Se
votaba el pedido de Astorgano, se cerraba el debate y se procedía
a votar con el único fin de acallar a la oposición y “aplicar
el número”.
Medio siglo después hemos
presenciado lastimosamente el pasado jueves cómo el presidente
de bloque de senadores kirchneristas, Miguel Ángel Pichetto, al
confirmar la firma del dictamen de mayoría, aunque en disidencia
parcial, del jujeño Guillermo Jenefes, en forma altisonante, soberbia
y antirrepublicana hizo lo mismo que el recordado Astorgano. Pidió
que se cierre el debate de las comisiones sobre la ley de medios “K”
y que se proceda a firmar el dictamen que habilita a sesionar al Senado
de la Nación el próximo viernes 9 de octubre.
Hasta tuvo la bajeza cuasi patoteril
de explicarle en tono de sorna a la senadora de la Coalición Cívica
María Eugenia Estenssoro que la democracia se compone de mayorías
y minorías y que ella poco podría entenderlo por no provenir
de un partido nacional.
Para el día siguiente estaban
citados los titulares de medios de comunicación quienes decidieron,
junto a la totalidad de la oposición, en no concurrir porque la
payasada del debate se había tornado abstracta.
A pesar de las décadas la
metodología sigue igual. El autoritarismo del “número”
se impone sobre el debate como intercambio de ideas en búsqueda
de consenso. Pichetto será recordado por la historia política
argentina como “el nuevo Astorgano”.
Así
las cosas, el oficialismo tendría asegurado el número para
aprobar la ley en general, pero todo se oscurece en el kirchnerato cuando
comienzan a “contar los porotos” para las modificaciones en
particular. Allí la cosa cambia y la victoria a lo pirro puede
transformárseles en un efecto boomerang cuando deban aprobarse
las modificaciones planteadas por varios senadores que la aprobarán
en general, pero desearán imprimir su leal saber y entender en
artículos sencillamente inaceptables.
El "dúo dinámico" compuesto por Ernesto
Sanz y Gerardo Morales (U.C.R.) ya ha comenzado a preparar un
dictamen en minoría del que buscan consensuar con demás
senadores opositores y críticos a la ley venida de diputados.
Proponen que la autoridad de aplicación
esté conformada por tres diputados, tres senadores y un miembro
del Poder Ejecutivo, todos ellos con la aprobación de los dos tercios
de votos de ambas cámaras; la eliminación de las restricciones
para brindar señales de cable; la modificación del régimen
sancionatorio (que abre la puerta a la censura del Ejecutivo); la no estipulación
de plazos –como pretende Kirchner en un año- para que las
empresas se adecuen al nuevo ordenamiento legal y evitar que el P.E.N.
asigne discrecionalmente las licencias en las ciudades con más
de 500.000 habitantes.
Otra
vez el mazo de naipes queda en manos de la oposición en su conjunto.
De aquellos que lograron que el
70% de los argentinos les dijéramos NO a la kirchnerización
de la política.
Deben demostrarnos el próximo
viernes que salen a dar pelea con un dictamen único y que no le
fallaron a quienes hace tres meses confiamos en ellos.
De
ser así, el régimen heredero de Astorgano sufrirá
la peor de sus derrotas, superior al “voto Cleto”
de la Resolución 125 y obligará que las revisiones
votadas en el Senado sean aprobadas en su vuelta a Diputados.
Ahí
sí tendremos una ley superior a la 22.285, que a pesar de ser dictada
durante el proceso militar, sufrió más de 140 modificaciones
en estos casi 26 años de democracia y nos posibilitó disentir
en libertad.
Que
así sea por el bien de la República, hoy secuestrada
por los Kirchner y su banda.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Octubre 04
de 2009
|