Editorial
 
-El deber cívico de la oposición
Por Humberto Bonanata

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La semana que culmina marcará en los tiempos de la historia la sinrazón final antes de la caída del régimen.

La sesión de fórceps en Diputados para tratar de adelantar el Apocalipsis y un día después la ausencia del bloque oficialista para debatir en su ámbito –el Parlamento- la legislación integral en materia de política agroindustrial tuvo dos respuestas.

 
Ese mismo día, la secretaria del presidente de facto anunciaba en la unidad básica de Olivos que las retenciones agropecuarias serían giradas a los intendentes y que los verdaderos productores de la riqueza volverían a ser estafados por el cinismo gubernamental.

Un humilde chacarero de Roque Sáenz Peña (Chaco) ayer decía con su transparencia cuasi angelical: “La Presidente confirmó lo que todos ya sabíamos; con nuestra plata harán campaña los candidatos kirchneristas; quieren pagar la campaña con nuestros puestos de trabajo”.

Ipso facto del anuncio de la “Reina de Tolosa” el campo comenzó a movilizarse no sólo a través de la organicidad de su Mesa de Enlace sino fundamentalmente con la aparición a la vera de las rutas de aquellos que vieron morir sus vacas de sed y arenar sus campos por la seca.

La respuesta fue tan natural como previsible a los ojos de cualquier ciudadano no aquejado por síndromes psicópatas. Afloraron los cortes de ruta que a la noche del sábado alcanzaban a noventa en todo el país.

El campo volvió a ponerse de pié. Y otra vez con su nobleza movilizó a la oposición en su conjunto para marcarles el rumbo del pronto porvenir en la Argentina.

Alfredo De Ángeli se manifestaba preocupado en el anochecer del primer sábado de otoño ante la retirada de la Gendarmería Nacional ordenada por el “todólogo” Aníbal Fernández. “Esto me hace acordar a las tristes épocas que creíamos superadas cuando “liberaban las zonas antes de los operativos”, agregó el líder entrerriano.

Y otra vez el campo les enseña a los políticos profesionales: “Acá hay que juntarse en el Congreso y nó rejuntarse en las listas”. “Que no nos preocupe la tapa de los diarios del 29 de junio o del 26 de octubre ante un eventual triunfo del pretenso tirano por pocos puntos”. “Acá la democracia se consolida con el dominio parlamentario en ambas cámaras desde el 10 de diciembre” decía a quien lo quisiera escuchar el futuro candidato por la “Unión Cívica”, Ricardo Hipólito López Murphy.

Y tiene razón. La desesperación de estos tiempos por evitar el “efecto Pérsico” por el que la asociación ilícita (Carrió "dixit”) se empuje como en un subte japonés para subir al avión que les permita huir de la Argentina y de los argentinos –especialmente quienes confiaron en ellos- tiene los tiempos contados.

Nadie puede aseverar con fundamento lógico que la crispación social unida a la lucha del campo, los haga durar hasta el 28 de junio.

Los tiempos políticos de la autorretirada sólo son fomentados por el resentimiento matrimonial por poco tiempo a cargo de la “corona nupcial”.

Entonces… ¿cuál es el deber de una oposición responsable frente a una banda en fuga”?. ¿Unirse parlamentariamente después de los comicios para apoyar un gobierno de “salvación nacional” a cargo de Cobos o rejuntarse como estiércol para quitarle unos puntitos al militante inmobiliario multimillonario?

Si la oposición entiende con grandeza la importancia de su hora, sabrá respetar la ideología de sus votantes y no mostrar una desesperación inexistente ante un régimen con los días contados.

No importa que Francisco de Narváez encabece la lista del neoperonismo –tras el apartamiento de Felipe Solá y la inserción de su actual mujer en el tercer lugar de la lista- o que López Murphy acompañe como segundo candidato de la “Unión Cívica” a Margarita Stolbizer en lugar de aceptar la primera candidatura por la ciudad de Buenos Aires.

Lo más importante es la composición parlamentaria a partir del 10 de diciembre de 2009, o antes si el autogolpe kirchnerista lo requiere.

Nuestra lucha cívica ciudadana consiste en ganar 10 horas de nuestras vidas el día del acto eleccionario para que no falten boletas opositoras y los fiscales oficiales vuelvan a decir “Usted ya votó, o vote lo que hay” como lo hicieron en 2007.

La fiscalización de los comicios implica la transparencia del sufragio ciudadano. Y allí deberemos estar todos quienes pregonamos la vida republicana sobre al neorrosismo, con perdón del dictador muerto en Inglaterra.

Quer cada uno vote por sus ideas, que no tenga que optar por un conglomerado antikirchnerista que conllevará a que el “pretenso dictador” nos acuse de formar parte de la Unión Democrática II o de la Nueva Alianza.

La República, hoy más que nunca, reside en el Congreso de la Nación y en nuestros representantes.

Si quiere ser parte del post-kirchnerismo, súmese como fiscal al partido de su preferencia y defienda sus ideas.

Es muy poco lo que le pedimos.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Marzo 22 de 2009

 
 
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