Editorial
 
-Kirchnerato (segunda y última parte)
Por Humberto Bonanata

 

Con la asunción de Cristina Fernández de Kirchner como primera consorte reelecta en la historia de la democracia occidental, el kirchnerato comenzará a enfrentar diariamente los costos de 55 meses de gobierno populista, excedentario y ajeno al acontecer mundial en materia de inversiones en áreas claves para la sostenibilidad de un crecimiento distorsionado en su mayor parte por una economía encapsulada.

Su esposo, Néstor Kirchner, no le deja un lecho de rosas por transitar.

Quedan las espinas de los perfumes evaporados por la excesiva concentración del poder presidencial; la absoluta violación de los valores republicanos, institucionales y liberales que emanan de nuestra Carta Magna; el desprecio por todo aquello que suene a opositor (partidos políticos; prensa independiente); el uso de la justicia como longa manu del poder persecutorio hacia sus adversarios políticos –para él enemigos- y la sobreactuación en materia de derechos humanos que sólo enfocaron una estrábica falacia de la historia.

Confirma el kirchnerato parte II a los funcionarios más cuestionados por escándalos de corrupción. Más aún: los refuerza como mecanismo afirmativo de que “el Estado son ellos dos”.

Deja en manos de su esposa el nunca esperado ajuste tarifario que siempre recala entre las clases medias. ¿Cuántos miles de millones de pesos hemos perdido en estos 55 meses?... ¿Los mismos que les quitaron a los exportadores con las retenciones?... ¿Quién terminó beneficiándose con una economía implosiva en 2008?

Sin dudas que el 45% del electorado que eligió por el continuismo deberá soportar al igual que quienes votamos otras opciones el mismo castigo macroeconómico. Aunque sin duda ellos serán los más defraudados porque se sentir partícipes necesarios de las convulsiones sociales.

Los índices de abrupta caída en la calidad educativa premiaron al ministro del área Daniel Filmus con su frustrada candidatura a Jefe de Gobierno porteño y luego con la de senador electo por los kirchneristas porteños por el término de seis años.

La denuncia por contrabando de armas contyra la ministro de Indefensión, Nilda Garré, no culminó con su indagatoria como en derecho presupone. Llevaron a juicio al juez Guillermo Tiscornia, del que saldrá defenestrado, y confirmaron a la montonera in péctore como ministra de destrucción de nuestra defensa nacional.

Los índices de indigencia que atraviesan los hospitales públicos premiaron al ministro del área Ginés "genérico” González García con la embajada en Chile, merced al fuerte impulso de la Iglesia católica que impidió su continuidad en la insalubridad pública.

Los índices de inseguridad ciudadana y progresía en el uso de estupefacientes en todos los niveles premiaron al “todólogo” Aníbal Fernández con en el enroque desde la cartera de Interior a la de Justicia y Derechos Humanos (del terrorismo montonero).

Los índices de soberbia, eficiencia macchiavélica y transformismo político premiaron a Alberto “Rasputín” Fernández con la continuidad en el manejo del presupuesto en abierta violación al contralor y división de poderes que una República delega al Congreso de la Nación.

Respecto a nuestro lugar en el mundo como nación civilizada, el retroceso más grave en 24 años de democracia lo hemos vivido con el gobierno que se va. ¿lo seguiremos viviendo con el gobierno que continúa o la derrota del tumor metastático latinoamericano, Hugo Chávez Frías, acomodará las mentes de los burócratas en miras de reiniciar el largo proceso de recuperar la credibilidad perdida en el concierto civilizado de naciones?.

Todas son preguntas a las que nadie puede aseverar una respuesta.

Porque si algo nos dejan estos 55 meses de concentración de poder es justamente lo contrario: la inseguridad en la amplitud de criterios y consensos en el marco republicano.

Cambia, sólo cambia el comienzo del fin del régimen más despota que conociera la democracia argentina desde 1983.

Cuanto más poder requiere menor es su base de sustentación institucional.

Aunque muchos de nosotros hoy no la tengamos, debemos fortalecer nuestra esperanza y mantener nuestros ideales incólumes frente a un centralismo que puede frenetizarse al agravarse los acontecimientos.

La libertad y la democracia es mucho más que los Kirchner y que nosotros mismos.

Eso es lo único que nos queda claro.

Humberto Bonanata

Diciembre 09 de 2007

 
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