Con
el correr de los años, habida cuenta de utilizar su construcción
de poder por el poder mismo, los resultados comenzaron primero a visualizarse
y luego a comprobarse en el 70% de los argentinos como lo reflejaron las
últimas elecciones del 28 de junio.
Las
mentiras del kirchnerato duraron mas de la cuenta bajo una responsabilidad
compartida entre quienes abusaron del poder y los opositores –divididos
por mezquindades- que no supieron, no pudieron o no quisieron ponerle
coto a la peor administración de la res pública en casi
26 años de democracia, por ahora ficta.
Hicieron
del neogeldbarismo su postulado económico; de la mentira y el constante
engaño su base de sustentación y de la sobreactuación
ladina y facciosa en materias como los Derechos Humanos el pilar de su
arrogancia.
Cerraron
nuestras fronteras económicas de espaldas a un mundo que creció
en un quinquenio a tasas geométricas. Afianzaron la pesificación
asimétrica del golpista autopresidente que los bautizó y
desvirtuaron todos los cánones económicos con miras a congelar
ciertas variables inmanentes de esa ciencia que distorsionaron los precios
relativos y las inversiones en materia energética.
Fueron
muy pocos políticos y economistas que desde el inicio hicieron
oir sus verdades a los pocos argentinos que por entonces los querían
escuchar sobre el peligro del atraso tarifario y la dilapidación
de los ingresos públicos a través de subsidios directos
y cruzados. Valga este reconocimiento a Ricardo Hipólito
López Murphy –creador del término pesificación
asimétrica de Duhalde- como uno de aquellos que encendieron
las luces de alarma cuando en la Argentina todo parecía color de
rosa.
Esa
mentira de patas largas que enarboló el régimen ya no tiene
sustento. Lo anticipamos en varias editoriales con antelación al
último comicio que la saturación social ante el engaño
comenzaría en agosto y septiembre cuando al soberano le comenzaran
a llegar sus facturas de luz y gas.
Hasta
Su Santidad, Benedicto Xvi, dedicó palabras a la "escandalosa
pobreza" de lo que hace 100 años fuera el "granero del
mundo".
Quién
sino el "todólogo" Aníbal Fernández se
le animó al Papa para defender al "gobierno montonero, nacional
y popular".
Sabemos,
como defecto de país adolescente que aún no llega a ser
Nación, que los argentinos en su gran mayoría sólo
se conmueven cuando les tocan el bolsillo. Y la máscara de mentira
cayó de bruces frente a quienes –en su gran mayoría-
los habrán votado en 2003, 2005 y 2007.
El
desgobierno “se suicidó en defensa propia”.
La
gente no sólo ya no les cree sino que se siente traicionada a la
hora de la verdad. Y tal es la desesperación del gobierno
que por sólo cuatro votos el H. Senado de la Nación no logró
los dos tercios el miércoles pasado para derogar el tarifazo gasífero
y constituir al cuerpo en comisión para habilitar su tratamiento.
Esos míseros cuatro votos que imposibilitaron frenar parlamentariamente
el desfase tarifario fueron de dos senadores de San Luís y de dos
senadores de Chubut, por expresa orden de sus referentes provinciales
Mario das Neves y Adolfo Rodríguez Sáa.
¿Ambos
caciques provinciales no eran acérrimos opositores del kirchnerato?
Sin dudas que no ya que no podrán justificar ante
nadie su flaqueza moral en defensa de la racionalidad.
Otra
vez se produjo el “efecto bolsa de gatos”.
No se estaban matando sino reproduciendo como decía el General
Perón. “No son ni buenos ni malos, son incorregibles”
nos legó para los tiempos el maestro Jorge Luís
Borges.
Pero
la luz de los tiempos políticos ha comenzado a renacer desde el
28 de junio.
Y
la gente, que tiene las cacerolas sobre la mesada de la cocina,
se apresta a volver a usarlas en defensa propia.
Parece
que se niegan neuróticamente a reconocer la derrota. Ya no tienen
el poder absoluto y deben pedirlo desesperadamente prestado hasta el 10
de diciembre, fecha que se conformarán las nuevas mayorías
en el Congreso Nacional.
Ese
día también habrá de comenzar la cuenta regresiva
final de los seis años oscuros de la tercera tiranía.
Ese
día recuperaremos entre todos la democracia plena y la República
perdida.
Restan
cuatro meses difíciles en los que no cejarán en sus bajos
instintos quienes cuando en 2011 abandonen definitivamente el poder podrán
ser juzgados por tribunales independientes por supuestos concursos reales
de delitos en que habría incurrido el matrimonio presidencial y
su banda en fuga.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Agosto 09 de 2009
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