Con la “Carta del Lavoro” como precepto mussoliniano la columna
vertebral de un movimiento con raíces no democráticas, sólo
en 1988 (con las elecciones internas en las que Menem venciera a Cafiero)
pareció esbozar un cambio que, lamentablemente fue una estrella
fugaz en la democracia argentina. Luego Menem y ahora Kirchner volverían
a los ancestros personalistas con una única lealtad admisible:
la lealtad al líder.
No nos debe sorprender que en el año de los 25 años de la
recuperación de la democracia formal en nuestro país todo
gire en las ramificaciones de un partido único en desmedro de los
opositores. Éstos poco hicieron en unificar criterios contrapuestos,
mantener la libertad y los valores republicanos como única bandera.
Lamentablemente, con el golpe institucional del 20 de diciembre de 2001
llevado a cabo por Duhalde y la corporación empresaria argentina,
quedó demostrado que a cualquier partido opositor al régimen
le resulta imposible sostenerse en el gobierno.
Ya le había sucedido a Alfonsín en 1989 con la hiperinflación
galopante y la toma de supermercados como andamiaje golpista para hacer
caer un gobierno legítimo. Le sucedió a De la Rúa
a quien sólo lo dejaron gobernar 740 días y mucho antes
a Don Arturo Illia, aquella “tortuga” hoy reconocido como
estadista. Arturo Frondizi, también de origen radical, padeció
constantemente el asedio sindical-militar y cayó al promediar su
gobierno.
Siempre la constante fascistoide del sindicalismo prevaleció sobre
los valores republicanos. Fueron y siguen siendo los árbitros que
inclinarán la balanza de connivencia o ruptura con los gobiernos.
Nadie podrá olvidar que Augusto Timoteo Vandor –luego asesinado
por mafiosas rencillas sindicales- concurrió como invitado de honor
a la asunción del presidente de facto Juan Carlos Onganía.
En la actualidad, la noria sigue girando tras la burocracia sindical.
Moyano y Barrionuevo pugnan por mantener el verdadero poder político
de la Argentina. Aunque todo queda en familia, los enfrentamientos irán
in crescendo hasta principiar la batalla; luego los repartos espurios
calmarán a “las fieras” sedientas de poder.
En las últimas dos elecciones presidenciales, el peronismo ramificó
sus candidatos en tres. También lo hizo en las parlamentarias del
2005 al dividirse entre duhaldistas y kirchneristas. Otra vez en nuestra
historia la oposición era convidada de piedra a la “real
politik” democrática. Dividir para gobernar en sentido inverso
al propuesto por Nicola Macchiavello. En este caso la división
les aseguraba el pleno protagonismo político: ellos eran y siguen
siendo gobierno y oposición.
Pero no toda la culpa de nuestras falencias recae sólo en el peronismo.
La oposición, muchas veces concordante y otras tantas miserables
y egocentrista, sirvió la mesa del poder a quienes siempre lo tuvieron
como sustento de vida: el poder por el poder mismo.
Ahora Kirchner para blanquear su acumulación de poder anuncia el
llamado a elecciones internas en el justicialismo para elegir sus representantes
a la conducción de lo que debería ser un partido. Si así
fuera y si el año que viene el peronismo sólo llevará
los candidatos previamente electos en internas revivirá la esperanza
no sólo en el movimiento fundado por Juan Perón sino en
todo el arco político nacional. Aunque somos escépticos,
le damos la derecha en esta jugada y la bienvenida a la pluralidad de
pensamiento.
Caso contrario, habrá logrado destruir la propia oposición
interna y socavar las fuentes opositoras. Esperamos equivocarnos y que
todo sirva para afianzar la participación ciudadana en todos los
partidos políticos.
Esta es la Argentina que vivieron nuestros padres y que lamentablemente
padecemos nosotros y nuestros hijos.
Nada en política cambia por generación espontánea
sino por la voluntad participativa de quienes se quejan de las consecuencias
sin actuar den las causas.
De no cambiar la conciencia cívica de los argentinos y comprender
que se nos va la vida en devaneos estériles, podremos seguir votando
cada dos años mas nunca disfrutaremos de los valores ínsitos
de la democracia y la libertad como forma de vida.
Aunque cada día mas viejos, siempre estamos a tiempo.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Enero 27 de 2008
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