Nuestra
democracia vive el peor momento de sus casi 25 años de reestablecimiento.
El poder va por todo el poder sin miramiento alguno del respeto hacia
los opositores –desunidos y egoístas- que no crean alternativas
en la larga noche que se avecina y sólo comentan los juegos estratégicos
del “amo del feudo”.
La
traición de Lavagna a su tres millones y medio de votantes fue
la gota que desbordó el vaso y transparentó maléficamente
el plan de afianzamiento del kirchnerato. Como ya lo dijimos, Lavagna
nunca actuó en política: siempre fue peronista.
Y como tal sólo responde con lealtad al Jefe. La necesidad que
-dentro del movimiento que creara Perón inspirado en Mussolini-
se conforme un polo opositor interno es raíz de sustento del sistema
democrático en la Argentina.
Todos
sabemos el daño ínsito que conlleva un partido único:
mientras gobierna aplasta con todo; cuando se cae, se cae todo.
Éste es el peligro sistémico
que atravesamos al comenzar 2008; que los pesos y contrapesos de la democracia
inclinen la balanza hacia un solo polo, el kirchnerismo y que ni dentro
ni fuera renazca necesariamente una alianza opositora con un plan alternativo
y con propuestas válidas –no sólo reproches- a los
actos de gobierno que emanan desde Puerto Madero.
Lamentablemente
para los argentinos afloran la inexistencia de políticas de Estado
propias del poder presidencial; la presidente -a sólo dos meses
de asumir su cargo delegado por su esposo- genera un triste papel de dependencia
en la toma de decisiones que se han hecho notar en ausencia.
Cristina Kirchner sigue hablando
para la tribuna como si estuviera en campaña, nada hace sin consultar
al jefe y desnaturaliza la función ejecutiva hacia la fuerza centrífuga
que parece avanzar sobre nuestra libertad republicana sin miramiento alguno.
Seguimos
siendo espectadores de nuestro propio fracaso.
No demostramos organización
cívica junto a quienes representan nuestras ideas y nada hacemos
para obligarlos a que cumplan con su función republicana; convertirse
de una vez y para siempre en el reaseguro dd nuestro sistema de vida.
Ellos tienen la obligación
de representarnos. De deponer egocentrismos ante la gravedad de la hora
y aunar criterios básicos de convivencia civilizada.
Los
traidores quedarán en el camino de la historia: Borocotó,
Lavagna, Duhalde y otros que puedan sumarse al “Reich
de los 1.000 años” se suicidaron involuntariamente
en defensa de sus intereses espurios. No debemos olvidarlos porque actitudes
pueriles como esas fortalecerán nuestro camino a la libertad.
Cuando choque la calesita y toda
la burbuja macroeconómica carcoma los bolsillos de los argentinos,
se dará vuelta –casi sin darnos cuenta- el reloj de arena
del poder de hoy.
Para
eso debemos estar preparados; para recuperar la república robada.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Febrero 10 de 2008
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