“No son
cipayos los que compran sino los que se dejan comprar” decía
Hipólito Yrigoyen y nunca más cierta esta frase para el
cúmulo de alcahuetes que sacaron número para ser atendidos
y bendecidos en nombre del poder eterno por el “amo del feudo”.
Desde allí,
aunque sin quererlo, Kirchner está desgastando anticipadamente
el poder delegado a su esposa. Sólo han pasado setenta y tres
días desde su formal asunción y –a pesar de su poca
dedicación a los asuntos de Estado, Cristina Fernández
será recipiendaria pasiva del vacío de poder que ella
misma colabora en afianzar.
El ciudadano común
sólo puede apreciar dos tipos de poder: el poder desde las sombras
y el poder desde los noticieros televisivos. El primero sólo
dedica su tiempo en consolidar “la revolución del resentimiento”
iniciada el 25 de mayo de 2003 con la asunción del ahijado de
Duhalde a la Presidencia de la República. Para ello debe disciplinar
todo el espectro justicialista primero y luego ir por los “débiles
de espíritu” que esperan ser cotizados en precio y alma.
Elegidos
los futuros congresales del peronismo por su puño y letra éstos
se encargarán de elegirlo a él como “duce factotum”
del movimiento más popular e inentendible de la Argentina. Una
agrupación que celebra “el día de la lealtad”
a los tiros y que sólo es leal a quien gana la pulseada, enterrando
vivo –si fuera necesario- a quien lo hubiera catapultado al poder
pocas horas antes.
La
lealtad a un líder muerto hace treinta años es el reflejo
de la traición contemporánea.
El
otro poder –el de los noticieros televisivos- aunque no
tan profundo en su estrategia resulta más dañino en el núcleo
de la sociedad. Durante la semana que finalizó el incendio del
depósito clandestino del barrio de Once llevó a competir
a los tres canales de noticias durante 32 horas para castigo de los televidentes;
la rehén de Pontevedra (Merlo Bs.As.) apareció en escena
cuando el incendio ya estaba dominado y los accidentes de tránsito,
homicidios y asaltos completaron la escena. El acampe de los cartoneros
en Pampa y la vía (Belgrano) y la supuesta extorsión y cohecho
en grado de tentatiiva de Pinamar completaron el cuadro.
La
visita de Lula a la “Reina Cristina” sólo remarcó
protocolo y sonrisas estériles. Cuando el afianzado líder
latinoamericano comenzó a profundizar los problemas energéticos
de la región, los periodistas fueron “invitados a retirarse”
de la que era una apacible reunión social porque “no debían”
escuchar las verdades que el heredero del Imperio Otomano. Brasil no cederá
un cm3 de gas mal administrado durante las gestiones de los Kirchner desde
hace casi ocho años, “Evito” Morales tampoco ampliará
su exportación ante nuestra desidia: deberemos ser responsables
de nuestros propios actos aunque debamos dormir con frazadas térmicas
en invierno.
En
lo interno, la delegada consorte pactó con el golpista Moyano un
tope del 19,5% al cierra el acuerdo con los camioneros. La U.O.C.R.A.
–histórica enemiga de su banda- suscribe el mentiroso aumento.
Ambas corporaciones de vándalos saben que las mejoras no remunerativas
elevarán el salrio nominal de sus súbditos en un 25%. Aquellos
gremios sin poder de fuego deberán conformarse con el techo del
19,5% oficial.
¿Cuántos
años hace que un gobierno no reconoce sus mentiras inflacionarias
a través de acuerdos sectoriales? .¿Puede el “efecto
derrame” del progresismo kirchnerista permitir que se aumenten los
salarios un 100% más que la inflación oficial?. ¿Serían
capaces de dilapidar aún más el mendaz superávit
fiscal –aumentado geométricamente por las jubilaciones otorgadas
durante la campaña electoral a quienes casi nunca habían
aportado- si la inflación real de 2007 no hubiera superado el dígito?.
Todo
es una gran mentira, pilar fundacional de un régimen que sigue
sumando enemigos silenciosos en aquellos ciudadanos que padecemos los
ultrajes institucionales potenciados con el diario aumento de la canasta
básica alimentaria.
Todo
tiene un final…todo termina, cantaba Vox Dei en los sangrientos
setenta. Lo cierto es que más temprano que tarde el único
potenciador de la “valentía” de la clase media argentina
es la destrucción del propio bolsillo.
Esa
cobardía ínsita en la mayoría de nuestro pueblo,
sin necesidad que Duhalde movilice a su “ex barones del conurbano”
para voltear un gobierno electo por casi diez millones de argentinos,
algún día pedirá al régimen explicaciones
institucionales y recuperará dentro de la libertad y la democracia
el poder constituyente que le ultrajaron.
Humberto
Bonanata
Buenos Aires, Febrero 24 de 2008
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