Editorial
 
-Atrapados sin salida
Por Humberto Bonanata

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En una actitud impensada durante estos cinco años de autoritarismo hegemónico, ante la crispación popular de repeticiones diarias de demagogia cuarentista, el kirchnerato debió entregar a la sociedad lo único que mantenía hasta la crisis con el campo –ya generalizada a toda la sociedad

 
 

Al enviar al Congreso de la Nación y abrir el debate de las retenciones y de la política agropecuaria en general hizo lo que nunca imaginó hacer: jerarquizar la democracia.

Una semana plagada de cadenas nacionales y de visitas no deseadas en los hogares de los televidentes argentinos logró el efecto no deseado ni por Néstor ni por su delegada matrimonial en ejercicio formal de la Presidencia de la Nación: la imagen de la Reina continuó en franco descenso alcanzando en sólo 180 días de “gobierno” un índice de popularidad del 20%, menos de la mitad del 45% que el 28 de octubre le prestó su voto de confianza en las urnas.

La saturación emocional de la gente al verlos al presidente de facto y a su esposa cinco veces durante cinco días sólo fue una cabal demostración de debilidad del régimen decadente que motorizó todo su andamiaje prebendario para confirmar su altisonancia frente al hartazgo social.

Como “concesión graciosa de su Majestad” en una función de “evitismo prefabricado” luego de abrazar al amo del feudo y recibir el “te amo”, el kirchnerato resignó su poder omnímodo al enviar al parlamento el debate que constitucionalmente le corresponde. Mucho tuvieron que ver los amagues de renuncia de Julio “Cleto” Cobos durante el levantamiento cívico del fin de semana pasado. Aunque traidor a su causa partidaria, como todos los radicales “cash”, sabe que nunca será reconocido como un kirchnerista de pura cepa de buen vino mendocino.

Así las cosas el kirchnerato debió “suicidarse en defensa propia” y comenzar a contar los porotos para el tratamiento legislativo que desde mañana recaerá en la que fuera la “Escribanía Mayor de Gobierno”, anulado durante un lustro en su jerarquía de poder constitucional.

“Se enjaularon solos” decía un senador radical al firmar el proyecto conjunto de la oposición. Aunque la oposición pide que se suspendan los alcances de la Resolución 125 y se debata sobre la política agropecuaria en general, saben que el kirchnerismo bajará las líneas necesarias para vulnerar la independencia de sus legisladores y evitar volver al 10 de marzo vencido social, económica y políticamente.

Aquí radica el primer autoencierro. La ciudadanía toda tendrá su vista en el Congreso de la Nación y si la dedocracia triunfa sobre la democracia parlamentaria nadie en la Argentina de hoy puede afirmar en qué grado repercutirá negativamente sobre el gobierno.

Quedará negro sobre blanco su política gatopardista que nunca se caracterizó por el diálogo ni por la búsqueda de consensos. Aunque la gravedad de la situación social es de tal magnitud que ya barajan proyectos alternativos a ser presentados por diferentes legisladores de propia tropa para atomizar el debate profundo y lograr una norma que siga expoliando al campo.

Debemos estar muy atentos a aquellos parlamentarios justicialistas que rechacen el proyecto del ejecutivo pero presenten proyectos dilusivos para posibilitar que el gobierno no aparezca como derrotado y fundamentalmente dividir a la oposición como trataron de hacerlo durante cien días con las cuatro entidades del campo.

Aquí reside la verdadera trampa. Y la responsabilidad ya no será del oficialismo sino de la oposición en su conjunto que –como nunca en cinco años- tendrá la oportunidad de congraciarse con una sociedad de la que se mantuvo apartada con las consecuencias políticas por todos conocidas.

Si la oposición no se abroquela frente a un gobierno en franca decadencia y no impone los valores de la democracia parlamentaria frente al escenario borroso que pretende el gobierno, la paz social entre los argentinos estará amenazada por la dirigencia política en su conjunto: el despotismo del gobierno y el vacío de la alternancia opositora.

La “Carpa de la Dignidad” que instale el campo en la Plaza de los dos Congresos deberá ser acompañada por todo argentino de bien que se precie de tal, que sepa defender la democracia como forma de vida y la paz social sobre las miserias humanas de nuestros gobernantes.

Aunque “ellos” instalen carpas calefaccionadas y con toda la “ferretería piquetera” para alzarse en armas, al decir de DÈlía, nosotros estaremos junto al campo, con sacerdotes, rabinos, pastores y con la mejor arma que tenemos: la Constitución Nacional.

Como dijera Juárez Celman luego de la “Revolución del Parque” del 26 de julio de 1890: “La revolución está vencida pero el gobierno está muerto”. Luego renunció y asumió su vice, Carlos Pellegrini.

Aquí no hay revolución ni golpe que se le parezca, aunque el gobierno esté muerto.

Buenos Aires, Junio 22 de 2008

 
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