Sin
vida no hay existencia posible, sin libertad el ser humano pierde frente
al poder su discernimiento, intención y voluntad. Sin educación
el hombre tampoco es plenamente libre porque será sojuzgado por
aquellos con poder de cooptación y lo conducirán por su
ignorancia a una semiesclavitud. Sin educación el ser humano no
discierne sobre los valores de la salud y se transforma en un ente autodestructivo
al no lograr desarrollar en plenitud sus dotes naturales por su debilidad
e insalubridad.
Sin libertad, educación
y salud difícil será la inserción social porque ese
ser es inducido irracionalmente a la marginalidad.
Cuando una sociedad durante décadas
abandona los valores de la convivencia civilizada y delega –tácita
o expresamente- su voluntad comienza a deshacerse aquel contrato esbozado
por Jean Jacques Rousseau y a florecer el individualismo selvático
de Hobbes que transforma al hombre como al lobo del hombre. Ya no existen
semejantes sino contrincantes por un espacio que debe ser compartido en
miras al bien común.
La sociedad se disgrega, percibe
la desprotección de la anarquía que ocupa el poder y de
regreso al estado de la naturaleza se defiende con estertores espasmódicos
cual enfermo terminal genera segundos antes de su muerte.
Esta
es la Argentina que a diario padecemos hoy. Secuestros, torturas, violaciones
y crímenes forman parte de nuestro diario acontecer y cada día
mas el ataque de pánico domina al decadente cuerpo social.
En
la semana fue Rolo, joven ejemplar de una típica familia de clase
media, donde el trabajo y el estudio fueron los pilares de la educación
de los hijos. En Recoleta once mujeres fueron salvajemente atacadas, ultrajadas
y violadas en edificios de departamentos. Anteayer, el joven ingeniero
“marcado” en la salidera de un banco del que retiró
una suma de dinero para pagar a sus obreros: fue fusilado a traición
por la espalda luego de ser obligado a entregar el dinero y huir de su
vehículo. Ayer, en Del Viso, un joven profesor de gimnasia al abrir
la puerta de su casa recibió delante de su esposa un balazo en
el pecho que acabó con su vida. Y en Lanús, también
ayer, una toma de rehenes en una humilde veterinaria.
¿Cuándo
nos tocará a nosotros, a nuestros hijos o a nuestros padres?
Esa vida que Cossio tanto valoraba
y que la profunda decadencia del régimen kirchnerista ha logrado,
como parte de un profundo proceso revolucionario de destrucción
de los valores de la convivencia civilizada y relativismo moral, relativizar
como un hecho fortuito que lleva a los umbrales de la crispación
social.
Porque
el maniqueísmo y la perversión psicótica de Kirchner
eliminó en sus desvalores las zonas grises que el derecho aporta
a una sociedad para evitar el “todos contra todos en
defensa propia”. Enfermizo conductor de un régimen
que quedará en la historia como aquel que destruyó los vínculos
inmanentes de la convivencia social.
El poder para él no tiene
límites; es él frente a frente a todos sus enemigos que
piensan distinto, incluida su mediocre esposa delegada presidencial. El
dinero y la corrupción empleados para comprar voluntades rozan
los límites de la institucionalidad.
Han logrado el principio de cualquier
teoría revolucionaria: destruir las bases de una sociedad sin valores
ni rumbos para avanzar en su proceso hegemónico hacia la conformación
de su stalinismo.
Hace dos semanas hablamos de una
sociedad inerte sin respuestas porque aún no logra tocar fondo.
Pero la crispación social se regenera día a día y
la reacción aparece como anticuerpo frente a su propia disolución.
Es el conjunto de hechos aislados
que espantan al ciudadano común lo que produce ante un hecho impensado
pero detonante la defensa del orden natural sobre los poderes constituidos.
Lo vivimos el martes 25 de marzo
cuando la gente salió a las calles sin que nadie los motorice a
defender en su gran mayoría derechos ajenos como los de los productores
agropecuarios, haciendo suya una justa causa que nadie imaginaba que estallaría
en las narices del régimen.
Cuanto
más despotismo y ausencia del Estado en la protección de
la vida de la gente, mayor virulencia tendrá el paso del miedo
hacia la protesta social incontenible e inmanejable. Aquí
nadie responde a caudillejos golpistas como el 20 de diciembre de 2001;
el estado de pánico genera en el individuo reacciones diversas
y atomizadas, aunque con un mismo fin: la masificación en defensa
propia y el estallido social.
Y
a ese camino nos conduce el despotismo gobernante hace cinco años
y medio.
Nadie
puede prever cómo concluirá esta violencia social contenida
que estallará desde el miedo personal hasta el enfrentamiento
general.
Si a este cuadro agregamos los
oscuros vaticinios económicos para 2009; creciente desocupación;
caída del salario real; despidos encubiertos; reducción
en las horas fábrica; estancamiento e inflación cada vez
más difícil de reprimir y desborde de las masas sobre los
jerarcas sindicales, la crispación social desde comienzos de año
puede culminar con violencia incontenible antes de culminar el primer
semestre de año.
Al
individuo indefenso, ultrajado, violado, robado, torturado, asesinado
a sangre fría y abandonado en sus derechos por una justicia inexistente
y un poder tan opresor como decadente, resulta difícil exigirle
sentido común cuando sólo se integra al conjunto como una
poderosa molécula social.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Diciembre
07 de 2008
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