Claro
que el fracaso será conjunto y la mayor animosidad y traición
caerá por un personaje autocrático que supo rebajar las
miserias humanas de sus súbditos a lo peor que puede sufrir alguien
que se precie de tal: el alquiler liso y llano de su transitoria voluntad.
Como
tantas veces lo hemos dicho en esta columna los amanuenses más
fanatizados serán sus primeros traidores. Claro que para el momento
en que el pueblo diga basta un Hércules C-130 resultará
pequeño para transportar a la banda en fuga.
El
nombramiento de su empleado “joker” Carlos Fernández
no ha hecho sino confirmar hacia dónde vamos. Hacia la acumulación
de poder en una sola persona que “profundizará”
su modelo de equivocaciones en materia económica; aumentará
el cierre de nuestros potenciales mercados; aplicará la -suspendida
por Menem- ley de abastecimiento; arrestará comerciantes de bajo
nivel y profundizará las persecuciones a los periodistas que dicen
lo que ven –y no lo que le pagan por ver- utilizando insanamente
la Ley de Defensa de la Democracia ante una autoinventada conspiración.
El
punto final de “la profecía de Bergoglio”
sería el establecimiento del estado de sitio y la suspensión
de las garantías constitucionales.
En
los mentideros políticos ya no se habla si esto pasará,
sólo apuestan a acertar cuándo pasará.
Todos
sabemos que la personalidad de Kirchner no se caracteriza por la valentía
sino por la provocación, descalificación, judicialización
de los conflictos socio-políticos en su contra hasta forzar el
hilo en grado sumo y huir en caso de derrota social.
Cuando
Alfonso Prat Gay decía hace seis meses que había que enfriar
un poco la economía para evitar una escalada inflacionaria, no
se equivocaba. Caso contrario, como sucede en 2008 con una inflación
ponderada del 40% anual, la pérdida del poder adquisitivo y el
enfriamiento compulsivo del consumo lo hará el mercado, como ya
ha comenzado a notarse en productos de primera necesidad. Álvaro
Alsogaray nos hablaba hace dos décadas de un término que
el preludio hiperinflacionario de 1989 nos mostraría por primera
vez en nuestra historia: la estanflación; estancamiento
con inflación.
Y
cuando los planes sociales y prebendarios no alcanzan para que sus mantenidos
puedan mendigar dignamente; cuando los subsidios distorsivos de los commodities
se constituyen en pilar de una economía enferma; cuando perdemos
la cuota Hilton en manos de nuestros hermanos uruguayos por no estar insertos
en el mundo, las señales que se avecinan no son de humo proveniente
de pastizales comenzados a incendiar el 5 de abril y comenzados a combatir
diez días después.
El
campo fue el detonante de la lucha por nuestros valores conculcados.
Aunque algunos de sus principales dirigentes hayan concurrido al juramento
del empleado Fernández como señal de voluntad de diálogo,
este hecho no hizo más que aumentar la bronca de los pequeños
productores que son, en definitiva, los brazos ejecutores de una lucha
social que en nada ha cambiado por parte del gobierno para retrotraer
el decreto de las retenciones móviles que Néstor Kirchner
y “Pistola” Moreno le hicieron firmar al yuppie Lousteau.
La
ilegítima prisión preventiva de Luís Abelardo Patti
ante la sospecha judicial de haber encubierto a un acusado por “lesa
humanidad” por el solo hecho de haberlo llamado telefónicamente
y especialmente su desafuero como diputado nacional electo en 2005 por
mas de 400.000 bonaerenses sin haberle permitido jurar como diputado,
a pesar del fallo ordenatorio de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
marcan el grado de compulsividad enfermiza de un gobierno en franca debacle.
Estamos
frente al principio de la nada. La nada significa anomia, oscurantismo,
desintegración social, terror y temor como respuesta del ya lejano
principio de autoridad.
La
nada es como “la calma chicha”. Todos sabemos qué
aparece después.
El
“todo” es la recuperación de la libertad y la democracia
plena como sistema de vida.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Abril 27 de 2008
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