Editorial
 
-Nos dejó en el peor momento
Por Humberto Bonanata

www.notiar.com.ar


La muerte física de Raúl Alfonsín ha producido en la sociedad argentina un hecho conmocionante y aglutinador hacia una sociedad que ha demostrado que los sucesos, ya históricos, movilizan la necesidad libertaria de la mayoría que sólo enarbola como bandera política la de aquellos próceres que en su momento no fueron comprendidos y hasta debieron buscar el exilio para su final.

 
Siempre nos hemos caracterizado por nuestra inmadurez y a lo largo de este cuarto de siglo la gente supo enaltecer y denostar a una misma figura que luego negaba haberla votado. Y la imagen de Alfonsín se engrandece más que por sus virtudes y defectos en el ejercicio del poder, por la triste comparación ante la degradación institucional que hoy padecemos por nuestra propia culpa.

Porque no somos un pueblo valiente. Como latinos reaccionamos más por instintos que por racionalidad republicana. Sólo nos conmovemos en defensa propia y no por el bienestar general, por afianzar la justicia ni garantizar la paz interior.

Aún no asumimos el preámbulo como rezo laico y hasta que las figuras de la generación del 80, Alberdi y los demócratas no entierren la nefasta irrupción de Uriburu en el golpe de 1930 no habremos comprendido la lección.

Sólo una genuina lucha sectorial como la del campo frente a la soberbia gobernante nos unió a propios y extraños. Y ese plexo histórico que causó la herida de muerte del régimen en retirada volvió a despertarnos del cobarde letargo.

Nadie, por mas alfonsinista que se precie, imaginaba que un conglomerado voluntario y heterogéneo saldría a la calle o consumiría cientos de horas de televisión para despedir a un demócrata a quien quizás no votaron, sea por diferencias ideológicas o porque simplemente no habían nacido a la vida humana y cívica aquel 30 de octubre de 1983.

La amplitud generacional que salió a las calles y la respetuosa presencia de la juventud descreída de la actual dirigencia política son parte del mensaje que ha dejado el presidente muerto.

La falta de micros con gente paga, trasladada como reses con el choripán y la gaseosa para un acto oficial es otro de los contrastes que nos deja esta historia, aún fresca en nuestra mente.

La gente salió a las calles no sólo a recordar el pasado sino fundamentalmente a pedir futuro.

La sincera emoción, el beso en la frente del cadáver y la mirada perdida de Carlos Menem demostraba haber sobrepasado las miserias políticas de hombres que nos trascenderán en la historia. Hoy le toca padecer al único líder carismático viviente la persecución política a través de la “justicia” de quienes Menem hizo llegar al poder cuando él tenía el poder.

Las traiciones si existen en la vida cotidiana, se potencian en la vida política.

Pero Alfonsín, como Perón y Balbín en su momento, nos dejó un legado: defender la unión nacional en una sociedad destruida en sus valores durante los últimos seis años.

Murió el día en que se cumplieron cuatro años del paso a la eternidad de Juan Pablo II. Fue enterrado el día en que se conmemoró el 27mo. aniversario de la gesta de Malvinas. Todo un mensaje para nada casual.

Si la clase política y el pueblo todo no los logra comprender, el 29 de junio será tarde para lágrimas ante la irracionalidad del matrimonio gobernante dispuesto a todo con tal de no terminar en la cárcel.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Abril 05 de 2009

 
 
Ver más noticias II Ir al inicio