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será la misma la relación del kirchnerismo en el poder con
sus votantes del 28 de octubre, muchos de ellos chacareros y relacionados
con el mayor aporte que tuvo el tesoro nacional durante el gobierno de
Néstor Kirchner. Una primera parte de gobierno con viento de cola
que parece comenzar a hacer aguas en las cuentas fiscales, motivo principal
de la acumulación que sostuvo al prebendarismo y fortaleció
al hegemonismo nacido el 25 de mayo de 2003.
Por ello pueden equivocarse quienes crean que la delegación gubernamental
en la persona de su mujer comenzó hace sólo 105 días.
Los Kirchner el mes que viene cumplirán 60 meses en el poder y
los apoyos ciudadanos en las calles no sólo fueron para el campo
sino con “efecto bronca” ante los salarios que la inflación
diluye semanalmente, trayéndonos a la memoria algo que en la “infame”
década de los noventa creíamos superados.
Por ello –y para descomprimir su carácter alterado- y quitarle
presencia histórica a la Gesta de Malvinas, decidió prohibir
el uso de la palabra a un ex combatiente que sólo deseaba expresar
sus vivencias como soldado en el acto oficial organizado supuestamente
para tal fin.
La gente se cansó. Les perdió no sólo el respeto
sino el miedo. Los conoce tan autoritarios como endebles, tan prepotentes
como inútiles ya que desde que el campo se convirtió en
“factor de poder” con apoyo ciudadano, no dejaron error por
cometer.
D’Elía es Kirchner y lo representa en su modo patoteril como
siempre gobernaron Santa Cruz. Nada haría, a pesar de su intemperancia,
sin la quiescencia del matrimonio gobernante. Dice lo que su amo no debe
decir y es el encargado de diluir las pacíficas manifestaciones
ciudadanas con sus “fuerzas de choque”, a las que nosotros
desde hace tres años llamamos “círculos kirchnerianos”.
Como si los desaciertos y enemigos fueran pocos, la delegada presidencial
montó en cólera contra la prensa al acusarla de desestabilizar
su “gobierno” al reclamar transparencia institucional, hecho
burlado en cada acto de gobierno. La prensa, como “enemigo bipolar”
puede constituirse junto al campo y los partidos políticos –si
se deciden- en los verdaderos potenciadores del malestar social que explotó
en marzo.
Si no deponen la soberbia enfermiza y no encuentran sus fantasmas en sus
propios actos, el gobierno –no el sistema- habrá sufrido
el comienzo sin fin de quebraduras y el determinante de cómo y
cuándo terminará esta historia que se precipita con final
incierto.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Abril 06 de 2008
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