Nacía
en el ahijado del golpista Duhalde una sociedad que comenzaba a agigantar
sus divisiones: “nosotros o ellos”
fue la consigna de este largo tiempo de historia perdida que nos dejó
fuera del mundo civilizado, incluidos en ello a todos nuestros vecinos
geográficos que aprovecharon el ciclo histórico del crecimiento
para insertarse definitivamente en la democracia liberal sojuzgada por
Kirchner.
Junto
con sus adláteres del comienzo de la “era perdida”
podemos recordar a Elisa Carrió, Felipe Solá; Aníbal
Ibarra; Fernando Solanas y Miguel Bonasso, entre algunos de tantos hoy
arrepentidos en la puerta de la tumba política del patagónico
que hoy se abre como cierre del ciclo histórico más déspota
en un cuarto de siglo de formal democracia.
Claro está que el hombre
por naturaleza es mutante y debe ser bien recibido todo arrepentimiento.
No sólo por nuestra tradición judeo-cristiana sino como
síntoma de urbanidad de una sociedad que pretenda progresar sin
eufemismos y con criterios de grandeza.
Hoy
será un día de grandes paradojas.
Se
dirimirá la cuarta interna abierta del justicialismo en “la
madre de todas las batallas”: la Provincia de Buenos
Aires. Allí pelearán voto a voto –esperemos que no
sea también tiro a tiro- para saber, al decir de Serrat “a
ver es el quién la tiene mas grande”. Enfrentamiento
típicamente mafioso al que nunca deberemos terminar de acostumbrarnos.
Tanto
Kirchner como De Narváez pueden ganar esa guerra por el poder interno
del justicialismo. Aunque aquí aparece el primer gran derrotado
del día: Néstor Kirchner aunque gane por varios
puntos habrá perdido a las 18.01 hrs. el poder omnímodo
del “levantamanos parlamentario”.
Deberá
acostumbrarse a convivir desde el lunes con sus adversarios, internos
y externos. Deberá tener la valentía en ser el hacedor de
su propia decadencia. Deberá tener la amplitud de conciencia en
reconocer que su ciclo ha terminado y evitar cualquier artilugio maléfico
–típicos en él- que siembren el enfrentamiento entre
argentinos.
Sinceramente no lo creemos capaz de nada de lo que escribimos
en el párrafo precedente. Simplemente porque Kirchner no es un
demócrata y no admite la natural división de poderes de
la carta alberdiana de 1853/60.
Claramente, como dice Enrique Avogadro, porque el peronismo
conoce más que nadie el “olfato a sangre” y sabe actuar
como carancho frente al animal moribundo, al que ayuda a morir.
Y eso serán los Kirchner
desde hoy a la tarde. Una larga y triste página de nuestra historia
que no deja amigos sino socios cómplices de los delitos que deberán
justificar en los tribunales federales de todo el país.
Deja
a Lázaro Báez, a Cristóbal López y a Eduardo
Eskenazi como prohombres del capitalismo de amigos.
Deja
a una sociedad crispada y en la pobreza.
Deja
a la agroindustria quebrada como síntoma de venganza
en su derrotista lucha del año pasado. “Ganaron ellos pero
igual los destruyo” parece ser su apotegma de venganza sectorial.
Deja
un saber amargo en la juventud que no sabe qué se vota y –lo
peor- no quiere ni le interesa votar. Logró sembrar el desprestigio
del menos malo de los sistemas de gobierno entre ciudadanos que pretendan
ejercer sus derechos.
Deja
un Poder Judicial destruido en la confianza social con jueces
abyectos, dignos de juicio político imparcial.
Pero
hoy será un pueblo quien le dirá basta. Y contra
el pueblo no encontrará sinrazones de venganza porque sabe de su
inferioridad de condiciones.
Todo
pueblo aprende sólo de su historia.
Hoy viviremos la elección
parlamentaria más trascendente y más degradante de estos
26 años. Kirchner lo hizo aunque no le alcanza para mantener el
poder. Y sabe que muchos amigos hasta hoy serán sus victimarios
desde mañana.
Pero la historia del kirchnerato
también nos deja enseñanzas positivas. Como nunca creer
que el exceso de poder es más eficiente que el consenso republicano.
Que los personalismos solucionan los problemas que los debates cívicos
tardan en solucionar.
Que sólo a través
del diálogo se afianza la convivencia y a través de ella
el desarrollo y el crecimiento social.
También
nos deja de aprendizaje que en política “lugar
que uno no ocupa, lo ocupa otro” y que la participación
es un deber republicano para evitar que continúen repitiéndose
despotismos como el que hoy, entre todos los argentinos, ayudaremos a
enterrar.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Junio 28 de 2009 |