Editorial
 
-Maquillaje sin salida
Por Humberto Bonanata

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Desde que Néstor Kirchner reasumió el mando el 10 de diciembre pasado, y a menos de cumplirse su primer quinquenio en el gobierno, resulta vergonzante para la institucionalidad de nuestra formalidad democrática la estrepitosa degradación política sufrida por su esposa, quien a pesar de sus altisonancias personales, nada hace ni nada puede hacer para que su propio esposo la conduzca al fracaso.

 
Claro que el fracaso será conjunto y la mayor animosidad y traición caerá por un personaje autocrático que supo rebajar las miserias humanas de sus súbditos a lo peor que puede sufrir alguien que se precie de tal: el alquiler liso y llano de su transitoria voluntad.

Como tantas veces lo hemos dicho en esta columna los amanuenses más fanatizados serán sus primeros traidores. Claro que para el momento en que el pueblo diga basta un Hércules C-130 resultará pequeño para transportar a la banda en fuga.

El nombramiento de su empleado “joker” Carlos Fernández no ha hecho sino confirmar hacia dónde vamos. Hacia la acumulación de poder en una sola persona que “profundizará” su modelo de equivocaciones en materia económica; aumentará el cierre de nuestros potenciales mercados; aplicará la -suspendida por Menem- ley de abastecimiento; arrestará comerciantes de bajo nivel y profundizará las persecuciones a los periodistas que dicen lo que ven –y no lo que le pagan por ver- utilizando insanamente la Ley de Defensa de la Democracia ante una autoinventada conspiración.

El punto final de “la profecía de Bergoglio” sería el establecimiento del estado de sitio y la suspensión de las garantías constitucionales.

En los mentideros políticos ya no se habla si esto pasará, sólo apuestan a acertar cuándo pasará.

Todos sabemos que la personalidad de Kirchner no se caracteriza por la valentía sino por la provocación, descalificación, judicialización de los conflictos socio-políticos en su contra hasta forzar el hilo en grado sumo y huir en caso de derrota social.

Cuando Alfonso Prat Gay decía hace seis meses que había que enfriar un poco la economía para evitar una escalada inflacionaria, no se equivocaba. Caso contrario, como sucede en 2008 con una inflación ponderada del 40% anual, la pérdida del poder adquisitivo y el enfriamiento compulsivo del consumo lo hará el mercado, como ya ha comenzado a notarse en productos de primera necesidad. Álvaro Alsogaray nos hablaba hace dos décadas de un término que el preludio hiperinflacionario de 1989 nos mostraría por primera vez en nuestra historia: la estanflación; estancamiento con inflación.

Y cuando los planes sociales y prebendarios no alcanzan para que sus mantenidos puedan mendigar dignamente; cuando los subsidios distorsivos de los commodities se constituyen en pilar de una economía enferma; cuando perdemos la cuota Hilton en manos de nuestros hermanos uruguayos por no estar insertos en el mundo, las señales que se avecinan no son de humo proveniente de pastizales comenzados a incendiar el 5 de abril y comenzados a combatir diez días después.

El campo fue el detonante de la lucha por nuestros valores conculcados. Aunque algunos de sus principales dirigentes hayan concurrido al juramento del empleado Fernández como señal de voluntad de diálogo, este hecho no hizo más que aumentar la bronca de los pequeños productores que son, en definitiva, los brazos ejecutores de una lucha social que en nada ha cambiado por parte del gobierno para retrotraer el decreto de las retenciones móviles que Néstor Kirchner y “Pistola” Moreno le hicieron firmar al yuppie Lousteau.

La ilegítima prisión preventiva de Luís Abelardo Patti ante la sospecha judicial de haber encubierto a un acusado por “lesa humanidad” por el solo hecho de haberlo llamado telefónicamente y especialmente su desafuero como diputado nacional electo en 2005 por mas de 400.000 bonaerenses sin haberle permitido jurar como diputado, a pesar del fallo ordenatorio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, marcan el grado de compulsividad enfermiza de un gobierno en franca debacle.

Estamos frente al principio de la nada. La nada significa anomia, oscurantismo, desintegración social, terror y temor como respuesta del ya lejano principio de autoridad.

La nada es como “la calma chicha”. Todos sabemos qué aparece después.

El “todo” es la recuperación de la libertad y la democracia plena como sistema de vida.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Abril 27 de 2008

 
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