Aún
así, la prestancia del gobernante colombiano, a todas luces junto
con Lula – su ausencia fue más fuerte que su presencia-
demostraron quiénes tienen más claro hacia dónde
va el mundo civilizado del siglo XXI.
Uribe
descolló ante el discurso del embajador del alicaído Chávez
en la Cumbre, Rafael “Cassius” Correa.
Inteligente,
con un discurso prearmado aunque sumamente soberbio, el heredero de la
mirada provocadora de Cassius Clay en la década de los sesenta
durante los pesajes previos a sus peleas, Correa jugó las veces
de ofendido por el ataque regular de los colombianos a “la
colmena” de las F.A.R.C. sin perjuicio que Ecuador
cedía su territorio a las nómades incursiones narco-terroristas
sin hesitarse.
El
triunfo rotundo de Uribe fue instalar ante sus “juzgadores de
baja estofa” que las F.A.R.C. no son un ejército de
liberación sino un grupo terrorista que lucra con su primigenia
doctrina cincuentenaria.
Es
de merituar favorablemente la figura del anfitrión dominicano,
Leonel Fernández ante una Cumbre que presagiaba enfrentamientos
más que verbales y de bajo tenor.
Si
ello no sucedió fue especialmente por la taciturna intervención
del dictador petrolero Hugo Chávez Frías quien prefirió
convertirse en “un león herbívoro”, delegar
en el soberbio Correa el ataque y jugar el papel de amigable componedor.
Nada es casual en política y a Chávez comienza a preocuparle
su frente interno ante la escasez de alimentos y el malestar social frente
a un pueblo que esta vez sí será representado por una oposición
unida por sobre sus intereses sectoriales.
La
delegada de Néstor Kirchner limitó su discurso a rechazar
la “doctrina de la unilateralidad” puesta en práctica
por Colombia ante la persecución y posterior aniquilamiento del
cuartel narco-terrorista albergado por Correa.
Hizo
galas de su arte discursivo para reivindicar a su género en comparación
con la histeria masculina. No dudamos que de histeria masculina conoce
bastante por la convivencia matrimonial desde hace décadas con
el nuevo amo del peronismo.
Y
lamentablemente debemos decir “amo” porque el movimiento
creado por Perón y el Grupo de Oficiales Unidos (G.O.U.) que tomó
notoriedad oficial con el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, desguazó
lo andado por los “renovadores” de la década
del ochenta y volvió a sus viejos vicios: todos responden al jefe
de turno hasta que caiga, cuando ello suceda lo pisan y siguen al continuador.
Sin
haberlo votado en ninguna de sus tres postulaciones debo reconocer que
en sesenta y cinco años de historia del movimiento heredado de
Mussolini, Carlos Menem fue quien más poder distribuyó entre
todos sus compañeros y quien más traicionado resultó
a lo largo de su historia.
El
Congreso Justicialista sin dudas marca el futuro inmediato de la historia
argentina. “Acá hay peronismo para rato”
decía a quien quisiera oírlo el vetusto y camaleónico
Cafiero. Y lo peor es que puede tener razón de no mediar una concientización
en la oposición.
Toda
estructura monolítica y unívoca conduce siempre a un final
traumático.
Sólo
la asunción y el final del segundo gobierno de Menem produjeron
en estos casi veinticinco años de reinstauración democrática
un mantenimiento en la solidez de los partidos políticos liberales
en sentido lato, únicos capaces de sostener una democracia republicana.
Cuando
un gobierno se convierte en increíble al burlarse de sus propios
ciudadanos con la incesante escalada inflacionaria, se hace preso de su
propia mentira. Cuando el pueblo, en menos tiempo del pensado por los
burócratas de turno, descubra día a día el engaño,
los pies de barro de Néstor 1ro. pueden no ser suficientes para
huir hacia la nada.
No
nos cansaremos de decir que son tan culpables quienes desgobiernan como
quienes complacientemente juegan a oponerse.
Como
la democracia y la República son superiores a ellos, confiamos
en el día en que todos juntos comencemos a crecer.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Marzo 09 de 2008
|