La
repetición diaria de hechos que conculcan la libertad de tránsito
garantizada por la Carta Magna, la burla al ciudadano común que
debe padecer enfrentamientos entre grupos gremiales, como en subterráneos,
agregados los “grupos sociales” del kirchnerato frente a los
combativos, mas los “aprietes” a la libertad de circulación
de los distribuidores de los diarios “Clarín” y “La
Nación” conllevan inexorablemente y sin causa que lo justifique,
al enfrentamiento social.
El ciudadano común ya lo
ha demostrado el año pasado con la “guerra gaucha”
al salir a las calles y rutas a defender intereses ajenos y este año
al castigar “el modelo” con un 70% de votos no positivos.
Pero la irracionalidad enfermiza
del “amo del feudo” potenció su violencia mental al
tratar de cambiar su adversa realidad política. Logró su
tan ansiada crispación social y dentro de sus delirios, cuando
la violencia se efectivice, aumentará la represión contra
sectores opositores con maniobras de todo índole. Desde el uso
de la fuerza estatal y paraestatal hasta las más bajas persecuciones
serán moneda constante de su diario accionar.
No le importó destruir la
ínfima credibilidad originaria del “gobierno” de su
mujer con tal de mantener el poder en las sombras. Como todo maniático
no logra comprender que él es su peor enemigo. Siempre va por más
porque sabe que la balanza de la justicia, antes y después que
termine su régimen, caerá sobre sus espaldas con todo el
peso de la ley.
Sabe también que dentro
de un mes el nuevo Congreso Nacional, por más caja de compraventa
que emane desde el poder, no será “borocotizable” ya
que la mira ciudadana en los parlamentarios no soportaría más
actos de denigración moral.
Los
legisladores conocen la responsabilidad que pesa sobre sus espaldas: mantener
la unidad legislativa opositora y consensuar aquellos proyectos que logren
reencauzar los últimos dislates producidos desde la derrota oficialista
el 28 de junio.
Mentiríamos si dijéramos
que el camino de reconstrucción democrática encontrará
un camino de llanura. Kirchner ya logró dañar las instituciones
de grado tal que gran parte del ciudadano común descree en los
valores de la libertad y la democracia como forma de vida.
Formamos
parte de una sociedad dividida culturalmente similar a la de la década
del setenta. Hace casi cuarenta años estaban los violentos que
deseaban imponer a sangre y fuego un régimen totalitario y del
otro estábamos nosotros que ansiábamos la paz por sobre
la dominación subversiva.
La violencia de entonces tenía
ideología; la de ahora sólo tiene resentimiento social y
mantenimiento estatal para potenciar su accionar.
Como hace cuatro décadas,
del otro lado también estamos nosotros –sujetos pasivos del
mal- y apostadores de la seguridad ciudadana frente a la ruleta rusa que
no nos asegura si a la noche regresaremos sanos y salvos a nuestras casas.
Vivimos
en la Argentina del odio, del miedo y del espanto.
“La
organización vence al tiempo”, decía
Juan Perón y depende de nosotros exigirles a nuestros representantes
políticos que en el marco de la institucionalidad se animen a decir
¡BASTA!...antes que sea tarde y otra
vez la sangre de los argentinos hiera de muerte a la República.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Noviembre
08 de 2009
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