aldo Ferrer)
que nos propone morir con lo puesto…perdón “Vivir
con lo nuestro”. Éste se ha convertido en el libro de cabecera
de los tecnócratas cristinistas, Lousteau a la cabeza, frente a
la creciente política aperturista de nuestros vecinos del subcontinente.
Pero
el corolario de este enjambre intervencionista iniciado por Duhalde en
2002 se trasluce en el geométrico aumento de precios de los productos
que integran la canasta básica alimentaria. Paradojas
del montonerismo nacional y popular: cuanto más necesarios para
la subsistencia son los productos, más aumentaron.
Hablar
de “pacto social gelbardiano” con
economía cerrada se asemeja al camino a las duchas que contenían
el mortífero Zyklon B; siempre las consecuencias serán mortales.
La
convertibilidad encubierta de 3 a 1 instaurada luego del golpe de Estado
del 20 de diciembre de 2001 comienza a diluirse al traspolarse a dólares
la inflación interna.
Todo conduce a un cuello de botella que ellos mismos crearon merced al
viento de cola de la economía internacional.
Pero
los asalariados no auscultan diariamente los valores de la Bolsa de Chicago;
sólo ven diluir su “papel pintado”
y resignan –por ahora- a cargar su changuito del supermercado con
menos productos para alimentar a sus hijos.
Una
sociedad aletargada, adormecida y contemplativa como la nuestra no implica
resignar hasta la eternidad su resignación.
Por
ahora…nada cambia.
Por
ahora…sólo por ahora.
La
historia reciente nos recuerda cómo un pueblo reacciona en las
calles para defender el valor supremo de su cultura cívica: el
bolsillo.
Que
no lleguemos a eso, por el bien de todos.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Noviembre 18 de 2007
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