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Quienes
seguimos el tratamiento en Comisión, como al día siguiente
en el recinto, sentimos vergüenza ajena. Hasta votaron en la ley
tres artículos cambiados del despacho de Comisión, según
denunciaran Silvana Giúdici y Patricia Bullrich. No en este caso
por los partidos de oposición (UCR, PRO, CC y peronismo
disidente) que comenzaron a demostrar que aunque no los una el
amor los une el espanto, dieron el debate y marcaron su ausencia a la
hora de la votación en general del dislate para fortificar jurídicamente
las 30 cuestiones de privilegio planteadas al comienzo de la ilegal sesión.
Fue
el primer síntoma de madurez del 70% de los representantes de quienes
el 28 de junio le dijimos basta a la patota, a la imposición sin
diálogo, a la mentira, al delito continuado, y a toda formas de
despotismo no ilustrado que vienen demostrando los Kirchner desde el 25
de mayo de 2003. Por primera vez, la oposición asumió
la victoria.
Pero la ilegitimidad no sólo
se demostró en el tratamiento en Comisiones sino al día
siguiente en el recinto durante la sesión especial. Fue una sesión
en minoría, sin validez institucional, ya que comenzó una
hora y media después de su horario de convocatoria. Asimismo, la
burda maniobra se consumó al modificar más de 200 artículos
que no pudieron ser leídos ni por la oposición ni por los
propios firmantes del proyecto.
El
tratamiento de esta ley constituye una flagrante inconstitucionalidad
que, ante el conflicto de poderes, deberá ser dirimida por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación. Sin perjuicio de las medidas
de no innovar que presentarán los licenciatarios de señales
de radio, televisión y cable en defensa de sus legítimos
derechos prorrogados por el propio Kirchner por el término de diez
años en 2007.
Pero
lo que nos deja esta escoria humana en materia de procedimientos parlamentarios
va mucho más allá que la gravísima violación
a los reglamentos de la cámara baja.
Representa
una escala de disvalores instaurada en nuestro cuerpo social desde hace
más de seis años. Tratemos de recordar cómo era la
Argentina antes de la asunción del régimen.
¿Se
discutía sobre la legalización del consumo de marihuana
para uso personal?
¿La
pasta base de la cocaína conocida como paco estaba al acceso de
cualquier niño o joven que quisiera evadirse de la realidad, delinquir
y producir un daño irreparable en sus neuronas?
¿La gente salía a la calle con el mismo temor que lo hace
ahora?
¿Los
índices de indigencia y pobreza aumentaban geométricamente
a pesar del inusual “viento de cola” que vivió la economía
mundial hasta 2006?
¿Se instalaba en la conciencia colectiva que el aborto en lugar
de ser un crimen era una facultad de interrumpir un embarazo?
¿Las
Obras Sociales, auspiciadas por el pacto Vandor-Onganía entregaban
a sus afiliados con enfermedades terminales medicamentos vencidos, robados
o truchos?
Y podríamos seguir preguntándonos
y comparando la disgregación social por la que los Kirchner serán
juzgados por la historia,
Cuando
una sociedad pierde sus valores intrínsecos de convivencia sólo
puede esperar enfrentamiento entre hermanos. Como le confesara Monseñor
Jorge Bergoglio a Eduardo Duhalde en una fría mañana de
invierno de 2006.
Lo
que no mata fortalece, dice el sabio refrán. Quienes
aún estamos en pié tenemos el deber de defender el futuro
de nuestros hijos y nietos. No podemos hacernos los distraídos
frente al aluvión destructivo de nuestra democracia liberal. Poco
falta para que completen la máxima de Bertold Brech…poco
faltan para que vengan por nosotros.
Pero
gracias a Dios TODO dependerá de nosotros.
De manifestar libremente nuestras
ideas en las calles como lo hicimos por el campo, sin tener campo. Como
nos enseñó esa gesta gloriosa de unidad de las cuatro entidades
rurales que depusieron sus preconceptos ideológicos en miras del
interés común.
Se
anuncian dos cacerolazos en contra del avasallamiento de la “ley
mordaza”; el primero este lunes 21 de septiembre a las 19.00 hrs.
frente al Congreso Nacional y el segundo el próximo sábado
26 de septiembre a las 20.00 hrs. en las principales esquinas de todo
el país. ¿Seremos capaces de salir a las calles –pacíficamente
como siempre los hicimos- en defensa propia?
Sólo el pueblo movilizado
en las calles logrará frenar el avasallamiento del régimen
que, cuanto más decadente, más oprobioso y autoritario avanzará
sobre cadáveres en desmedro de la democracia plena, cada vez más
lejana.
La
democracia implica votar todos los días con nuestros propios actos.
Depositar
una boleta en una urna cada dos años y creer haber cumplido con
nuestro deber es una verdadera falacia de pusilánimes.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Septiembre
20 de 2009
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