Algunas carpetas
algo desprolijas suscriptas bajo la presidencia del yuppie Presidencia
en el Banco de la Provincia de Buenos Aires y su eventual presentación
a la justicia en caso de insubordinación al régimen, le
hicieron frenar su intento de huída. Parece que el joven prefiere
escapar de las llamas antes que recorrer los desgastados pasillos de
los Tribunales Federales.
Su maestro Javier González
Fraga le había aconsejado presente su renuncia antes de que sea
tarde, antes que la espiral inflacionaria y la mentira sobre sus índices
desemboquen en fuertes protestas de todos los sectores sociales para mitad
de año.
Ayer
comenzó marzo y terminaron las vacaciones de la delegada presidencial.
Visitó la “Escribanía Mayor de Gobierno”
(Congreso Nacional) con carácter formal para dar iniciado al 126mo.
período ordinario de sesiones.
Todos
sabemos que la continuidad de la emergencia económica y los superpoderes
otorgados a Alberto “Rasputín” Fernández
han transformado al debate republicano en un dejavú lastimosamente
decadente.
Que la oposición no puede
ejercer el contrapeso de poder –pilar de las democracias modernas-
ya que todo lo discutido es aplastado por la votocracia del número,
sin lugar a consensos que logren aunar ideas de los sectores representativos
de la sociedad.
Retornando
al máximo desestabilizador del gobierno nacional y popular –el
impuesto inflacionario- el descontrol y el no hacer nada para cambiar
la dirección del “autito chocador” preocupa
a propios y a extraños.
A
propios que recuerdan su juventud y la “inflación cero”
de Gelbard con su final por todos conocido: “el
rodrigazo”. Y a extraños al hegemonismo gobernante
porque no deseamos ver nuevamente enfrentamientos entre argentinos por
pujas distributivas, porque en ello perdemos todos.
El
cuarto de siglo de la reinstauración democrática –con
el interregno del golpe institucional de 2001- no será fácil
para los argentinos.
Para
el gobierno porque verá cómo su soberbia lo
lleva a perder las verdaderas riendas del poder.
Para
la oposición, por aún sabiendo cómo
termina esta gran mentira, es incapaz de reunirse en una multipartidaria
Siglo XXI, deponer sus egocentrismos y seguir siendo, aunque no lo quiera,
absolutamente funcional al despotismo kirchneriano.
Faltan
actitudes de grandeza de ambas partes para evitar males irreparables para
el cuerpo social.
Cada
uno de nosotros debemos convencernos que nunca es tarde cuando
la participación republicana nos convoca. Que sólo
la libertad y la democracia participativa nos llevarán al crecimiento
como Nación.
Que ninguno es ajeno a nuestras
propias vivencias cívicas y que todos estamos obligados a luchar
en defensa de nuestras causas libertarias.
Si
nada hacemos, otros lo harán mal por nosotros.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Marzo 02 de 2008
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