A
setenta y un meses de la asunción del kirchnerato el estado
de degradación social no será superado fácilmente
con la derrota del régimen dentro de setenta días.
Quedará
tras la debacle autoritaria del peor ciclo constitucional durante 25 años
de formal democracia una herida difícil de recomponer a partir
del 29 de junio.
Un
pueblo crispado, quebrado y ultrajado en sus derechos que sólo
podrá reponerse del pretenso tirano y su servil consorte con un
gobierno de salvación nacional que nos una bajo
el signo de la ley, la Constitución y la democracia.
Difícil tarea para todas
las fuerzas de oposición será renunciar a sus egoismos y
forjar, a un año del bicentenario, una nueva y gloriosa Nación.
El
kirchnerato se acaba, ellos lo saben mejor que nosotros.
Pero
nosotros sabemos que la crispación y disolución
social que nos dejarán en su huída nos tendrá
en las puertas de un enfrentamiento civil. Y aquí aparece la responsabilidad
ciudadana por sobre la dirigencia política opositora.
Muchos
argentinos aún no comprenden la importancia del sufragio
dentro de siete domingos. No será una elección legislativa
mas, será la vía por la cual el pueblo dirá basta
al resentimiento encarnado por un paranoico que potencia en el odio su
constante accionar.
Nunca
tuvieron otra ideología que la hipocresía.
Nunca
defendieron los derechos humanos en el momento que debían hacerlo,
cuando los asesinos levantados en armas contra la Nación morían
en una guerra civil no declarada. Estaban en otra, como dicen los jóvenes.
Eran militantes inmobiliarios y multiplicaban su fortuna personal merced
a la degradante Circular 1050 que empobreció a miles de argentinos
por ejecuciones hipotecarias.
El ex abogado del Banco Regional Patagónico ya tenía su
“propia cartera de clientes” y con la cobardía que
siempre lo caracterizó huía junto a su mujer procuradora
al sur, al mar y al frío con la cultura sanguínea heredada
de su abuelo: la usura.
Estos
son los Kirchner, y hay que animarse a decirlo sin miramientos porque
por sus actos de corrupción y degradación política
la Argentina enfrentará en pocos días
su renacer o su muerte.
Y
porque creemos en la libertad y en su ejercicio responsable, estas líneas
no son para engendrar el pánico sino para despertar el compromiso
cívico.
En
cinco años y siete meses desde que nuestro pregón libertario
defiende los conceptos de la libertad y la democracia como forma de vida,
nunca sentí en lo profundo de mi ser la necesidad de enviarles
un mensaje de tan necesaria convocatoria ciudadana.
Será
quizás porque nunca imaginamos la violencia que llevará
el final del régimen.
Han
logrado el comienzo de la fase destructiva de una revolución: quebrar
las reglas básicas y los cimientos de la convivencia civilizada.
No lograrán por nuestro compromiso participativo instaurar el soñado
“stalinismo a la criolla” que tanto
sueña esa mente enferma.
No hay tropas rusas que rodeen
al bunker de Olivos. Hay millones de ciudadanos dispersos que sólo
quieren regresar a sus casas sanos y salvos después de ganar su
salario diario, cada vez más empobrecido.
Hay
en la Argentina miles de compatriotas abandonados en su
salud y en la medicina preventiva evitando ser víctimas de la
“ruleta rusa” del dengue, enfermedad típica
de la pobreza y desprotección social erradicada en 1950.
Hay
en la Argentina una decadencia cultural y educativa premeditada
para que la prebenda venza al legado de Sarmiento. A los regímenes
autoritarios sólo se los derrota con educación cívica
y de ello rendiremos examen el 28 de junio.
Hay
en la Argentina un relativismo social en el que un impúber
de catorce años, que comprendía la criminalidad de sus actos,
quita la vida de un noble trabajador y padre de familia.
Hay
en la Argentina una crispación social del “todos
contra todos” como germen latente del enfrentamiento
anárquico.
Hay en la Argentina la necesidad de enterrar
el despotismo de seis años con nuestra única arma disponible:
la Constitución Nacional y el sufragio universal.
Hoy
en la Argentina, las "sensaciones" superan a las
realidades como la pandemia del dengue o la diaria inseguridad personal.
Hoy
en la Argentina un pretenso diktador llama por celular a
su empleado Miguel Pichetto (Presidente del Bloque de Senadores Nacionales
oficialistas) y lo hace desdecir de la declaración de emergencia
nacional por el virus del dengue.
Hoy
en la Argentina el Secretario general de la C.G.T., jefe
supremo del gremio de camioneros, y su prole asalariada no se
animan a concurrir a una marcha de camioneros en el Obelisco
en repudio del asesinato de un "compañero" por temor
a ser linchados por el pueblo.
Hoy
en la Argentina, Santiago Montoya es obligado a renunciar
por el pretenso tirano en decadencia por haberse negado a formar parte
del fraude preelectoral de integrar "listas emblemáticas"
de cargos que nunca ejercerán.
Aún
estamos a tiempo si nos sentimos parte de este difícil proceso
que todos deberemos transitar por culpa de la "asociación
ilícita" gobernante.
Sepa
nuestra dirigencia acompañarnos en la conducción.
Sepa
el pueblo afrontar con valor y estoicismo el comienzo del segundo semestre
de 2009 en el que comenzaremos a escribir una nueva historia jamás
imaginada.
Renacerá a la faz de la
tierra una nueva y gloriosa Nación.
Que así sea, para nosotros
y para nuestros descendientes que nada de culpa deben cargar sobre nuestras
miserias y cobardías.
Por
culpa nuestra vinieron los Kirchner…es deber nuestro producir el
cambio en forma pacífica, instrumento que ellos resistirán
a usar.
La
República nos precede y la República nos sucederá.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Abril 19 de 2009 |