Como
cuando vivía en el edificio Cavanagh, Alicia Castro, otrora gremialista
aeroportuaria tratará que su platónico heredero de Juan
Perón, Hugo Chávez Frías, se entronice en el poder
absoluto del consorcio, hoy llamado Venezuela.
Como
hace sesenta y dos años un coronel demagogo y excedentario en recursos
no podía caminar por nuestro Banco Central porque las barras de
oro acumuladas se lo impedían, su heredero, coronel demagogo y
excedentario en petróleo juega en las urnas preparadas para el
fraude, como sucedió en la Argentina hace 33 días, convertirse
en el heredero de San Martín y Bolívar –Ernesto Guevara
incluido- que no pudo ser Perón.
Antes
era Braden, hoy es Bush el enemigo.
Siempre
necesitan confrontar para mantenerse vivos en el poder.
Aunque
los Estados Unidos sean los primeros importadores de petróleo venezolano,
el dictador cancerígeno Chávez busca ramificar la metástasis
fascistoide en el subcontinente.
La
futura guerra de secesión boliviana; la comparación con
Jesucristo que hiciera el resentido Daniel Ortega sobre Chávez
y la disolución del Congreso ecuatoriano marcan una profunda división
entre el indigenismo y el aperturismo hacia el mundo desarrollado.
Argentina
como siempre en el barro. Kirchner se encargó en 2006
de potenciar la contracumbre de Mar del Plata para demostrarle a Bush
el odio, resentimiento y envidia. Luego pagó una deuda no exigible
ante el F.M.I. pactada al 4% anual y se endeudó con Chávez
–quien compró nuestros bonos- a tasas cercanas al 10%.
Ahora
logró la reelección en la persona de su mujer ante un rumbo
indefinido.
La
canasta navideña será el peor regalo para quienes creyeron
que "el cambio recién comenzaba".
Quien
piense que algo cambiará en la Argentina por motus propio pecará
de inocencia o incultura cívica.
Quien
crea que todo está perdido y sólo nos resta esperar, pecará
de cobardía.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Diciembre 02 de 2007
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