El
mes del “oscuro túnel” como
llama Carrió a junio de 2008 nos depara todos los días una
nueva chispa de conflictividad social. La Quiaca, Roque Pérez,
San Pedro, Ramallo, Gualegauychú o cualquier otra ciudad del interior
demuestran al kirchnerato II parte encabezado por “Isabelita”
Fernández que, a pesar de haber mandado a los propietarios de camiones
transportadores de cereales a cortar las rutas para asustar con el colapso
y el desabastecimiento generalizado, no logra encauzar los dislates de
su “gobierno”.
Ante
el despropósito de un gobierno que hace de la confrontación
su base de sostenimiento, la dirigencia agropecuaria respondió
con grandeza y decidió levantar el paro a partir de mañana
lunes en espera de la utópica convocatoria gubernamental
para resolver el conflicto. A casi tres meses de comenzada
la histórica lucha de los derechos del interior frente al despotismo
porteño en el manejo de la caja de todos los argentinos el conflicto
sectorial se ha transformado en una causa nacional.
Lo
que nadie puede predecir que las bases chacareras sigan soportando la
humillación y el “ninguneo”
de estos noventa días de escape hacia el abismo de los Kirchner.
La
historia que comenzó a escribir el campo “harto
ya de estar harto” ya nos pertenece a todos. A quienes
estamos crispados por el despotismo que anuncia la crónica de su
muerte anunciada; la prepotencia y el hostigamiento en lugar del diálogo;
el desmanejo macroeconómico que se transformó en una máquina
de hacer pobres; la neurosis política como forma de negar la realidad
de cinco años de desunión entre los argentinos y el hambre
que amenaza con expandirse como un tumor maligno…en la tierra de
los alimentos.
Prueba
de ello lo sucedido en la toma de la Municipalidad de la Quiaca
cuando jujeños cuasi-famélicos reclamaron el aumento
de los planes sociales de 150 pesos que no alcanzan a
superar las mínimas y básicas necesidades alimentarias insatisfechas
a 500 pesos. El sacerdote Jesús Olmedo
(oligarca y complotador) que acompañó a sus feligreses
en el reclamo recibió dos impactos de balas de goma en su cuerpo.
Aquí
nada tiene que ver el reclamo del campo. Aquí aparece
la pobreza como síntoma de disgregación y estallido social.
Desde un lejano terruño norteño comienza a expandirse a
lo largo y a lo ancho del país un foquismo inmanejable e impredecible.
Es
la respuesta del cansancio colectivo a la repetición soberbia de
cada acto de gobierno.
Cuando
un gobierno desgobierna no puede proyectar la semana siguiente.
Cuando
no hay semana siguiente no hay rumbo.
Cuando
no hay rumbo, la anarquía prevalece y la paz social
queda en manos de la madurez de la gente, lejana en sus valores del accionar
oficial.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Junio 08 de 2008
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