Editorial
 
-Plutocracia en retirada
Por Humberto Bonanata

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Cuando Néstor Kirchner tomó el bastón de mando delegado de su padrino Eduardo Duhalde el 25 de mayo de 2003 muchos argentinos depositaron su confianza en un hombre que, como primera medida, hizo del autoritarismo y el despotismo la bandera a utilización bajo la excusa de recomponer la imagen presidencial.

 
Con el correr de los años, habida cuenta de utilizar su construcción de poder por el poder mismo, los resultados comenzaron primero a visualizarse y luego a comprobarse en el 70% de los argentinos como lo reflejaron las últimas elecciones del 28 de junio.

Las mentiras del kirchnerato duraron mas de la cuenta bajo una responsabilidad compartida entre quienes abusaron del poder y los opositores –divididos por mezquindades- que no supieron, no pudieron o no quisieron ponerle coto a la peor administración de la res pública en casi 26 años de democracia, por ahora ficta.

Hicieron del neogeldbarismo su postulado económico; de la mentira y el constante engaño su base de sustentación y de la sobreactuación ladina y facciosa en materias como los Derechos Humanos el pilar de su arrogancia.

Cerraron nuestras fronteras económicas de espaldas a un mundo que creció en un quinquenio a tasas geométricas. Afianzaron la pesificación asimétrica del golpista autopresidente que los bautizó y desvirtuaron todos los cánones económicos con miras a congelar ciertas variables inmanentes de esa ciencia que distorsionaron los precios relativos y las inversiones en materia energética.

Fueron muy pocos políticos y economistas que desde el inicio hicieron oir sus verdades a los pocos argentinos que por entonces los querían escuchar sobre el peligro del atraso tarifario y la dilapidación de los ingresos públicos a través de subsidios directos y cruzados. Valga este reconocimiento a Ricardo Hipólito López Murphy –creador del término pesificación asimétrica de Duhalde- como uno de aquellos que encendieron las luces de alarma cuando en la Argentina todo parecía color de rosa.

Esa mentira de patas largas que enarboló el régimen ya no tiene sustento. Lo anticipamos en varias editoriales con antelación al último comicio que la saturación social ante el engaño comenzaría en agosto y septiembre cuando al soberano le comenzaran a llegar sus facturas de luz y gas.

Hasta Su Santidad, Benedicto Xvi, dedicó palabras a la "escandalosa pobreza" de lo que hace 100 años fuera el "granero del mundo".

Quién sino el "todólogo" Aníbal Fernández se le animó al Papa para defender al "gobierno montonero, nacional y popular".

Sabemos, como defecto de país adolescente que aún no llega a ser Nación, que los argentinos en su gran mayoría sólo se conmueven cuando les tocan el bolsillo. Y la máscara de mentira cayó de bruces frente a quienes –en su gran mayoría- los habrán votado en 2003, 2005 y 2007.

El desgobierno “se suicidó en defensa propia”.

La gente no sólo ya no les cree sino que se siente traicionada a la hora de la verdad. Y tal es la desesperación del gobierno que por sólo cuatro votos el H. Senado de la Nación no logró los dos tercios el miércoles pasado para derogar el tarifazo gasífero y constituir al cuerpo en comisión para habilitar su tratamiento. Esos míseros cuatro votos que imposibilitaron frenar parlamentariamente el desfase tarifario fueron de dos senadores de San Luís y de dos senadores de Chubut, por expresa orden de sus referentes provinciales Mario das Neves y Adolfo Rodríguez Sáa.

¿Ambos caciques provinciales no eran acérrimos opositores del kirchnerato? Sin dudas que no ya que no podrán justificar ante nadie su flaqueza moral en defensa de la racionalidad.

Otra vez se produjo el “efecto bolsa de gatos”. No se estaban matando sino reproduciendo como decía el General Perón. “No son ni buenos ni malos, son incorregibles” nos legó para los tiempos el maestro Jorge Luís Borges.

Pero la luz de los tiempos políticos ha comenzado a renacer desde el 28 de junio.

Y la gente, que tiene las cacerolas sobre la mesada de la cocina, se apresta a volver a usarlas en defensa propia.

Parece que se niegan neuróticamente a reconocer la derrota. Ya no tienen el poder absoluto y deben pedirlo desesperadamente prestado hasta el 10 de diciembre, fecha que se conformarán las nuevas mayorías en el Congreso Nacional.

Ese día también habrá de comenzar la cuenta regresiva final de los seis años oscuros de la tercera tiranía.

Ese día recuperaremos entre todos la democracia plena y la República perdida.

Restan cuatro meses difíciles en los que no cejarán en sus bajos instintos quienes cuando en 2011 abandonen definitivamente el poder podrán ser juzgados por tribunales independientes por supuestos concursos reales de delitos en que habría incurrido el matrimonio presidencial y su banda en fuga.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Agosto 09 de 2009

 
 
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